Economía

Sturzenegger, al banquillo: repuntó la inflación y se reavivan las críticas por manejo del dólar, tasas y pesos en circulación

20-10-2017 El incumplimiento de la meta inflacionaria este año y el escepticismo generalizado sobre el objetivo trazado para 2018 revitalizaron el debate sobre el control de los precios. Con la perspectivas de subas tarifarias y "efecto contagio", vuelven los pedidos para una política más contractiva
Por Claudio Zlotnik
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Falta poco más de dos meses para que termine el 2017 y hay un dato que ya resulta indesmentible: por séptimo año consecutivo, Argentina tendrá una inflación anual superior al 20%. 

Salvo el recesivo 2009 –cuando se anotó un índice del 16% según consultoras-, el "up-20%" no cambia desde el 2007

Otro tema que también queda claro es que Federico Sturzenegger perdió su apuesta por quebrar la inercia de la última década. 

De cara a los meses venideros -ya sin el fragor de la campaña electoral- en el gremio de los economistas resurge con más fuerza la pregunta sobre cuál será el rumbo del pulso inflacionario

Varios de ellos muestran su inquietud, al igual que algunos funcionarios del gobierno, ya que esperaban para esta altura del año cifras menores de las que dio cuenta el INDEC.

Por lo pronto, quien mantiene su optimismo y hasta redobla las apuestas es el titular del Banco Central, al reivindicar un 10% para el año que viene, con un máximo tolerable del 12%.

Los economistas fruncen el ceño al escucharlo, ya que consideran que las metas que se autoimpone lucen cuanto menos desacreditadas.

En este sentido, las proyecciones de más de 50 consultoras –locales y del exterior- que el propio Banco Central se encarga de recopilar (encuesta REM), hacen referencia a un promedio de al menos cinco puntos más: 15,7%.

A esta altura de la gestión Macri, el hecho de que la inflación resulte tan difícil de bajar sorprende a propios y ajenos.

El último año, la Argentina soportó un IPC del 24%, mientras que la inflación núcleo (acaso la que más le importa a las autoridades), acumula un alza del 16,1%.

La dificultad para hacer descender los registros abre una gran cantidad de interrogantes. Entre ellos, qué es lo que está impidiendo cumplir con las expectativas no sólo del Banco Central sino de la Casa Rosada.

Las dudas encuentran sustento en que, hasta hace poco, era el propio Sturzenegger quien prometía una inflación inferior al 1% mensual para esta altura del año. 

Todo esto ocurre, incluso, en un marco de quietud de algunas variables clave, como por ejemplo las tarifas de los servicios públicos, ya que en las últimas semanas no mediaron nuevos ajustes. 

En este contexto, resulta lógico que en el gremio de los economistas el debate por los precios se haya reavivado.  

También que se hayan acrecentado las críticas al funcionario, al considerar que hubo un "relajamiento" monetario a comienzos de año que recién ahora muestra su peor cara.

Por cierto, están quienes eximen a Sturzenegger y eligen poner el foco en el abultado rojo fiscal: por ser de tal magnitud, no hace posible que sea compensado con un "apriete" monetario.

En este mar de dudas, hay un punto en el que todos coinciden: en la medida en que las metas del BCRA no se cumplan, Sturzenegger se irá autogenerando descrédito en el mercado, con todo lo que ello implica.

Los partidarios de la "mano dura"
El propio banquero central es quien acaba de admitir que el proceso de desinflación va mucho más lento que lo deseado.

Por primera vez, hasta hizo un esbozo de autocrítica, al expresar que quienes cuestionan su estrategia pueden tener un punto a su favor. 

Los números fríos marcan que la inflación promedio del tercer trimestre fue de 1,7% por mes, apenas una décima menos que el promedio mensual del segundo trimestre.

En la llamada "núcleo" (quizás el dato más preocupante) prácticamente no mediaron cambios a lo largo del 2017, ya que fue del 1,6% promedio (mes a mes).

"Nos está costando bajarla, se mantiene en niveles muy altos", se sinceró el funcionario.

En definitiva, Sturzenegger parece persuadido de la necesidad de ajustar más las clavijas, o al menos de no volver a incurrir en un "afloje" en el control de la cantidad de dinero en circulación. 

"Al proceso hay que darle un poco más de tiempo", insiste cuando se le consulta sobre su hoja de ruta. 

Hay quienes comparten esa visión: creen que ahora se están sintiendo los efectos de haber apresurado la baja de tasas (a comienzos de año) y que en los próximos meses se notará -con cierto "delay"- el efecto positivo del apretón monetario.

No todos en la City están convencidos de que solamente el factor tiempo  permitirá apreciar una baja de la inflación. En el bando de los analistas más ortodoxos se vuelven a oír críticas y muy duras.

Como la de Pablo Goldín, economista de MacroViews, que no ve grandes diferencias entre la política actual y la que llevaba a cabo el kirchnerismo

"La expansión monetaria ha sido del 35% el último año. Por más que haya convicción en las autoridades, no hay milagros con la situación fiscal", afirma a iProfesional.

"¿La verdad? Hay que mirar con lupa al Banco Central para darse cuenta si ahí está mandando Sturzenegger o Vanoli", agrega con ironía.

Desde la óptica ortodoxa, una de las críticas más fuertes proviene de la consultora Economía & Regiones. 

Sus analistas afirman que lo que está ocurriendo no guarda demasiados misterios: el Banco Central está emitiendo más dinero del conveniente.

"En Argentina, la inflación no baja porque no se cierra la brecha entre el ritmo de creación de pesos (oferta) y el aumento de demanda de dinero", expresan. 

"Es más, esa brecha -lejos de reducirse- se habría estado ensanchando", advierten.

En este sentido, los números son elocuentes. Si se compara septiembre 2017 - octubre 2016, se observa que:

- El crecimiento de la base monetaria descontada la inflación fue del +9,0%

- Esa cifra supera la expansión de la demanda de dinero (+5,9%) producto del aumento del nivel de actividad.

"Esto implica un riesgo no menor", afirma el economista Diego Giacomini.

Federico Furiase, director de Eco Go, incorpora una visión bien integral del recalentado fenómeno inflacionario. 

"La situación viene muy complicada por cuatro factores: el rojo fiscal, el boom del crédito a tasas subsidiadas, alzas de tarifas aún pendientes y la recuperación de la actividad (que le permite a las empresas trasladar a precios las subas de costos)".

"Aún hay margen para subir la tasa de referencia de modo tal de anclar las expectativas inflacionarias sin lastimar la recuperación, que es muy importante", indica Furiase, en diálogo con iProfesional.

Por el lado del Gobierno, el vicejefe de Gabinete económico, Gustavo Lopetegui, aporta una definición que despeja cualquier duda sobre un eventual cambio en el plan oficial trazado.

"Somos gradualistas por convicción", dice, en referencia a la forma que se irá achicando el agujero en las cuentas públicas. En otras palabras, los funcionarios no parecen muy dispuestos a apretar las clavijas.

La lupa en el dólar
Desde una perspectiva heterodoxa, el ex viceministro de Economía, Emmanuel Alvarez Agis, adjudica el recalentamiento inflacionario al salto del dólar ocurrido en julio. 

"El pass through goza de buena salud. En las últimas tres devaluaciones, hubo una demora de apenas dos meses en el traslado de la devaluación a precios", indica.

Sturzenegger refuta ese análisis y asegura que "hoy en la Argentina el tipo de cambio y el índice inflacionario están desacoplados". 

Para refrendarlo anticipa que la inflación durante la primera quincena de octubre -de acuerdo con registros parciales de Price Stats y de Elypsis- "muestra una baja significativa" con respecto al mes anterior.

Gastón Rossi, director del Banco Ciudad, pone el acento en la inercia inflacionaria argentina de los últimos años e indica: "Sturzenegger se ha puesto una pauta excesivamente demandante". 

Este economista se anota entre quienes creen que factores coyunturales (como los ajustes tarifarios o la suba del tipo de cambio) son los que explican la reticencia de la inflación a la baja.

"El riesgo de atarse a una meta tan exigente y no adaptarse a la realidad, es que se termine ahogando el dinamismo que viene mostrando la actividad económica", sugiere Rossi.

Desde el estrado del Salón Bosch de Reconquista 266, Sturzenegger desacredita a quienes piensan como el director del Banco Ciudad. 

"El proceso de crecimiento de la actividad se consolidó gracias a que tuvimos tasas de interés en estos niveles y bajó la inflación. La política monetaria restrictiva ayudó a mejorar la actividad económica", reflexiona.

No obstante, puertas adentro, el banquero central es autocrítico con la estrategia esbozada a finales de 2016 y principios de este año, cuando relajó su plan monetario pensando que ya había logrado domar a los precios. 

Por eso mismo, ahora no pierde oportunidad en advertir que es capaz de apretar más las clavijas "en caso de ser necesario". 

Eso sí, suele repetir que no hay que tomar ese tipo de medidas de manera compulsiva. Más bien, cree que el análisis debe ser profundo y las decisiones, bien fundamentadas técnicamente.

Sea como sea, lo cierto es que los próximos meses serán difíciles para el banquero central

Pronto se sabrán las magnitudes de los incrementos en las tarifas de luz, gas y del transporte en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano. A lo que habrá que añadirle un ajuste adicional en los surtidores de combustibles.

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