Importante bodega de San Juan se hunde en la crisis: acumuló 282 cheques rechazados por más de $450 millones
La industria del vino argentino está atravesando un duro momento, en el que todos los eslabones de la cadena muestran signos evidentes de estrés. Se trata de una crisis de carácter amplio, que combina factores productivos, financieros y comerciales, y que ya dejó de ser un problema sectorial acotado para transformarse en una señal de alerta para una de las economías regionales más emblemáticas del país.
Por un lado, los viñateros cuyanos vienen advirtiendo sobre una crisis productiva que, en los últimos meses, incluso los llevó a manifestarse a la vera de las rutas. El reclamo tiene como eje central la falta de rentabilidad de la actividad. Según explican las asociaciones de productores, el fuerte incremento de los costos de producción, combinado con una mayor oferta de uva y valores de venta que no logran acompañar ese proceso, genera una ecuación económica negativa. En muchos casos, el precio que reciben por la uva no alcanza siquiera a cubrir los costos básicos de producción.
Organizaciones viñateras señalan que la suba de insumos, mano de obra, energía y transporte supera el valor que se paga por la uva, tensionando la sostenibilidad de fincas familiares y medianas. Esta situación no solo afecta a quienes cultivan la vid, sino que arrastra consecuencias directas sobre el conjunto del sector industrial y comercial.
Del otro lado de la cadena aparece la industria vitivinícola, donde la situación no es menos compleja. Las bodegas, muchas de ellas grandes empresas con décadas de trayectoria, enfrentan una verdadera tormenta perfecta. El mercado interno muestra niveles de consumo históricamente bajos, golpeado por la caída del poder adquisitivo. A esto se suma un retroceso de las exportaciones, afectadas por el atraso del tipo de cambio y la pérdida de competitividad frente a otros países productores, y un cambio de tendencia global en el consumo de bebidas alcohólicas, que hizo que el vino perdiera parte del lugar de liderazgo que supo tener.
El resultado de esta combinación es una caída pronunciada de los despachos y un aumento significativo de los stocks, en un contexto donde los márgenes de rentabilidad se achican al límite. En los hechos, distintas fuentes del sector coinciden en que la actividad atraviesa su peor escenario en al menos una década.
Empresas emblemáticas bajo presión
Ese escenario tiene hoy nombres propios. En Mendoza, bodegas históricas y de fuerte presencia en el mercado interno y externo comenzaron a exhibir problemas financieros de magnitud. En el caso de Bianchi, una de las marcas más tradicionales del sector, se registró un volumen significativo de cheques rechazados, con montos que superan largamente los 1.000 millones de pesos. La empresa atraviesa un proceso de reordenamiento en un contexto de fuerte deterioro del mercado.
Algo similar ocurre con Norton, otra bodega centenaria, que decidió avanzar con un concurso preventivo de acreedores como herramienta para intentar preservar la continuidad de la compañía. La presentación judicial busca ganar tiempo para reordenar pasivos y sostener la operatoria en un escenario extremadamente adverso para el negocio.
Fuera del núcleo mendocino, la crisis también se hace sentir. En el sur de La Pampa, Bodega del Desierto anunció recientemente una "parada obligada" en su producción, con suspensiones y despidos de personal, como parte de un intento por reordenar su estructura y atravesar el momento más crítico del sector.
Bodegas en crisis: nuevo caso en San Juan y una crisis que se acelera
En las últimas horas se conoció que otro gigante de la vitivinicultura atraviesa un período de fuerte estrés financiero. Se trata de la bodega sanjuanina Casa Montes, responsable de marcas como Ampakama, Fuego Negro, Alzamora, Baltazar y Casa Montes, y uno de los principales jugadores del Valle de Tulum. La empresa produce a gran escala, tanto con viñedos propios como con uva de terceros, y abastece distintos segmentos del mercado.
La bodega cuenta con una capacidad de almacenamiento que supera los 3.000.000 de litros en tanques de acero inoxidable. Además, está equipada con una línea de última generación de 2500 botellas por hora. En la finca dispone de 156 hectáreas implantadas con viñedos de variedades como Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot, Syrah, Chardonnay, Viognier, Petit Verdot, Tempranillo y Tannat.
Por primera vez en su historia, la firma registró valores rechazados en el registro de deudores del Banco Central de la República Argentina. En total, llegaron a figurar 282 cheques rechazados por un monto de 467 millones de pesos.
Desde la empresa explicaron que esa situación se encuentra en gran parte regularizada, ya que aproximadamente el 80% de esos compromisos ya fueron cancelados. Sin embargo, la normalización aún no se refleja plenamente en los informes oficiales del Banco Central, lo que mantiene visible un antecedente negativo que, según la bodega, no representa fielmente el estado actual de su operatoria.
Casa Montes aclaró a este medio que el origen del problema no responde a una falta estructural de financiamiento ni a un cambio en su conducta histórica. La firma se financió tradicionalmente a través del sistema bancario, utilizando herramientas habituales como acuerdos de descubierto, préstamos de capital de trabajo y descuento de valores.
El conflicto se desató en mayo, cuando se ingresó de manera tardía a un plan de pagos ante ARCA para regularizar obligaciones tributarias. Esa demora derivó en un embargo que inmovilizó las cuentas bancarias de la empresa en todas las entidades con las que opera. Como consecuencia directa, se produjeron los rechazos de cheques.
Si bien algunos de los valores fueron luego repuestos y abonados a los proveedores correspondientes, el sistema de recupero de cheques electrónicos resultó lento. Durante ese período, los cheques continuaron figurando como rechazados en los registros del Banco Central, aun cuando la situación comercial ya estaba parcialmente regularizada.
Esa marca negativa impactó de lleno en la relación con los bancos, que decidieron no renovar los acuerdos de descubierto vigentes. A partir de allí, la empresa se vio imposibilitada de cubrir en tiempo y forma la totalidad de los descubiertos y de afrontar el pago de todos los valores emitidos, profundizando transitoriamente la tensión financiera.
Un sector que no ve salida en el corto plazo
Casa Montes atraviesa un período de estrechez financiera, con márgenes de rentabilidad muy reducidos, en línea con lo que sucede en gran parte del sector. El episodio puntual que derivó en los rechazos tuvo un origen administrativo, pero se dio en un contexto general de crisis que amplificó sus efectos.
La propia empresa reconoce que el escenario para la vitivinicultura es severo y que difícilmente pueda resolverse en el corto plazo. Con consumo interno deprimido, exportaciones en retroceso y costos que no ceden, la vitivinicultura argentina enfrenta un desafío estructural que pone en tensión a toda la cadena, desde el viñedo hasta la góndola.
Los números de una crisis que ya no se puede disimular
Un reciente informe económico de la Fundación Mediterránea sobre la vitivinicultura mendocina da cuenta de la magnitud del problema. Allí se advierte que el sector enfrenta una acumulación de desequilibrios que se fueron profundizando con el paso del tiempo. La sobreoferta de vino, la caída del consumo interno y la pérdida de dinamismo exportador generaron un cuello de botella que presiona a la baja los precios y complica la situación financiera de las bodegas.
Según ese relevamiento, los niveles de stock se encuentran muy por encima de los promedios históricos, mientras que la rentabilidad del negocio se deterioró de manera constante. El informe también señala que los costos crecieron por encima de la inflación sectorial, empujados por insumos dolarizados, energía, logística y salarios, sin que ese aumento pudiera trasladarse a precios finales.
En ese marco, la crisis dejó de ser una advertencia para convertirse en una realidad concreta que ya impacta en el funcionamiento cotidiano de las empresas. El acceso al financiamiento se volvió más restrictivo, los plazos de cobro se estiraron y las cadenas de pago comenzaron a mostrar fisuras.