Finanzas

El euro, en "la lona": tocó su nivel más bajo en casi 12 años y desata una verdadera guerra de monedas

25-01-2015 La crisis económica del Viejo Continente, encabezada por Grecia y los conflictos con Rusia, viene "dinamitando" la fortaleza de la moneda. Sólo en lo que va del año, sufrió una depreciación del 7% y ya cotiza a 1,1 por dólar, el mínimo desde fines de 2003. Perspectivas
Por Rubén Ramallo
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La moneda europea ya no es lo que era y cada día pierde fuerza a nivel mundial.

Así, el derrumbe del euro frente al dólar desconcierta a los operadores y analistas, que no logran ponerse de acuerdo sobre cuál será el piso que podría alcanzar esta divisa en los próximos meses.

El dato clave es que su actual cotización, bordeando los 1,1 por billete verde, es la más baja desde septiembre de 2003.

Esta caída se profundizó en los últimos días, dado que la moneda comunitaria del Viejo Continente se ha devaluado nada menos que un 7% en lo que va de 2015. 

Así, se sitúa cada vez más lejos de la cotización máxima que alcanzó el año pasado, más precisamente en mayo, cuando llegó a rozar los 1,40 dólares.

El último gran golpe de gracia que llevó al signo monetario a perder más valor tuvo lugar el jueves pasado, tras el anuncio del plan de compra de activos por parte del Banco Central Europeo (BCE).

En efecto, el BCE confirmó la puesta en marcha de un programa de adquisición de activos públicos y privados que arrancará en marzo, por un monto que ascenderá a los 60.000 millones de euros mensuales.

Una vez conocido este estímulo, bastaron apenas 24 horas para que la divisa comunitaria cayera desde los 1,16 hasta los 1,11 dólares. Esta baja, producida en una sola jornada, fue la mayor registrada desde el año 2011.

¿El euro se equipara al dólar?
Según afirman los analistas de Ecotrader, esta decisión de la autoridad monetaria "supone la confirmación de un claro patrón que abre la puerta a que, en los próximos meses, las caídas puedan seguir imponiéndose" incluso hasta que el euro alcance una paridad con el dólar. 

La posibilidad de que se alcance la equivalencia "1 a 1" entre las cotizaciones de ambas monedas es un pronóstico compartido por muchas consultoras y bancos. Tal es el caso de Goldman Sachs, ING o Citigroup, entre otros, que estiman que podría suceder el próximo año.

En igual sentido, Christian Tuxen, analista de Danske Bank, vaticina un euro débil durante los próximos meses, no sólo por el plan del BCE, sino también por la situación de Grecia (que podría salir de la Eurozona luego de las elecciones presidenciales del lunes) y los problemas de los países miembros con Rusia.

Así la cosas, pronostica un nivel para la moneda europea de 1,10 dólares en un horizonte de entre 6 y 12 meses, a lo que seguiría un "rebote superficial" al calor de una incipiente recuperación que podría haber en la zona euro.

En la misma línea opinan los analistas de HSBC, cuando resaltan la idea de que el plan se puede extender hasta que reaccione la inflación, lo que a su juicio "mantendrá al euro bajo presión".

Los economistas de M&G Investments ven "probable que la presión sobre el euro aumente a medida que los inversores europeos busquen rentabilidades positivas a nivel mundial".

De esta manera, la situación sería similar a la observada a principios de diciembre de 2002, momento en el que se encontraron el euro y el dólar en igualdad de condiciones, con un cambio uno a uno.

Los analistas de los principales bancos internacionales consideran que el "softlanding" del euro con respecto al dólar alcanzará un punto de nivelación en un plazo de dos años.

Y justifican su pronóstico a partir de la intervención que realizará el BCE, ya que suponen que las medidas adoptadas por Mario Draghi para reactivar la débil economía de la zona euro y evitar la deflación, tendrán consecuencias negativas para la moneda del Viejo Continente.

Cabe señalar que ya, desde el año pasado, el euro se había convertido en una de las apuestas bajistas más reiteradas por las firmas de inversión, debido, en gran parte, a las diferencias de rumbo en las políticas monetarias de la eurozona y de EE.UU.

Ahora, el histórico programa de compra de deuda puesto en marcha por el BCE contrasta con las previsiones de una futura suba de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos.

La Fed, de hecho, tuvo que prometer paciencia antes de realizar el primer ajuste al alza en los rendimientos, en medio de la incipiente reactivación que registra la economía estadounidense.

El impacto que produjo el franco suizo
Desde el mismo momento en que el Banco Nacional de Suiza decidió desvincular su moneda del euro, se abrieron de par en par las puertas a un abrupto descenso de las cotizaciones de la divisa comunitaria.

El hecho de abandonar la relación de 1,2 veces que tenían el franco suizo y el euro desde 2011, generó fuertes turbulencias en estas monedas.

De esta manera, la divisa helvética dejó de ser en cuestión de minutos uno de los activos refugio por excelencia, reactivando el atractivo por el dólar como moneda alternativa, convirtiéndose en el destino de inversiones más defensivas.

¿A quién beneficia la caída del euro?
Para las compañías europeas, la baja de su moneda es bienvenida, ya que, desde la teoría, facilitará las exportaciones y dificultará las importaciones, mejorando la balanza comercial de la zona euro.

Su depreciación beneficia particularmente a las empresas que son estrictamente exportadoras, con costos en euros e ingresos en otras divisas, ya que suponen un aumento del volumen de ventas y sus márgenes de rentabilidad con su moneda depreciada.

Para el resto del mundo los efectos se invierten, ya que aquellos países que mantienen un fluido intercambio comercial con el Viejo Continente verán cómo se les complica exportar y, posiblemente, podrían sufrir un incremento en la llegada de productos con la marca "CE".

En este contexto, no faltan motivos para que los inversores en las bolsas de comercio se froten las manos.

"Esperamos que la moneda continúe depreciándose frente al dólar estadounidense. Esto apoyará a los beneficios empresariales de la zona euro y, en consecuencia, será positivo para los mercados de renta variable", asegura Johannes Müller, CIO Wealth Management Germany en la firma Deutsche AWM.

En cuanto al turismo, quienes planean viajar a Europa estarán de parabienes, ya que si a principios del año pasado cambiaban cada euro a 1,35 dólares, ahora lo hacen a 25 centavos menos, lo cual equivale a una rebaja de casi un 20% en dólares.

¿Estalló una nueva guerra de divisas?
El simple anuncio del plan de estímulos que lanzó Mario Draghi parece haber trastocado los planes de los grandes bancos centrales del mundo.

Tal es así que el consejero delegado de Goldman Sachs, Gary Cohn, aseguró que ahora "nos encontramos en una guerra de divisas".

"Estamos en un mundo sin control", dijo William White, el presidente del Comité de Revisión de la OCDE, en un artículo de The Telegraph.

Y agregó que: "Estamos viendo verdaderas guerras de divisas. No tengo ni idea a dónde nos llevará".

En igual dirección, Financial Times afirmó en un editorial que la decisión del Banco Central Europeo va a provocar importantes daños colaterales en otros países.

"El BCE se ha unido oficialmente a la guerra global de divisas con su programa de alivio cuantitativo tan esperado. Un euro debilitado es una pieza clave para impulsar la recuperación de la zona euro", asegura Tuxen.

Este experto considera que el plan de Draghi es negativo contra el euro debido a su "magnitud" y a su naturaleza abierta, en referencia a que no tiene fecha de caducidad concreta, ya que si bien Draghi habló de septiembre de 2016 como fecha de finalización, también dejó en claro que eso dependerá de cómo evolucione la inflación.

El primer ejemplo del "terremoto" que provocó el programa del BCE fue la decisión anticipada del Banco Nacional de Suiza de dejar sin efecto la paridad fija con el euro.

También puede mencionarse el cambio de opinión que se registró en el seno del Banco de Inglaterra, donde los denominados "halcones" del consejo presionaron para que se aprobara un inmediato incremento de las tasas de interés.

Pero apenas conocieron la puesta en marcha del programa europeo, tuvieron que ceder en su posición, por lo que el Banco de Inglaterra decidió mantener durante bastante tiempo las tasas en el 0,5%.

Incluso, la Reserva Federal de EE.UU. se vería obligada a dilatar una vez más la puesta en marcha de su decisión de elevar las tasas de interés de referencia. En tal sentido, son pocos quienes prevén que las eleve este año.

Los motivos que frenarían tal decisión son sencillos: en caso de subir las tasas, ello implicaría de forma inmediata una mayor apreciación del dólar, lo cual generaría un obstáculo importante para las exportaciones de EE.UU.

Pero no son los únicos que actuaron en consecuencia, ya que otros bancos centrales también pusieron en marcha estrategias defensivas.

Los casos más relevantes fueron los de Dinamarca, Canadá e India.

En todos los casos, decidieron en los últimos días reducir sus tasas de interés para evitar una excesiva apreciación de sus divisas respecto al euro.

El motivo de sus preocupaciones es muy sencillo: si sus monedas se revalorizan frente a la moneda europea, esto ocasionaría que sus exportaciones se tornen menos favorables para la Eurozona.

Reacción regional
Ante este contexto, los bancos centrales del continente debieron adoptar medidas acordes a las circunstancias.

Algunos, por ejemplo, dejan flotar sus monedas con total libertad al tiempo que otros apelan a determinados instrumentos de intervención en los mercados, a fin de evitar fluctuaciones desmedidas.

Entre las excepciones a esta oleada estuvo el BCRA, ya que va a contramano de la mayoría de sus pares de la región, y continúa con la política de anclar el tipo de cambio, con el pretexto que de esa manera enfrenta el avance de los precios.

"En los últimos doce meses, en la Argentina el tipo de cambio real no subió a pesar de la devaluación. Es obvio que la tasa de inflación tan alta complica mejorar el tipo de cambio real", explicaron desde M&S.

El informe de la consultora dirigida por Carlos Melconian agrega que "las depreciaciones en la región suceden independientemente del nivel de reservas internacionales de los países: las monedas se deprecian aun en economías con bancos centrales ‘llenos' de reservas, con inflación baja y crecimiento económico positivo".

Las consecuencias de este desfasaje puede medirse de la siguiente manera: mientras que en el último año el peso argentino se revaluó en términos reales con respecto al dólar, en otros países del continente ocurrió lo contrario: en Colombia la moneda se depreció un 22% y en Chile un 11%.

El cuadro de mayores caídas se complementa con Uruguay (6,9%) y Brasil, con el 5,6% (ver cuadro).

A ello se le debe sumar la marcada desigualdad que sufren los exportadores argentinos frente a sus vecinos, en un contexto de caída generalizada del precio de las materias primas.

La preocupación que genera esta situación se ve agravada por las declaraciones de los funcionarios nacionales, que defienden a capa y espada este esquema de apreciación de la moneda.

Ello también se refleja en las cotizaciones de los mercados futuros, como por ejemplo el Rofex, que para fines de este año está negociando un dólar con una devaluación implícita del orden del 30%.

"A pesar de que se volvió a foja cero con el tipo de cambio real, que las condiciones macroeconómicas actuales apuntan a un tipo de cambio mayor, que las exportaciones están en caída libre y que todas las monedas regionales se deprecian, el Gobierno, en una apuesta riesgosa y de patas cortas, optó por anclar el valor del tipo de cambio nominal como instrumento moderador de la inflación", concluyó M&S.

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