Milei juega a la antinomia Brasil-China vs. Argentina-EE.UU. pero Trump es una incógnita
El gobierno de Javier Milei está asimilando el golpe de la reelección de Lula, y trata de diseñar una nueva estrategia en la que Argentina se afiance como principal aliado de Estados Unidos en la región. Sin embargo, aparecen señales inquietantes en el horizonte de corto plazo.
Después de la primera vuelta que le había dado la victoria a Flávio Bolsonaro, Milei se enojaba con aquellos que decían que, en realidad, ese era un mal resultado para el gobierno argentino porque ahora Donald Trump tendría un aliado de mayor peso que Argentina. Los acusaba de miopía política y de no entender la importancia estratégica que tendría "pintar el continente de azul".
Hace apenas dos semanas, cuando nada hacía prever la remontada de Lula en el balotaje, Milei estuvo en Washington, y ante un auditorio de tendencia conservadora dijo: "No podemos ceder un milímetro en nuestra reconquista del hemisferio. Ganar es tan solo el primer paso. Ahora tenemos el mandato de hacer al continente americano grande otra vez. Separados somos débiles, pero juntos somos fuertes".
Milei no sólo se refería a la necesidad de que ganara Bolsonaro, sino también de que el partido Republicano obtuviera una victoria en las legislativas de medio término en Estados Unidos. Pero en Brasil hubo un sonoro revés. Y, por lo que se infiere de las encuestas, también habrá que asimilar otro resultado negativo la semana próxima en Estados Unidos.
Para el presidente argentino, es hora de reacomodar el discurso. Ahora, con la izquierda fortalecida por la victoria del PT brasileño, deberá abrazar el argumento que antes había rechazado y tratar de erigirse como el principal aliado para la Casa Blanca. El problema es que no está tan claro que desde Washington se comparta la misma visión.
Por lo pronto, Trump volvió a demostrar que a la hora de sentarse a negociar es extremadamente pragmático. Mencionó al pasar la sospecha de fraude, casi como cumplido para Bolsonaro, pero inmediatamente aclaró que Lula le cae bien, y dejó en claro que reconocería el resultado electoral.
Ya ese solo gesto supuso una situación incómoda para Milei, que quedó en soledad enfrentado con Lula. Sus amigos de Chile, Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador y Paraguay, que conforman esa "ola azul" de la nueva derecha libertaria latinoamericana, mostraron de inmediato su pragmatismo diplomático para con la principal potencia de la región.
¿Alianza o dependencia financiera?
El nuevo escenario plantea la duda de si la relación entre Milei y Trump seguirá siendo una alianza estratégica o si devendrá en una dependencia financiera del argentino hacia su colega norteamericano.
De momento, lo ocurrido en Brasil es una pésima noticia para Milei. Ya se está sufriendo el "efecto contagio" de la caída de los mercados. Muy lejos del beneficio que se esperaba -sobre todo, una apreciación del real que le diera oxígeno a la economía argentina-, sobrevino una devaluación que agrava los problemas de competitividad y pone presión para el peso argentino.
Y acaso eso no sea lo peor. Porque el mayor interrogante, en este momento, es si a Trump le sigue sirviendo políticamente su alianza con Milei. Sobre todo, si el norteamericano pierde la elección de medio término y queda con un Congreso hostil, lo cual achicará su margen de acción para ayudas como el salvataje financiero que dispuso en 2025, antes de las legislativas argentinas.
Y, con mucha más razón, las dudas aumentarán si las encuestas siguen mostrando una caída en las chances de reelección de Milei. Después de todo, el propio Trump había dejado en claro que su apoyo financiero -con la aprobación de un swap por u$s20.000 millones- sólo se mantendría en caso de que el libertario se mantuviera en la Casa Rosada, pero no si el peronismo regresaba al poder.
Esa declaración, que por un lado confirma la afinidad política entre ambos presidentes, tiene un doble filo, porque también deja en claro que el gobierno de Trump no verá sentido a un salvataje si Milei acumula dificultades durante el año electoral. Para los republicanos hubo un costo político al otorgar la línea crediticia para Argentina: era un momento de fuerte restricción presupuestal, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, fue acusado de priorizar la ayuda a Argentina antes que apoyar la economía norteamericana.
Aunque Bessent destacó la importancia geopolítica de que se mantuvieran los gobiernos liberales -y, además, recordó que su inversión en pesos argentinos le dejó una ganancia-, lo cierto es que sigue siendo objeto de críticas, sobre todo tras su ayuda récord al Banco de Japón y su fallido intento de hacer caer la tasa de interés de los bonos Treasury.
La elección y las dudas sobre el swap
Como lo demuestra la abrupta suba del riesgo país argentino, el mercado ya no sólo duda de que Milei pueda ser reelecto: hay también cuestionamientos respecto de si podrá hacer frente al exigente calendario de vencimientos de deuda en pleno año electoral.
Hablando en plata, durante 2027 vencen, sólo por la deuda en moneda extranjera, u$s24.400 millones, de los cuales u$s8.900 millones son intereses -es decir, no pueden ser "rolleados"-. El gobierno acaba de presentar un programa financiero que indica que esos pagos están totalmente cubiertos, pero los analistas manifiestan sus dudas al respecto.
Por ejemplo, se prevén emisiones de bonos para el mercado doméstico por u$s5.000 millones, cuando en este momento esos bonos quedaron suspendidos porque Toto Caputo considera que los inversores le exigen una tasa de interés demasiado cara, en torno a 12%.
También se cuenta un ingreso de u$s1.500 millones provenientes de privatizaciones, u$s2.100 millones de otras fuentes no especificadas y unos u$s4.900 millones provenientes del superávit fiscal primario. Es decir, situaciones que están en el papel pero todavía no ocurrieron, y que podrían verse afectadas ante cualquier volatilidad del mercado.
Lo cierto es que el temor de los inversores ya es indisimulable: tras la derrota de Bolsonaro, la caída de los bonos argentinos fue el triple que la de los bonos soberanos brasileños, lo cual demuestra la hipersensibilidad de los activos argentinos, considerados de alto riesgo. El propio Milei había calculado que en 2025 la economía iba rumbo a crecer un 8%, pero que sólo creció 4,4% por culpa de la turbulencia pre-electoral.
Esa afirmación, que usó en su momento para fustigar a la oposición kirchnerista, ahora se está transformando en un efecto boomerang, y alimenta la inquietud de los pequeños ahorristas por tomar posiciones defensivas con el clásico método de comprar dólares.
Con el actual nivel de tasas de interés, la posibilidad de que el país pueda acceder al crédito en el mercado global está vedada. De manera que el calendario sólo cierra si se puede acceder al swap con el US Treasury… y también con el Banco Popular de China.
Agitando el fantasma de China
Para que Trump siga viendo a Milei como un aliado al que no se puede dejar caer, es necesario que mantenga el temor a una alianza Brasil-China que pueda limitar el acceso de Estados Unidos a los recursos naturales.
Este es, precisamente, el fantasma que Milei intenta agitar cada vez que habla en un foro internacional. Y ha mostrado su voluntad de alineamiento con EE.UU. con medidas como el RIGI para la explotación minera y petrolera, así como en el anuncio de una base naval en Tierra del Fuego, justo cuando Washington presta más atención a esta región del mundo, como alternativa logística ante la conflictividad de Medio Oriente.
Pero Argentina no es el único que busca seducir a Estados Unidos. El propio Lula, en la misma noche de su elección, envió señales: se encargó de recordar la importancia geopolítica de Brasil, que impulsa un corredor bioceánico a través de una ruta que lo conecte con Paraguay, Bolivia y Chile.
Y, en cuanto a recursos, si hay alguien que tiene claro el potencial brasileño, esos son los empresarios estadounidenses: aportaron un 28% de la inversión externa directa de u$s77.000 millones que recibió el país vecino el año pasado.
Y basta con dar un vistazo a los números de intercambio comercial para entender que Trump no dará un paso en el sentido de empeorar las relaciones con Brasil. El año pasado, las exportaciones estadounidenses a Brasil fueron de u$s54.300 millones por bienes y u$s34.400 millones por servicios. Las importaciones fueron, respectivamente por u$s39.900 millones y u$s7.000 millones. Son cifras que sextuplican el intercambio comercial entre Argentina y EE.UU.
Una agenda de mayor pragmatismo
Sí, es cierto que hay peleas entre los gobiernos de Lula y Trump. El brasileño hizo campaña electoral con el mantra de que su país "no es patio trasero de nadie", y se ha mantenido hostil a las grandes empresas tecnológicas, como Meta, Palantir y las compañías de Elon Musk, a quienes ha acusado de interferir en la política interna brasileña.
En contraste, Milei se ha ofrecido para recibir al sector de la inteligencia artificial, al punto de aceptar una desregulación absoluta, que hasta acepte la personería jurídica de empresas sin humanos en su directorio.
La pregunta es si estos argumentos serán suficientes como para que Argentina desplace a Brasil como primer interlocutor. Y si, además, Argentina está en condiciones de enfriar su vínculo con China -tercer destino de las exportaciones y primer origen de las importaciones nacionales-. Por lo pronto, la potencia asiática sigue siendo fundamental para que el Banco Central pueda seguir mostrando una mejora en las reservas.
En cuanto a Estados Unidos, hubo algunas señales preocupantes para el gobierno, como el pedido de modificar el texto del proyecto de ley que establece sanciones a empresas que participen en proyectos británicos en las islas Malvinas.
Y, para desgracia de Milei, él no es el único político argentino que se jacta de tener una nutrida agenda de contactos en EE.UU. También hay peronistas como Sergio Massa que tienen vínculos aceitados en el país del norte, que podría ser objeto de consultas en el caso de que desde Washington se perciba que, como pasó en Brasil, haya que tejer buenas relaciones con otro gobierno populista en la región.