Elecciones en EE.UU: las claves de una derrota demoledora para Trump
La incertidumbre económica y el costo de vida incidieron en el giro electoral, impulsando a los demócratas en territorios conservadores
Los estadounidenses acudieron este martes a las urnas para definir las elecciones de medio mandato. El resultado fue contundente: los demócratas ganaron el control del Congreso y le propinaron un duro golpe al presidente Donald Trump.
Las elecciones de medio mandato se realizan a mitad del mandato presidencial. Sirven para renovar la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Este martes, los votantes no solo eligieron legisladores: también enviaron un mensaje demoledor sobre el rumbo del país.
Trump había convertido estos comicios en un plebiscito sobre su gestión. Les pidió a los ciudadanos que votaran como si él también estuviera en las boletas. Lo hicieron. Y los republicanos pagaron el precio.
Las encuestas a boca de urna mostraron a un electorado de muy mal humor, profundamente insatisfecho con los altos precios y el rumbo que tomó el país bajo la gestión de Trump.
Los datos son demoledores. Según las encuestas a boca de urna realizadas por SSRS para un consorcio de medios estadounidenses -entre ellos las principales cadenas de televisión y la agencia Associated Press- muchos votantes dijeron estar peor que hace dos años.
Casi nueve de cada diez identificaron el costo de vida como un factor crucial o importante a la hora de votar.
El enojo por la economía que Trump no pudo frenar
Trump llegó al poder en 2024 con una promesa central: frenar la elevada inflación que afectaba a millones de familias estadounidenses. Sin embargo, sus políticas económicas terminaron agravando la situación.
Los aranceles que impuso a productos extranjeros golpearon directamente el bolsillo de los consumidores. La guerra comercial contra Irán tampoco ayudó. Muchos estadounidenses vieron cómo los precios se disparaban sin que el gobierno ofreciera soluciones concretas.
La respuesta de Trump fue pedirles a los ciudadanos que absorbieran los mayores costos. Lo hizo incluso mientras su popularidad caía a niveles mínimos históricos. El pedido no cayó bien.
Casi dos tercios de los votantes consultados responsabilizaron directamente a Trump por los altos precios. Las familias no perdonaron que el mandatario les pidiera aguantar una situación económica que él mismo había prometido resolver.
Tres cuartas partes de los encuestados dijeron estar enojadas o insatisfechas con el rumbo del país. La preocupación por la corrupción en el gobierno también fue un tema recurrente en las respuestas, mostrando un descontento que iba más allá de lo económico.
Las primeras victorias demócratas del martes dejaron en evidencia algo contundente. La gira de campaña de Trump por 19 estados en las últimas semanas, en apoyo de candidatos republicanos, hizo poco para mejorar su imagen ante el electorado.
Los candidatos de Trump que terminaron hundidos en las urnas
No fue solamente una mala noche para los republicanos como partido. También lo fue para el instinto político de Donald Trump. El presidente sufrió una serie de derrotas personales después de que varios candidatos que había impulsado personalmente tuvieran resultados desastrosos.
Trump había elegido a estos candidatos pese a las objeciones de los republicanos locales. Su apuesta era clara: priorizar la lealtad personal por encima del atractivo electoral. La estrategia no funcionó.
Los candidatos al Senado elegidos personalmente por Trump en Carolina del Sur y Carolina del Norte -Darline Graham y Michael Whatley- perdieron sus respectivas contiendas. En Texas, Ken Paxton fue derrotado por el candidato demócrata al Senado, James Talarico.
Las decisiones de Trump dejaron a los republicanos a la defensiva en estados donde partían como favoritos. Eran territorios que el partido esperaba ganar con comodidad. Las derrotas dolieron el doble.
Estos resultados probablemente reavivarán los interrogantes sobre el olfato político de Trump. Su tendencia a priorizar la lealtad personal por encima de candidatos con mayor capacidad de ganar quedó en evidencia.
Las encuestas a boca de urna mostraron que la coalición de votantes que impulsó su victoria en 2024 está gravemente fracturada. Los republicanos registraron fuertes caídas en el apoyo entre los hombres negros, los latinos y los votantes jóvenes.
Una ola azul que rompió récords históricos en estados republicanos
Los sondeos previos a las elecciones de medio mandato ya mostraban una posibilidad considerable de que los demócratas tuvieran una gran noche. El partido logró recuperar el control de la Cámara de Representantes y competía por el dominio del Senado.
Pero la magnitud de las ganancias demócratas que comenzaban a perfilarse sugería algo mayor. Una posible ola azul que se extendía mucho más allá de los estados tradicionalmente disputados.
Los demócratas hicieron historia en Carolina del Sur. Al quedarse con la banca del Senado en ese estado, ganaron una elección que no conquistaban en lo que va del siglo. La victoria de Annie Andrews sobre Graham se convirtió en una de las grandes sorpresas de la noche.
En Kansas, los demócratas también celebraron un triunfo histórico. La última vez que habían ganado una banca en el Senado en ese estado había sido en 1932, durante la Gran Depresión. La sequía duró más de 90 años.
En Texas, James Talarico se convirtió en el primer demócrata elegido senador por ese estado en 38 años, rompiendo una hegemonía republicana que parecía inquebrantable en uno de los bastiones conservadores más sólidos del país.
Estos resultados muestran que la victoria demócrata fue mucho más profunda que una simple recuperación del Congreso. Fue una reconfiguración del mapa político en estados donde el partido casi no tenía presencia competitiva.
El desafío que enfrentan los demócratas tras la victoria
Sin embargo, recuperar el control del Congreso podría convertirse en un arma de doble filo para los demócratas. La victoria trae consigo expectativas enormes y márgenes de acción limitados.
Es probable que los votantes esperen que el partido se ocupe de sus preocupaciones económicas. No les bastará con que los demócratas se limiten a oponerse a Trump. Querrán ver soluciones concretas a los problemas que los llevaron a votar en contra del oficialismo.
Pero los demócratas tendrán un margen acotado para aprobar leyes. Trump conservará su poder de veto como presidente, lo que limitará severamente la capacidad del Congreso para impulsar reformas de fondo.
El mandatario también podría argumentar que ahora los demócratas son, como mínimo, igualmente responsables de la situación económica del país. La estrategia de compartir la culpa ya se perfila en el horizonte.
Los próximos dos años definirán si los demócratas pueden capitalizar este triunfo electoral. O si el control del Congreso se convierte en una responsabilidad más pesada de lo que imaginaron en su noche de victoria.