Impuestos
La discriminación no termina: alivio en Ganancias anunciado por el Gobierno no va a alcanzar a los autónomos
17-10-2016 Al igual que lo que sucedía con Cristina Kirchner los trabajadores independientes siguen sin recibir beneficios a la hora de pagar el impuesto, aunque deben mirar las mismas deducciones que los empleados. Tampoco se actualizaron las categorías de la cuota jubilatoria, que llevan 10 años sin ajustes
Por Gonzalo Chicote
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El alivio que implementará el Gobierno en el Impuesto a las Ganancias llegó en un momento de máxima tensión con la cúpula sindical y contribuirá a lograr la tan ansiada paz social de cara a fin de año. 

Al liberar del gravamen a la próxima cuota del aguinaldo (para aquellos cuyo sueldo no supere los $55.000 bruto), el Ejecutivo logró apaciguar las aguas con la CGT que, apenas unos días antes, se mostraban bastante turbulentas.

Una vez conocida la norma, habrá que evaluar con exactitud quiénes serán los ganadores y quienes los perdedores. Ocurre que el texto podrá incluir algunos detalles que permitan despejar dudas respecto de aquellos casos especiales.

Por ejemplo, qué sucederá con los cobros extras recibidos (bonos, comisiones, entre otros) por los empleados en relación de dependencia en la segunda mitad del año. O cómo se considerarán los "plus" abonados (vacaciones o licencias) de julio a diciembre.

Es que estos montos, pese que no se reciben siempre, podrían poner a los trabajadores en el grupo de los que queden fuera del alivio anunciado por el Gobierno. Esto se podría subsanar, por caso, aclarando que los montos a considerar son sólo los habituales y dejando de lado los excepcionales.

Sin embargo, existe un grupo de trabajadores que, sin importar la letra chica de la resolución o del decreto, se verán perjudicados de todas formas: los autónomos.

Este extenso conjunto de personas -que incluyen profesionales independientes y a personas que ejercen sus oficios de manera individual- no recibirán la ventaja por el simple hecho de no contar con un sueldo anual complementario (SAC).

Esto pese a que, al momento de liquidar el gravamen, tengan que considerar las mismas deducciones y cargas de familia (artículo 23 de la Ley del Impuesto a las Ganancias) y escalas (artículo 90) que los dependientes.

Una discriminación de larga data
El malhumor de los autónomos es entendible. El gobierno de Mauricio Macri, que llegó con grandes promesas de cambio, los termina ignorando del mismo modo en el que lo hacía el de Cristina Kirchner.

En los últimos anuncios realizados por la ex mandataria fueron "olvidados", sea porque liberaban alguna de las cuotas del SAC del pago del impuesto o porque los aumentos hicieron referencia a "salarios o haberes".

Cuestiones que, claro está, no hacen a la vida de un trabajador independiente, donde son los honorarios que les cobra a sus clientes los que rigen su profesión u oficio y donde no existe el aguinaldo.

Incluso, hasta el mismo Macri ya los obvió con el decreto firmado a fin de año pasado, cuando liberó de la carga impositiva a la segunda cuota del SAC, que estaba dirigido a los empleados en relación de dependencia.

Si bien este año hubo un ajuste en las deducciones que por fin los alcanzó, dejó el piso anual en $84.636 para solteros y $164.192 para casados con dos hijos. En términos mensuales, se trata de unos $7.053 y $13.683, respectivamente.

Dicho de otra manera: son valores que tienen gusto a poco en un año donde los gastos van en franco aumento y la inflación acumulada que estiman las consultoras estará cercana al 40 por ciento.

Otro detalle: Macri tampoco se hizo eco del eterno reclamo que llevan los que trabajan de manera independiente respecto a la posibilidad de contar con una deducción especial como la que gozan los empleados.

En la actualidad, los dependientes deben restar de sus ingresos un total de $203.126 por este concepto, mientras que para los independientes el monto se reduce a $42.318 (es decir, casi 4 veces menos).

Antes del último ajuste, los autónomos habían visto incrementados los valores de las deducciones que pueden computar en 2013. Dicho de otra manera: mientras los empleados recibían buenas noticias, ellos fueron ignorados durante casi tres años.

Para colmo, en aquella oportunidad, el incremento fue operativo desde marzo. Por ende, el alivio surtió efecto por tan sólo diez meses, pese a que el período fiscal de los autónomos comienza el 1 de enero y finaliza el 31 de diciembre de cada año. Ahora, la historia parece repetirse.

La cuota previsional, otra deuda pendiente
Otro de los problemas que vienen soportando los independientes es la falta de actualización en los parámetros que definen su categoría de autónomos y que determinan la cuota previsional que deben pagar.

Esto responde a que los valores fueron modificados por última vez a fines de 2006. Es decir, permanecieron inalterables desde hace más de 10 años, pese a la inflación acumulada durante ese lapso fue en franco aumento.

No hay que olvidar que, al no tener un empleador, no existe quien realice los aportes y contribuciones a las Seguridad Social. Por eso, la normativa vigente establece que es el mismo autónomo el que debe ingresar un monto para su futura jubilación.

Las mensualidades que estos trabajadores tienen que afrontar son fijas y varían de acuerdo al nivel de ingresos. Sin embargo, los montos que definen en qué categoría deben ubicarse no se actualizan desde hace años.

En efecto, el decreto 1866/2006 fue el último que introdujo cambios en los parámetros que los independientes deben tener en cuenta para categorizarse y abonar la correspondiente cuota previsional.

Los ajustes contemplados en dicha norma dejaron tres topes máximos de ingresos anuales:

 

  • Categoría I: hasta $20.000 (para quienes ejerzan profesiones u oficio) o $25.000 (para los comerciantes).
  • Categoría III: hasta $15.000 (para los directores, administradores y conductores de sociedades).
  • Categoría IV: entre $15.000 y $30.000 (también para directores, administradores y conductores de sociedades).

Pese a la creciente inflación, estos parámetros no fueron modificados. No obstante, el valor de la cuota que deben afrontar sí experimentó cambios, siguiendo la tendencia de los aumentos jubilatorios otorgados dos veces al año.

Así, por ejemplo, mientras que en 2006 los que estaban en la categoría I abonaban por mes unos $128, hoy en día tienen que pagar más de 1.050 pesos. Es decir que, pese a que los límites no se alteraron, el aporte que hacen se incrementó en más de 8 veces.

En otras palabras, mientras que los límites que determinan cuál es el monto que deben ingresar en conceptos previsionales permaneció estático, los importes que tienen que afrontar fueron en franco ascenso.

Esto derivó en que, pese a que el ajuste de sus tarifas sólo tuvo por fin acompañar a los índices inflacionarios, los autónomos tuvieron que ubicarse en peldaños más altos a la hora de realizar sus aportes previsionales.

Lo preocupante fue que se llegó al punto de que algunas de las categorías terminaron quedando totalmente obsoletas. ¿Por qué? Debido a que el valor de la cuota anualizada superó el monto máximo de ingresos.

Eso sucedió por ejemplo con la categoría III -cuyos topes, como se indicó, están en $15.000 anuales- donde el valor de las mensualidades es superior a $2.100, lo que equivale a más de $25.200 al año.

Vale aclarar que la normativa vigente, al establecer los valores máximos, hace referencia exclusivamente a "ingresos" y no a "ganancias". Esto es clave ya que en la actualidad es cada vez más fácil llegar a las cifras incluidas.

Pese a que existieron algunas promesas de reforma, lo cierto es que la actualización de la situación de los autónomos es una deuda pendiente que tiene el Gobierno de Macri y que debería revisar en el corto plazo.

 

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