El dato del Presupuesto 2027 con el que Caputo anticipa dólar calmo rumbo a las elecciones
El presupuesto prevé superávit de cuenta corriente por exportaciones récord y el Gobierno proyecta un año electoral sin turbulencia cambiaria
Entre todos los supuestos optimistas que plantea el proyecto de presupuesto 2027 se destaca el resultado de la cuenta corriente, uno de los indicadores más relevantes en un año electoral, porque es el que mide la diferencia entre los dólares que entran y los que salen de la economía. Y, a diferencia de lo ocurrido en los últimos años, esta vez la previsión es que la cuenta arroje un superávit.
El texto remitido por el gobierno al Congreso contiene, entre los supuestos macroeconómicos del año próximo, una entrada de u$s133.984 millones y una salida de u$s118.424 millones, lo que deja un saldo positivo de u$s15.560 millones.
Estos números no deben ser confundidos con la balanza comercial -que únicamente tiene en cuenta los bienes que llegan y se van dentro de los containers- sino que, además, considera el intercambio de servicios -lo que incluye a rubros como el turismo, los servicios profesionales en el exterior y las compras online de productos o contenidos de entretenimiento digital-.
Dado que la cuenta de servicios registra un crónico déficit -un promedio cercano a u$s800 millones mensual en el último año-, entonces se requiere que en la balanza comercial de bienes haya un superávit muy holgado para poder compensar esa salida de dólares.
Hablando en plata, si para el año próximo se espera que quede un ingreso de más de u$s15.000 millones, y si en un típico año con "dólar barato" salen unos u$s9.600 millones por turismo y servicios, entonces se necesita que el saldo comercial -la diferencia entre exportación e importación- supere la cifra récord de u$s25.000 millones.
La apuesta al boom exportador, clave para garantizar la calma del dólar
¿Es realista pensar en semejante superávit comercial? El ministro de economía, Toto Caputo, está convencido de que es así. Y lo repite en cada evento ante empresarios. Sobre todo, cada vez que se insinúa traer a colación el tema del "retraso cambiario", el ministro no solamente responde con las cifras del boom exportador, sino que además muestra los gráficos donde se proyecta cómo las ventas seguirán creciendo.
Su previsión es que en los sectores que están empujando la exportación, como la minería y la energía, habrá en 2027 un incremento de 25% respecto de este año, que ya de por sí es un récord. Hablando en plata, la expectativa es que por el petróleo y gas quede un ingreso de u$s16.000 millones, y que la minería aporte otros u$s8.000 millones. Se trata de una cifra que rivaliza con el protagonismo del agro en el podio de actividades exportadoras.
Lo llamativo de la situación es que, hace exactamente un año, Caputo era mucho más cauteloso: en su proyecto de presupuesto 2026 preveía un déficit de cuenta corriente por u$s5.751 millones. Eso significa que esperaba un saldo comercial de unos u$s5.000 millones, para compensar parcialmente el déficit de servicios y turismo. Era una proyección que causaba inquietud en el mercado, porque dejaba en claro que el flujo de divisas no seria suficiente como para que el Banco Central pudiera comprar la cantidad de reservas que le exigía el Fondo Monetario Internacional.
Pero claro, ocurrió algo que no estaba en los planes de nadie, y que cambió por completo el panorama: el ataque de Donald Trump a Irán y el consiguiente cierre del estrecho de Ormuz provocó una suba de más de 25% en el precio del petróleo.
Con precios altos y, además, una verdadera revolución productiva en el yacimiento Vaca Muerta, que está en un promedio de 900.000 barriles diarios, las cuentas cambian por completo. Además, en el campo el clima sigue acompañando razonablemente bien, y también hay una perspectiva de precios altos, con la tonelada de soja en torno de u$s484 de acuerdo con las cotizaciones internacionales de la Bolsa de Comercio de Rosario, unos u$s100 por encima del promedio del año pasado.
Caputo reza para que los precios internacionales se mantengan altos
Con estos números sobre la mesa, se cambió la proyección de 0,8% de déficit en la cuenta corriente que se preveía para este año, a la situación actual de superávit que provoca euforia entre los funcionarios del equipo económico.
Una cuenta corriente positiva, o al menos equilibrada, implica un fuerte mensaje al mercado: supone una independencia del gobierno respecto de Wall Street para hacerse de los dólares necesarios para afrontar el exigente calendario de vencimientos de la deuda. Y, sobre todo, tratándose de un año electoral, en el que los economistas prevén la tradicional dolarización masiva de los ahorristas, habrá mucho mayor fortaleza para hacer frente a una corrida cambiaria.
Claro que para que la bonanza actual se prolongue no alcanza con que se mantengan los volúmenes de producción en el campo, el petróleo y la minería. Además, se necesita que los precios actuales no sufran un desplome. Y ahí es donde aparece el gran interrogante.
En particular, el rubro que ofrece menos certidumbre es el del petróleo, muy influenciado por cuestiones geopolíticas. Si se reencaminan las negociaciones de paz y se reabre el estrecho de Ormuz, entonces los analistas ven probabilidades de que la cotización del barril de crudo baje desde su nivel actual de tres dígitos, otra vez al entorno de u$s85. Desde ya que no implicaría una situación de crisis para Argentina, pero será difícil pensar en una exportación petrolera de u$s1.700 millones, como la que se registró en mayo pasado.
También juega el factor financiero, que está siendo observado con atención luego de la suba de tasas de interés resuelta por la Reserva Federal. Si el panorama de 2027 es de un dólar más apreciado, entonces podría darse el típico movimiento inverso, por el cual cae el precio de las materias primas, incluyendo las del agro.
Caputo confía en un 2027 con muchos dólares y calmo
Por lo pronto, Caputo y su equipo dan señales de tranquilidad frente al año electoral. Y suelen repetir en todos los auditorios que no están dadas las condiciones para que se repita la turbulencia financiera de 2025.
No es que haya una expectativa de que no haya dolarización. Más bien al contrario, ya se está registrando una compra de divisas por parte de los pequeños ahorristas en torno a los u$s3.000 millones al mes. Y los economistas creen que, al calor de la campaña electoral, será difícil que esa situación se atenúe.
En 2025, el porcentaje de la base monetaria que corrió desde los pesos hacia el dólar fue superior al 40%, y encontró a un BCRA con reservas netas negativas, por lo que el gobierno debió acudir de apuro al salvataje de Scott Bessent, el secretario del US Treasury.
En cambio, lo que abona la calma oficial es el hecho de que el año próximo la demanda de divisas tendrá como contrapartida un sistema bancario con depósitos en dólares por encima de u$s40.000 millones, las compras de reservas del Banco Central y la expectativa de un flujo de divisas por exportaciones.
El fantasma de la turbulencia electoral
¿Alcanzará para evitar el típico nerviosismo cambiario de los años electorales? Es lo que sigue generando dudas en el mercado financiero. Caputo se encargó de recordar, en su último viaje a la cumbre de ministros del G20, que sigue contando con la línea swap de su colega Bessent. Pero ese dato no termina de tranquilizar al mercado, porque la situación de las finanzas estadounidenses no son las mismas ahora que cuando se anunció el plan de salvataje del peso.
Además, hay otro factor que ahora incide con más fuerza que antes. El rubro de "ingreso primario" de la cuenta corriente -que incluye el pago de intereses, las transferencias de utilidades y otras transferencias al exterior- registra un déficit crónico. Y el número podría crecer el año próximo, después de que el BCRA habilitara algunos movimientos de capitales que estaban vedados, como la remesa de dividendos hacia las casas matrices. De mantenerse la tendencia actual, ese rubro podría superar los u$s15.000 millones durante el año próximo.
En definitiva, las previsiones de las cuentas externas nunca fueron tan positivas como las que se reflejan en el presupuesto 2027. Pero, aun así, no alcanza como para afirmar que en el año electoral no haya presión sobre el tipo de cambio ni que el Banco Central pase algún sofocón.