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Se cumplió un año del "puerta a puerta": ¿sigue siendo una pesadilla comprar en el exterior?

07-08-2017 Aunque la ley habilita, la compra de productos en el exterior es una lotería. Formularios, pago de impuestos y largas filas son la norma. Una pesadilla burocrática que no complica, todavía, a los jugadores nacionales                          
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Es difícil llegar a una conclusión sobre si el sistema de puerta a puerta para personas jurídicas —el que habilita la resolución 23436/96— funciona bien o no.

Los casos son inconsistentes: a algunos les llegó el pedido perfecto en su casa, a la semana de haberlo tramitado llenando los formularios correspondientes, previo pago de tasas y tributos; otros cuentan experiencias de meses sin conocer el destino de la parcela, aún cuando el tracker que ponen en origen muestra que el paquete ya llegó al país.

Las colas en las oficinas del Correo Argentino —donde la Dirección General de Aduanas(DGA), conocida como AFIP-Aduana, tiene asiento para nacionalizar los paquetes que son retenidos— siguen siendo largas obligando a los consumidores a armarse de paciencia.

El sistema se flexibilizó, sí, pero eso no significa que hoy sea sencillo hacer una compra en el exterior: no volvieron, al menos por el momento, los días de las compras masivas en AliExpress que saturaban las sucursales del correo. "El 15 de mayo compré un SSD a Amazon España con premium delivery así iba directo a mi hogar y no tenía que hacer demasiados trámites, porque de eso se encargaba el courier. Tenía que llegarme el 29 de ese mes y terminó llegándome el 19. Me salió 41% menos de lo que se vende acá. Chochísimo", cuenta Matías, un ingeniero que quiso probar el sistema con una compra menor. "Compré dos libros. Me llegaron sin dramas. Un lío burocrático pero seguí las instrucciones y llegaron", acota Diego, crítico de cine.

No todas las experiencias son tan positivas, sin embargo. "Un amigo me mandó un CD usado desde Miami y fue imposible retirarlo. Me pedían hasta mis huellas digitales en AFIP", dice Graciela, de profesión periodista. La sensación es que el sistema todavía es una lotería — puede llegar, puede que no— y que todavía está presente cierta arbitrariedad para distinguir entre los paquetes que pasan al régimen del puerta a puerta y cuáles son retenidos por AFIP-Aduana.

Cierto síndrome postraumático en los consumidores no ayuda: después de haber perdido dinero y tiempo con el sistema anterior, que obligaba a algunos a depender de despachantes para poder nacionalizar una remera,son pocos los que quieren arriesgarse. "Los que pensaban, antes de que saliera la nueva norma, que la importación hormiga iba a significar una avalancha de productos importados invadiendo el sistema, se equivocaron. Habilitar el puerta a puerta fue un gesto. Como está planteado el sistema, es casi imposible que suceda, porque hay muchos pasos burocráticos que hay que seguir y que condicionan. Las limitaciones de peso y de cantidad de paquetes por año también inciden en la decisión final, por ejemplo.

Lo que logró el Gobierno fue que ese 11% que se animó a comprar con el puerta a puerta empiece a tributar porque AFIP se queda con 50 % sobre el excedente de franquicia, que hoy es baja, de u$s25. La verdad es que una apertura total, un procedimiento más flexible, no sería conveniente en un contexto en el que las ventas minoristas vienen a la baja", reflexiona Damián Di Pace, jefe de la consultora Focus Group, que hace un relevamiento del estado del e-Commerce local.

Este año, por primera vez, agregaron al cuestionario una pestaña sobre el puerta a puerta: los resultados muestran que, todavía, hay cierta resistencia a probar el sistema. Entre 8 y 11 % de los que usualmente compran en e-Commerce, lo hicieron al exterior utilizando el puerta a puerta. 

Para Gustavo Sambucetti, consultor en e-Commerce y presidente de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, el temor en la industria prehabilitación del sistema era palpable y terminó siendo un alivio que los primeros números no hayan sido tan alentadores. "Había mucho miedo de que se caiga el mercado local. Pero, finalmente, no fue tanto lo que se importó.

Los pedidos que se hicieron mostraron ciertas ineficiencias en el sistema. Además: de lo que se importó, la mitad se rechazó por no cumplir con la regulación o quedó boyando en el proceso por no pagar impuestos y tasas. El Gobierno tuvo un gesto de apertura pero protegiendo, de alguna manera, a la industria local. De hecho, los aranceles son similares a los que tiene un importador mayorista", señala a Diario Uno.

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