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iProfesional | Política

Para Milei, el triunfo de Bolsonaro es victoria propia y reivindica su discurso fiscalista

Milei había hecho una apuesta arriesgada que le costó un roce diplomático con Brasil. Pero ahora celebra un resultado donde Lula pagó el costo del déficit

04/10/2026
Actualizado 23:20hs

Javier Milei puede jactarse de que todas sus apuestas en el terreno internacional han sido exitosas: había declarado expresamente su apoyo a candidatos de derecha en Colombia, Chile, Bolivia, Perú y Bolivia, y en todos los casos la jugada le salió bien. Además, claro, de su principal apuesta por Donald Trump en la elección estadounidense.

Pero acaso el alineamiento electoral más arriesgado haya sido el de la elección brasileña dado que, a diferencia de los otros casos, se jugó por un candidato que, en la previa, parecía contar con bajas probabilidades de triunfo. Y, para peor, ese apoyo le valió un duro percance diplomático con Brasil, que retiró a su embajador y enfrió la relación bilateral a niveles no vistos en décadas.

Ahora, con el inesperado triunfo de Flavio Bolsonaro en primera vuelta, revertir el resultado en un balotaje luce casi una misión imposible para "el comunista de Lula". Por lo pronto, el sitio de apuestas PolyMarket, que ha ganado en credibilidad como predictor de resultados tras el yerro de las principales encuestadoras, marca un 84% de probabilidades de que Bolsonaro se convierta en el nuevo presidente brasileño el 25 de octubre.

Y Milei puede entusiasmarse con reforzar, hacia el exterior, su imagen de líder de la nueva derecha regional. Y, hacia el debate interno, puede argumentar que su posicionamiento diplomático fue el correcto y que Argentina sacará provecho de haber sido el primero en ver la nueva tendencia de América latina.

Al menos, ya puede anticiparse un viraje en el Mercosur, hacia un esquema de mayor flexibilidad y con menor vocación proteccionista, como viene reclamando Milei en cada cumbre presidencial. También es esperable un acercamiento de Brasil hacia Estados Unidos e Israel, lo cual sacaría a Milei de su postura de relativa soledad en su alineamiento internacional.

La apuesta por Flavio Bolsonaro había sido particularmente audaz, porque incluyó una acusación para el sistema judicial brasileño que encarceló al ex presidente Jair Bolsonaro por incitación a golpe de Estado. Milei no sólo se inmiscuyó en temas internos de Brasil, sino que lo hizo en términos agraviantes, al calificar de "basura calva" al juez federal Alexandre de Moraes. Este juez está ahora mismo bajo sospecha de recibir dádivas para interferir en el procesamiento de un banquero.

En contraste, el juez Sergio Moro, que había caído en desgracia tras la anulación del juicio que llevó a Lula a prisión en 2018, no sólo se reivindicó de las acusaciones de corrupción en su contra, sino que acaba de ser electo gobernador del estado de Paraná.

Para Milei, imposible pedir mejores resultados, dado que pueden ser decodificados como un espejo anticipatorio de la situación política y judicial en Argentina. Sobre todo, porque enfrente está el kirchnerismo, y Cristina Kirchner ha apostado a emular la estrategia de Lula en el plano de su defensa judicial. No por casualidad que, la ex presidente eligió al brasileño Rafael Valim, uno de los principales abogados de Lula durante los procesos por corrupción., para liderar su alegato ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. 

Un triunfo para el discurso fiscalista

Pero el resultado de la elección brasileña no sólo le permite a Milei celebrar su apuesta regional, sino que hasta le facilita su discurso en el escenario electoral. Después de todo, el propio presidente Lula, en la noche de la elección, dejó en claro cuáles fueron los puntos débiles de su programa de gobierno, en una velada autocrítica.

Lula hizo hincapié en recordar que, durante su primer mandato, mantuvo el superávit fiscal primario y que no transgredió el principio de no gastar más de lo que se tiene. Esa reivindicación de su antiguo celo fiscal contrasta con los números de su último mandato: la pata fiscal ha sido la más floja de la gestión Lula, que tuvo resultados primarios deficitarios todos los años, con un pico de 2,3% del PBI en 2023. Si se considera el resultado financiero, tras el pago de intereses de deuda, la tónica ha sido de números en rojo por más de 8%.

Y, aunque el presupuesto oficial prevé un 0,5% positivo para el año próximo, fue el propio Lula quien sembró dudas sobre su voluntad de ser más austero con el gasto público. De hecho, una de las frases más comentadas de la campaña fue: "hay que terminar con esa bobada de querer tener siempre superávit".

Para Milei, esta situación puede ser interpretada como que él está en lo cierto al afirmar que la estabilidad macroeconómica gana elecciones, y que ya no hay margen para usar el gasto público como argumento para seducir votantes. Es decir, un argumento que no sólo le permite debatir con el kirchnerismo sino también con quienes, desde la propia interna oficialista, le sugieren se más laxo a nivel fiscal durante 2027.

La izquierda, incómoda ante el ajuste

Por otra parte, es sugestivo el hecho de que Lula haya tenido un resultado magro a pesar de haber recurrido, en plena campaña, a medidas de asistencia que, en Argentina, podrían haber sido calificadas como parte de un "Plan Platita" a la brasileña. El ejemplo más comentado fue el refuerzo en el principal programa de asistencia estatal, el "Bolsa Familia", con impacto directo sobre 20 millones de personas. Esto fue criticado por la oposición, que habló de oportunismo y demagogia fiscal.

El discurso post electoral de Lula también reconoció tácitamente que la situación social no mejoró todo lo que se esperaba, y que por eso su compromiso para un eventual segundo término sería "terminar con el hambre en Brasil", un logro que el presidente reivindica de su primer mandato.

Lula demostró, sobre todo, que no es fácil para los dirigentes de izquierda abordar la cuestión fiscal en discursos de campaña. Planteó que se volvería al superávit, pero advirtió que eso no supondría un ajuste fiscal que recayera sobre los más pobres. Es una promesa que conlleva una definición tácita y que no se puede mencionar de manera explícita: o está pensando en una mayor presión impositiva obien prepara un plan de recorte del gasto público.

Los paralelismos entre el PT de Lula y el peronismo, sobre todo la facción kirchnerista, son obvios, y ya están siendo anotados por el equipo de estrategia de Milei, ante el auge de discursos peronistas que minimizan la importancia de mantener al equilibrio fiscal como parte de un nuevo reclamo de la población argentina.

La cotización del real bajo la lupa

En el corto plazo, el mayor oxígeno que llega para Milei desde Brasil podrá constatarse en el plano cambiario. Al menos, si se cumplen las predicciones de los bancos de inversión, que pronosticaron un fortalecimiento del real frente al dólar en caso de que Bolsonaro consiguiera un buen resultado.

Hasta el cierre de la campaña, el dólar cotizaba en torno de a 5,17 reales, y hubo reportes, como el Goldman Sachs, que proyectaron que, en caso de reelección del líder del PT, el tipo de cambio pasaría a 5,8 reales por dólar, mientras que si se impusiera la oposición, la paridad pasaría a 4,5 reales por dólar.

Para Milei, esto supone un motivo extra para hacer fuerza por Bolsonaro: una apreciación del real brasileño tiene un efecto de oxigenación sobre la economía argentina, porque mejoraría su competitividad. Es, de manera indirecta, como si el peso argentino se devaluara, pero sin los efectos negativos sobre la inflación.

Brasil sigue siendo el primer destino de las exportaciones argentinas, como preponderancia de productos industrializados, como los automóviles. En los primeros ocho meses del año, había comprado por u$s8.578 millones. El saldo es favorable para el país vecino, dado que las importaciones sumaron u$s10.630 millones, lo que hace que Brasil sea, después de China, el segundo origen de las compras.

Además, un previsible repunte del índice bursátil Bovespa tendrá su "efecto contagio" sobre el mercado de capitales argentino, particularmente castigado en las últimas semanas por la suba de riesgo país, en el marco de un contexto global desfavorable. La perspectiva de un regreso del nombre Bolsonaro a Brasilia es, también un anticipo de una política monetaria que favorezca una caída en las tasas de interés en el país vecino y un engrosamiento en el flujo de capitales hacia la región.