¿Éxito o decepción?: el saldo político que deja la gira de Milei por Nueva York
Puntos importantes
En la Casa Rosada y en la Cancillería comienza a instalarse la sensación de que Donald Trump utilizó la cuestión Malvinas como prenda de negociación con Gran Bretaña para que Londres se involucre en la guerra con Irán y financie a la OTAN y una vez que lo logró en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), Washington se desentendió de las Islas Malvinas.
Y asumen que el presidente Javier Milei interpretó que era su "oportunidad" para recuperar terreno perdido en la economía y centralidad política en el frente local, pero que no obtuvo hasta ahora avances diplomáticos concretos y que podría volverse un bumerang.
"En la comitiva contaban que Milei está furioso porque no lo atendió nadie importante en Estados Unidos y la reunión con Marco Rubio, secretario de Estado, fue de parados en el hotel del canciller norteamericano", señaló a iProfesional una alta fuente diplomática al tanto de las tratativas.
El encuentro de Trump con el primer ministro británico Andy Burnham fue la primera mala noticia de Milei y habría servido para recomponer una agenda entre viejos aliados. Los Estados Unidos y Gran Bretaña son históricos socios.
"En sectores de la diplomacia argentina temen que la apuesta, concebida como un movimiento de alto impacto político, termine convirtiéndose en un bumerang para el Gobierno", señalaron fuentes allegadas de la Casa Rosada.
La delegación argentina llegó a Nueva York con objetivo claro: que Malvinas volviera a ocupar un lugar relevante en la relación entre la Argentina, Estados Unidos y el Reino Unido. Tras la cadena nacional de Milei hace dos semanas donde anunció sanciones para las empresas petroleras Navitas (Israel) y Rockhopper (Gran Bretaña) y la construcción de una Base Naval Integrada en Ushuaia, la Casa Rosada había elevado la cuestión hasta convertirla en el principal eje de la política exterior presidencial. Milei aseguró que la negociación secreta con Washington llevaba más de tres años como para darle entidad de alta política.
El ex representante ante la ONU durante la gestión en la primera canciller de Milei, Diana Mondino, el embajador Ricardo Lagorio, desmintió esas supuestas conversaciones con Estados Unidos sobre Malvinas. "No existieron ni en el plano bilateral ni en la ONU", dijo a iProfesional.
Milei no consiguió la foto con Trump en su viaje a Nueva York
Milei lo convirtió en el nudo central del discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y volvió a instalar el reclamo argentino. Pero, fuera del escenario, el resultado fue mucho más modesto de lo esperado.
Pese a las gestiones del canciller Pablo Quirno, el asesor presidencial Santiago Caputo y el embajador Alejandro Oxenford durante dos semanas, el Presidente no consiguió una reunión bilateral con Trump, no hubo fotografía entre ambos y tampoco apareció en el discurso del mandatario estadounidense una mención a Malvinas.
En cambio, Trump recibió al primer ministro británico, Andy Burnham y, según admitió éste, conversaron sobre las islas en términos favorables a Londres y sobre asuntos vinculados con Irán, la OTAN y la relación transatlántica.
El contraste dejó un sabor agridulce en la comitiva argentina: el tema fue instalado, pero la diplomacia de Washington no se movió en la dirección que esperaba Buenos Aires.
Uno de los datos que más incomodó a la delegación argentina fue que Trump haya encontrado tiempo en su agenda para reunirse con Andy Burnham, mientras no recibió a Milei.
El presidente estadounidense mantuvo encuentros con nueve mandatarios y figuras relevantes durante su agenda internacional: el británico Burnham; el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani; el presidente francés Emmanuel Macron; la primera ministra danesa Mette Frederiksen; el primer ministro de Groenlandia Jens-Frederik Nielsen; la primera ministra japonesa Sanae Takaichi; el presidente ucraniano Volodímir Zelenski; la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez; y el presidente chino Xi Jinping.
Milei no estuvo entre ellos.
La lectura que comienza a imponerse entre diplomáticos argentinos es que Washington pudo haber utilizado el interés argentino sobre Malvinas como una herramienta de presión o negociación con Londres, sin asumir por ello la posición de Buenos Aires. "Estados Unidos usó a Malvinas, a Milei y a la Argentina para negociar con Londres", dijo descarnado un embajador y avezado diplomático.
El Plan B de Milei era una foto con Trump en el Escudo de las Americas, en la ONU, junto a otros presidentes latinoamericanos. Pero Milei quedó sentado a 20 metros de Trump y éste habló 5 minutos y se retiró.
Trump elogió allí el avance de las derechas en el hemisferio, incluyendo a Milei, aunque presentó esos triunfos dentro de su propia narrativa política regional. De Malvinas, nada.
El otro episodio que generó incomodidad fue la reunión de Milei con Marco Rubio, el secretario de Estado de los Estados Unidos. El canciller americano recibió al Presidente en el Hotel Lotte, sobre Madison Avenue, pero la foto fue incómoda porque se produjo en un pasillo del palacio y todos estaban parados sin tomar asiento, como de paso. Ningún protocolo. Milei estaba con Quirno y con el ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo. "Lo habitual es que un ministro de cualquier pais debe visitar al Presidente de otro, pero no el Presidente acudir al hotel del ministro, es rebajaras", señalan en la Cancillería. Protocolos que impone el ceremonial.
El detalle fue leído en Buenos Aires como una señal política.
Milei, que aspiraba a una reunión con Trump, terminó trasladándose hasta el hotel donde se encontraba el secretario de Estado. No hubo una puesta en escena presidencial ni una fotografía de alto impacto diplomático. "Milei no tuvo reuniones bilaterales importantes, todos los latinoamericanos como le chileno José Antonio Kast tuvieron bilaterales. Con Milei nadie se interesó en reunirse", señalan en las bambalinas del poder oficialista.
La cuestión tiene además una dimensión política interna.
La bandera de la Selección y la "doctrina Lo Celso"
Dentro de los sectores críticos de la estrategia oficial comenzó a circular una comparación con la repercusión internacional que tuvo el episodio protagonizado por Giovani Lo Celso durante el último Mundial de julio en Estados Unidos, cuando integrantes de la Selección argentina exhibieron una bandera con la leyenda "Las Malvinas son Argentinas" luego de ganarle a Inglaterra 2 a 1.
La ahora denominada informalmente "doctrina Lo Celso" sostiene que aquella imagen permitió instalar internacionalmente a la Argentina como el país agredido que reclama un territorio cuya soberanía considera pendiente, mientras reforzaba la idea de una disputa entre un país reclamante y una potencia ocupante.
Sectores diplomáticos sostienen que la mala praxis y el discurso de Milei contra la ONU y su alineamiento político con Trump e Israel pueden dificultar la construcción de consensos alrededor del reclamo argentino. El Presidente calificó a la ONU de "organización inútil" y habló de una "casta de parásitos fatalmente arrogantes".
"El problema es que Milei deja a la Argentina como el pais agresor, y al lado de Trump y el israelí Benjamin Netanyahu ahora somos los malos cuando Lo Celso y la Scaloneta habían instalado que éramos los agredidos por el Imperio inglés", señalan en el Palacio San Martín. De hecho, Milei en la gestión de Diana Mondino no tenía en el radar las Malvinas y la relacion con Gran Bretaña pasaba por el plano comercial, economico y se habían comenzado a negociar vuelos a las islas y visitas a las tumbas de los soldados caídos. Esto quedó sepultado.
Más allá de la valoración política del discurso, el planteo genera una contradicción para la diplomacia argentina: el Gobierno cuestiona severamente una institución multilateral en la que la Argentina ha utilizado históricamente resoluciones como la 2065 del Comité de Descolonización y mecanismos diplomáticos para sostener su posición sobre Malvinas. Son unos inútiles, pero Milei les pidió que lo ayuden, una contradicción diplomática severa.
La ausencia de la secretaria de Malvinas
Otro dato que llamó la atención en Cancillería fue la ausencia de Paola Di Chiaro, secretaria de Malvinas de la Cancillería.
Tampoco viajó a Nueva York la embajadora argentina en Londres, Mariana Plaza. La ausencia de las dos funcionarias generó interrogantes dentro del servicio exterior.
Sectores críticos sostienen que ambas representan una corriente que privilegia la relación económica y comercial con el Reino Unido y considera inconveniente colocar permanentemente la cuestión de soberanía en el centro de la agenda bilateral. Quedaron al costado de este momento.
También se la vincula a Di Chiaro con la Fundación Argentina Global a la cual pertenece tambien el hijo del canciller Pablo Quirno, tambien llamado Pablo Quirno, a la que atribuyen una visión probritánica.
El último clavo del cajón de Rafael Grossi
El discurso presidencial ante la ONU tuvo además otra derivación para la política exterior argentina: la candidatura de Rafael Grossi a la Secretaría General del organismo.
Grossi ya enfrentaba dificultades en la carrera por la sucesión del actual secretario general. Pero la descalificación de Milei a la ONU como "parásitos inútiles" lo saca de carrera.
Según los resultados de la tercera ronda de consultas oficiosas del Consejo de Seguridad, realizada el 18 de septiembre, la costarricense Rebeca Grynspan encabezaba la lista con nueve apoyos, seguida por Carolyn Rodrigues-Birkett, de Guyana, con ocho. Grossi aparecía tercero, con cinco apoyos, ocho rechazos y dos abstenciones. Michelle Bachelet, de Chile, retiró formalmente su candidatura tras quedar rezagada. También continúan en carrera María Fernanda Espinosa, de Ecuador; Macky Sall, de Senegal; Olara Otunnu, de Uganda; e Ivonne Baki, de Ecuador.
La candidatura argentina ya enfrentaba dificultades antes del discurso de Milei. Pero el ataque presidencial contra Naciones Unidas abrió un interrogante adicional sobre el respaldo político que puede recibir un candidato argentino a dirigir precisamente esa organización. "Milei clavó el último clavo en el cajón de la candidatura de Grossi", señaló un embajador.
Un discurso ante un hemiciclo semivacío, fue otro elemento observado por diplomáticos. La intervención de Milei se produjo ante un recinto casi en soledad, una circunstancia que fue interpretada por sus críticos como una muestra del aislamiento internacional de la Argentina. Milei no tiene política hacia otros países que no sean Israel y Estados Unidos y eso genera mucho malestar en la Cancillería.
El Gobierno, en cambio, presentó el discurso como una reafirmación de su posición ideológica y de su alineamiento con Estados Unidos e Israel. "Milei puso el tema Malvinas sobre la mesa y marcó la cancha", señalaban a iProfesional los defensores del Presidente. La tensión entre esas dos lecturas atraviesa toda la política exterior argentina.
El problema del acuerdo comercial
En medio de la visita apareció además otra cuestión de fuerte contenido económico. La agencia Bloomberg informó que Estados Unidos reclama avances argentinos para ratificar un acuerdo comercial y de negocios entre ambos países en el Congreso, bajo determinadas condiciones.
El problema es que el Gobierno no envió al Congreso el proyecto de ratificación del acuerdo firmado en febrero. Ademas, Washington reclama la adhesión del Congreso al Tratado de Cooperación de Patentes (PCT) que fue sancionado en Diputados pero camina lento en el Senado, con fuertes lobbies de los laboratorios locales que no quieren patentes de los laboratorios extranjeros.
Para Washington, la agenda económica tiene un peso considerablemente mayor que una cuestión estrictamente territorial. Seguridad, terrorismo, minerales críticos, energía, comercio, infraestructura estratégica, el paso bioceánico y la proyección hacia la Antártida forman parte de una relación que excede largamente Malvinas.
Otro elemento que llamó la atención en Nueva York fue la composición del equipo diplomático que acompaña a Pablo Quirno. Entre los funcionarios con antecedentes en gobiernos anteriores del kirchnerismo aparecen Lorena Capra, exdirectora de Asuntos Nucleares durante la presidencia de Alberto Fernández y embajadora en Hungría desde noviembre de 2023; Francisco Tropepi, quien fue segundo de Pablo Tettamanti en Rusia y de Sergio Uribarri en Israel; y Juan Manuel Navarro, segundo de Sabino Vaca Narvaja en China.
La presencia de diplomáticos de carrera o funcionarios que ocuparon posiciones durante el kirchnerismo muestra, al mismo tiempo, la continuidad de una estructura profesional que sobrevive a los cambios de gobierno en una gestión que supuestamente deplora al populismo kirchnerista.
La Cancillería no funciona exclusivamente con cuadros políticos. Pero también expone las diferentes visiones que conviven en el Ministerio de Relaciones Exteriores respecto de Estados Unidos, China, Israel, el Reino Unido y Malvinas.
La agenda internacional de Milei en Nueva York también incluyó una bilateral con Benjamin Netanyahu que será este jueves a las 17 durante media hora antes de un encuentro con más mandatarios. Es la única con un jefe de Estado extranjero. La reunión tiene una connotación polémica porque Netanyahu atraviesa un escenario internacional complejo y su discurso ante la Asamblea General provocó el retiro de numerosas delegaciones. "Con el único que nos reunimos es con el que nadie quiere", señalaron las fuentes oficiales críticas con el armado de la agenda. El líder israelí es criticado globalmente por la guerra en Medio Oriente.
Para la Casa Rosada, la relación con Netanyahu constituye uno de los pilares de su política exterior. Para sus críticos, el alineamiento puede profundizar el aislamiento argentino en determinados ámbitos multilaterales.
La diferencia de percepciones vuelve a aparecer aquí: lo que el Gobierno presenta como coherencia estratégica, sus críticos lo leen como una pérdida de margen diplomático.
La foto que quedó a 20 metros
Finalmente, quedó la imagen. Milei quería una fotografía con Trump, pero no pudo lograrla. La escena más próxima se produjo durante el encuentro del "Escudo de las Américas", con el Presidente argentino integrado entre otros mandatarios del continente y Trump a una distancia considerable.
La imagen permitió mostrar a Milei dentro del espacio político regional que Trump intenta construir, pero no reemplazó la bilateral que la Casa Rosada esperaba. Y tampoco aportó una definición sobre Malvinas. Ese es el punto que más preocupa ahora a la diplomacia argentina.
El episodio deja planteada una pregunta más profunda sobre la política exterior de Milei. Estados Unidos puede valorar a la Argentina por su posición sobre seguridad, su alineamiento político, su potencial energético, sus minerales críticos, el comercio, la infraestructura estratégica, el Atlántico Sur y la Antártida. Pero eso no significa que Washington vaya a modificar su relación con Londres por Malvinas.
Gran Bretaña continúa siendo un aliado estratégico histórico de Estados Unidos. La relación entre ambos países está construida sobre décadas de cooperación militar, inteligencia, defensa y política exterior. La Argentina, en cambio, tiene un interés nacional específico y permanente: la soberanía sobre las islas.
El desafío para Buenos Aires consiste en lograr que los intereses estadounidenses en el Atlántico Sur converjan con la posición argentina sin quedar atrapada en una negociación entre Washington y Londres.
Milei volvió a poner Malvinas en el centro de su discurso. Pero Trump no la mencionó en el suyo. En la Cancillería tenían la presunción de que "Trump haría una mención y no la hizo". El Presidente argentino no consiguió la bilateral que buscaba. Trump sí encontró tiempo para reunirse con el primer ministro británico. Rubio recibió a Milei en un pasillo de su hotel y de parados. Y Washington no emitió, hasta ahora, una señal que implique apoyo en Malvinas.
En la Cancillería, mientras tanto, empieza a aparecer un temor concreto: que una apuesta concebida para convertir Malvinas en una herramienta de reposicionamiento local y internacional termine dejando a la Argentina expuesta a una negociación entre dos potencias en la que Buenos Aires no tenga el control de las cartas y a Milei más desgastado en el plano local con miras a las elecciones presidenciales de 2027.