Junio es el mes. Es que será el momento en el que se definirá si el alicaído consumo, pilar fundamental de la economía K, recobrará algo de vigor de cara al segundo semestre del año.
¿Por qué? Porque en este mes los asalariados contarán con una billetera "más gorda", ya que comenzarán a cobrar sus sueldos con buena parte de los incrementos pactados en las negociaciones salariales, además del ingreso que recibirán por el medio aguinaldo.
Será clave la actitud que vayan a tomar. Es decir, si en sus mentes primará la cautela -producto de la actual incertidumbre que se impone sobre el devenir de la economía- o si, por el contrario, buscarán deshacerse de los pesos e irán en busca de bienes que los protejan de la inflación.
Por lo pronto, los clásicos mecanismos que tienen para el ahorro están desactivados: no pueden ir al dólar y los plazos fijos pagan la mitad de la suba de precios.
Si la opción es la de quedarse con esos pesos, saben que eso les implicará una pérdida en su poder adquisitivo, del orden del 24% anual.
La "teoría" indica que para los argentinos sería más atractivo gastarlos pero -a diferencia de otros años- esta vez pesan mucho más las expectativas (ahora más negativas) sobre cómo perciben que se les presentará el futuro en cuanto a restricciones presupuestarias y perspectivas de empleo.
Dos platillos de la balanza. En uno pesa el no perder plata frente a la inflación. En otro, el de ser más cautelosos, mantener un consumo racional pero no compulsivo.
A juzgar por las cifras previas al impacto que traen los aumentos de sueldos y el efecto aguinaldo, la clase media se mostró precavida.
El comercio minorista y las ventas en shopping dieron cuenta de esto y la única actividad que "zafó" fue la de la compra de autos, beneficiada por un caudal de dinero que no pudo ir al dólar.
El problema de la "adicción" al sobrecalentamiento
Crecimiento a "tasas chinas" es una expresión que ya resulta lejana.
Ahora los analistas más optimistas pronostican un crecimiento no mayor al 2% para el país. Y temen que la palabra "recesión" sea la que caracterice al escenario del segundo semestre.
Este descenso puede parecer, a simple vista, algo fácil de digerir para los empresarios. Sin embargo, esconde un problema no menor.
Y esto tiene que ver con un fenómeno del que ya diera cuenta iProfesional.com: la adicción al "sobrecalentamiento" que se generó en las compañías.
En buen romance, las firmas venían encontrando en el llamado "efecto escala" (producir cada vez más) la "pócima" para poder prorratear la exacerbada suba de costos salariales y de insumos -del orden del 20% o más- en esa mayor cantidad de productos fabricados y vendidos.
Ahora, sin esa medicina a mano, muchas pequeñas y medianas firmas -que fueron arrastradas por los convenios pautados por las grandes empresas con los gremios- se encuentran con serios problemas de caja y caída en márgenes de rentabilidad.
Es por eso que un enfriamiento, en un escenario inflacionario como el actual, cobra mayor relevancia respecto al de un país con una suba de precios más moderada.
Tablero de control
Por lo pronto, el tablero de control elaborado en base a algunos indicadores viene mostrando varias luces de alerta.
• El Índice Líder de la Universidad Di Tella, que anticipa los cambios de tendencia del ciclo económico, marcó una caída del 5% en el primer cuatrimestre registrando una baja que ya lleva seis meses consecutivos.
• La confianza de los consumidores experimenta un descenso del 16% en comparación con mayo 2011.
• Un informe de TNS Gallup y la UCA marcan una retracción en la compra de bienes durables.
• A esto se suma la menor caja estatal para promover acciones tendientes a impulsar el modelo consumista.
Julio Burdman de la consultora Analytica expresa que en julio, ya con el impacto de las mayores remuneraciones y del efecto aguinaldo, el consumo tendrá su mini-revancha: "Habrá más pesos disponibles en los bolsillos y la gente buscará alternativas para gastarlos".
Aumentos de salarios, en "sintonía fina"
Así como el concepto de crecimiento a "tasas chinas" quedó atrás, algo similar sucede con la premisa de aumentar salarios "varios puntitos por encima de la inflación", que convalidara el Ejecutivo en años previos.
A juzgar por los acuerdos alcanzados en este 2012 desde el propio Gobierno avalan la postura de que ya no hay más margen para seguir "tirando manteca el techo".
Ahora los acuerdos que se han ido pactando están más en línea con la suba de precios.
No son del 18%, tal como pretendía el Ejecutivo en su pedido de "sintonía fina", pero tampoco del 30% o 35%, tal como llegó a registrarse en 2011, año en el que la suba promedio fue del 28,5%.
Por lo pronto, gremios de peso como el metalúrgico, comercio, bancarios o estatales acordaron aumentos de entre el 18% y el 24% cuando el año pasado los mismos habían sido de entre el 24% y el 35%.
Los que vienen -alimentación y gastronómicos- difícilmente acuerden por encima del 25%. De modo que este año las mejoras de haberes no dan motivo de sobrados festejos a los trabajadores.
"Lejos del 18%, que se pretendía, hoy las paritarias empiezan a cerrarse con un tope del 24%, que contrasta con el 35% de 2011", remarcan desde el Estudio Bein, al tiempo que agregan que en medio de la "vorágine", "pasó desapercibido el éxito a medias que el Gobierno viene consiguiendo en su intento por frenar la nominalidad salarial".
"Minirevancha" para el consumo
Quienes siguen de cerca la actitud de los argentinos y su comportamiento frente al consumo, coinciden en destacar que éste tiene algunas "chances" de mostrar algún tipo de recuperación.
Sin embargo, esta vez, no estará favorecido por un clima de mayor confianza o de expectativas más favorables sobre el país sino, más bien, por una "huida" de la tenencia de pesos.
Guillermo Oliveto, que en épocas previas definía a los consumidores como "oportunistas y compulsivos" a la hora de ir de compras, ahora opta por mantener la primera palabra y reemplazar la segunda por "cautelosos".
Desde la consultora Tomadato, Emiliano Schwartz sostiene que en "la última mitad del año -una vez que los acuerdos por subas de salarios se materialicen en los bolsillos- el consumo podrá recuperar algo de protagonismo".
Por ahora, sin ese combustible, el "humor" de los comerciantes dista de ser el mejor.
"Las ventas se mantienen pero no crecen como pensábamos", señala el directivo de una de las más importantes cadenas de electrodomésticos.
Desde la Cámara Argentina de Fabricantes de Muebles, Tapicería y Afines (Cafydma) -que reúne a 800 fabricantes en Capital Federal y Gran Buenos Aires- destacan que bajó un 30% la venta de muebles terminados".
"La gente no invierte, espera hasta que se aclare el panorama. La incertidumbre es total, hay estancamiento en ventas", destaca a iProfesional.com un integrante de la entidad.
Desde un corralón de materiales vinculado con diversas constructoras de propiedades desde pozo también dan cuenta de una situación similar: "Todas las decisiones de los clientes entraron ahora en un compás de espera".
Sin embargo, esta situación para algunos analistas tiene chances de revertirse.
En este sentido, para la consultora Delphos el "shock" que implicará el hecho de disponer de una mayor cantidad de moneda local, al no ser vista como refugio de valor, permitirá que el consumo recobre cierto vigor.
En opinión de la consultora "el ritmo de compras comenzará a acelerarse para tocar sus mejores registros hacia agosto y septiembre".
¿Podrá mantenerse luego? Algunos analistas lucen escépticos. Según Salvador Distefano la Argentina ha tomado medidas extremas.
Y agrega: "Un mercado cambiario desdoblado de hecho, es la amenaza de una economía que se desacelera a un ritmo demasiado rápido".
En su visión, "el impacto de las mejoras salariales y el medio aguinaldo auguran un impase en estos meses inmediatos pero, hacia fin de año, el camino a recorrer se irá haciendo más difícil".
De acuerdo con Mariano Lamothe, economista jefe Abeceb, el ritmo de compras "todavía no se ha desacelerado fuertemente pero presenta una gran heterogeneidad".
Y completa: "Los indicadores se están ajustando hacia abajo. Y esta vez los salarios, al haberse acordado en porcentuales más chicos, no ayudarán para revertir la situación".
Los rubros que, estima, impulsarán las ventas son los automóviles -que son vistos como una forma de inversión y como una vía para no quedarse en pesos - y los electrodomésticos. En este último caso, para aprovechar el "efecto licuación" que brindan las cuotas sin interés.
"Al resto de los sectores los veo muy complicados. La clase media saldrá menos. Se optará por más televisión en casa y se verán menos autos en las rutas", concluye Distefano.