Trump puede sufrir una derrota histórica y Milei se arriesga a pagar otro costo político

El presidente de EE.UU. puede perder control del Congreso en la elección legislativa. El mercado argentino teme que eso debilite la ayuda financiera
Trump puede sufrir una derrota histórica y Milei se arriesga a pagar otro costo político

Puntos importantes

Checkbox Checked Las elecciones en EE.UU. generan incertidumbre en Milei, cuya gestión depende del apoyo de Trump.
Checkbox Checked Un revés electoral demócrata limitaría la asistencia financiera clave ante los vencimientos de deuda.
Checkbox Checked La economía argentina enfrenta riesgos si el respaldo estadounidense se agota tras estos comicios.

Ocho puntos de ventaja del opositor partido Demócrata versus el oficialista Republicano y una perspectiva de que el gobierno estadounidense -que ya es minoría en la cámara de diputados- pueda perder el control del senado. Ese es el panorama que tiene en vilo a Donald Trump… y tambiérn a su colega argentino, Javier Milei.

Dado el involucramiento personal que el mandatario ha tenido en varias elecciones, ahora también parte de su futuro político queda atado a cómo resulten esos comicios fuera de fronteras. Es así que la derrota de Flávio Bolsonaro frente a Lula Da Silva fue vivida como un revés electoral propio en la Casa Rosada, de la misma manera en que antes se había celebrado como propias las victorias de la derecha en Chile, Colombia y Perú.

Y con la misma lógica se siguen de cerca los comicios de medio término en Estados Unidos y las elecciones generales en España -donde la participación de Milei fue uno de los puntos destacados de la campaña, aunque no en el sentido en que el presidente argentino esperaba-.

En Estados Unidos no está en juego una presidencia, sino la renovación parcial del Congreso. Pero para el gobierno de Milei se trata de una de los puntos de inflexión: dependiendo del resultado, podrá atravesar con calma o con turbulencia la campaña presidencial de 2027.

Los antecedentes históricos de EE.UU. indican que lo habitual es que la oposición tenga una buena votación en el medio término, con lo cual se emparejan las fuerzas en el Congreso, y el presidente se ve obligado a un mayor esfuerzo negociador en los dos años restantes. Esto hace prever que los demócratas se impongan sin dificultades, pero el detalle a constatar es qué tan grave sea el resultado para Trump, y cuánto deba cambiar su agenda.

El actual ocupante de la Casa Blanca hizo campaña fustigando a los demócratas por la inflación, especialmente en el sensible rubro de los combustibles. Sin embargo, a dos años de haber asumido, el IPC subió desde el 2,9% hasta el actual 3,7%. Y la estrategia belicista de Trump en Medio Oriente ha disparado el precio del petróleo a u$s117 el barril Brent -un 67% respecto de febrero, antes del ataque a Irán y el cierre del estrecho de Ormuz-.

El salvataje preelectoral de Estados Unidos, en duda

Desde el punto de vista del gobierno argentino, el principal riesgo de una eventual derrota dura de Trump es que quedaría en duda la asistencia financiera en caso de que en 2027 se produzca una nueva corrida cambiaria.

El ministro Toto Caputo aseguró que sigue vigente el swap de monedas con el US Treasury, por un monto de u$s20.000 millones, y que eso forma parte de la "bazooka" de u$s125.000 millones preparada para la eventualidad de un ataque especulativo contra el peso durante la campaña.

Pero la percepción del mercado es que eso dependerá, en buena medida, del resultado electoral de las legislativas. Porque el principal argumento, explicado por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, era de índole geopolítico: se consideraba que la consolidación de gobiernos liberales en América latina era parte del interés nacional de Estados Unidos.

"Creo que puedo usar el balance de Estados Unidos para nuestra política exterior. Tenemos un objetivo, que es la creación de alianzas en el hemisferio occidental. Argentina fue el primer caso, y a mi entender el presidente Milei tenía políticas sólidas, pero la oposición estaba usando el mercado de capitales para crear un pánico y provocar una crisis cambiaria", describió Bessent.

Y dijo que, por la vía de comprar pesos, lo que hizo fue "tenderle un puente al gobierno argentino para ayudarlo a ganar la elección, y en esa operación le hicimos ganar plata al gobierno de Estados Unidos".

La explicación de Bessent para asegurar que había hecho un buen negocio fue que, al habilitar el swap con el Banco Central, compró pesos argentinos en su momento de menor valuación y luego los revendió más caros.

Esa argumentación, sin embargo, no es compartida por la oposición demócrata, que considera que el secretario del US Treasury puso en riesgo recursos de los contribuyentes estadounidenses para ayudar a gobiernos de derecha pero, sobre todo, como salvataje para fondos de inversión amigos. Esa había sido la principal acusación por parte del partido Demócrata cuando puso en práctica su ayuda para con Milei.

Y ese argumento se repitió recientemente ante el salvataje del yen japonés, que fue cinco veces más caro que el swap con Argentina, porque la inversión conjunta entre EEUU y Japón fue de casi u$s100.000 millones.

Quien lideró las críticas fue la senadora demócrata Elizabeth Warren, la misma que había liderado el cuestionamiento de la asistencia del Treasury al Banco Central argentino, y a quien Bessent calificó como "american peronist".

La reversión del efecto Bessent

Ocurre que ahora tanto Trump como Bessent son objeto de crítica, por el encarecimiento del costo de vida en Estados Unidos y por los efectos negativo de su política internacional. Esto significa que una nueva ayuda financiera para Argentina no resultará tan fácil como el año pasado, sino que implicará un costo político para la administración Trump.

Eso es una mala noticia para el gobierno argentino, que el año próximo se enfrente a un al exigente calendario de vencimientos de deuda en pleno año electoral. Hablando en plata, durante 2027 vencen, sólo por la deuda en moneda extranjera, u$s24.400 millones, de los cuales u$s8.900 millones son intereses -es decir, no pueden ser "rolleados"-.

El gobierno acaba de presentar un programa financiero que indica que esos pagos están totalmente cubiertos, pero los analistas manifiestan sus dudas al respecto. Por ejemplo, se prevén emisiones de bonos para el mercado doméstico por u$s5.000 millones, cuando en este momento esos bonos quedaron suspendidos porque Toto Caputo considera que los inversores le exigen una tasa de interés demasiado cara, en torno a 12%.

También se cuenta un ingreso de u$s1.500 millones provenientes de privatizaciones, u$s2.100 millones de otras fuentes no especificadas y unos u$s4.900 millones provenientes del superávit fiscal primario. Es decir, situaciones que están en el papel pero todavía no ocurrieron, y que podrían verse afectadas ante cualquier volatilidad del mercado.

Lo cierto es que, pese a los esfuerzos de Milei y Caputo por transmitir normalidad, el mercado está ponderando cada vez más un riesgo de default. Es algo que queda en evidencia por el diferencial de tasas entre los bonos que vencen antes de las elecciones y los que devuelven el capital a partir de 2028. La llamada "tasa forward" llegó a 22%, cuando hace pocos meses se ubicaba en 12%, y deja una idea clara del cambio de humor entre los inversores.

Para colmo, la propia política económica de Trump derivó en una suba de la tasa de interés global, lo cual encareció el financiamiento para las economía emergentes, y prácticamente cerró la posibilidad de crédito para el caso argentino.

El desafío político de Milei

Acaso lo más irónico de la elección estadounidense es que, si Trump da la sorpresa y se impone en las urnas, será gracias a que en las últimas semanas se ha dedicado a difundir la llegada de "un boom de inversiones".

El presidente se jacta del último dato sobre crecimiento económico -3,4% interanual-, conseguido sobre una reactivación del consumo interno. Además, luego de los episodios de "guerra comercial" y cambios en las cadenas de provisionamiento, hubo un renacimiento de la industria manufacturera que antes tercerizaba a países asiáticos.

Es decir, la campaña de Trump, que defiende medidas proteccionistas, se basó en los puntos opuestos a los que ha sostenido Milei, más aferrado al equilibrio fiscal y a la baja de la inflación, aun en contra de los economistas que le sugieren una política más laxa en el plano monetario.

Argentina se ubica entre los últimos puestos del ranking de inversión externa directa: el año pasado concretó proyectos por u$s3.000 millones, una cifra que luce minúscula en comparación con los u$s77.000 millones que atrajo Brasil bajo la presidencia de Lula.

Esta situación pone presión para que Milei muestre efectos concretos de su alineamiento incondicional con Trump. Es por eso que una de las noticias más celebradas en la previa de la elección en el país del norte fue el anuncio de Trump sobre un respaldo crediticio de u$s30.000 millones para la concreción de inversiones en Argentina. Según la American Chamber, esto se realizará en el marco de 25 proyectos, con protagonismo destacado para el rubro energético.

En todo caso, para Milei será todo un desafío explicarle a la opinión pública argentina que su apuesta por Trump fue acertada. Hay quienes argumentan que la corriente inversora se habría producido de todas formas, dado el atractivo global del yacimiento Vaca Muerta, pero en cambio señalan costos -sin ir más lejos, la erosión del vínculo con Brasil- por el alineamiento con Washington DC.

Después de todo, fue el propio Milei quien, hasta ahora, destacó que la prosperidad estaba supeditada a la condición de "pintar el continente de azul".

"No podemos ceder un milímetro en nuestra reconquista del hemisferio. Ganar es tan solo el primer paso. Ahora tenemos el mandato de hacer al continente americano grande otra vez. Separados somos débiles, pero juntos somos fuertes", dijo Milei en su reciente visita a la capital estadounidense.