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í‰ramos pocos y habló Cavallo: esto dijo sobre el precio del dólar en la Argentina

í‰ramos pocos y habló Domingo Cavallo: esto dijo del precio del dólar en la Argentina

El ex ministro de Economía valoró el sistema de flotación cambiaria pero dice que hay que realizar algunos cambios. Sus consejos para Sturzenegger

25.01.2018 06.04hs Finanzas

La disparada del dólar que está sacudiendo a la City esta semana hizo que una variedad de analistas lanzaran sus explicaciones y pronósticos sobre la situación.

El efecto de la suba es tal que hasta el ex ministro de Economí­a Domingo Cavallo se sintió impelido a emitir su visión en un extenso pero sustancioso post publicado en su blog. Allí­ habla sobre la flotación cambiaria, las decisiones de "Federico" (Sturzenegger, el titular del Banco Central) y la volatilidad que hoy muestra el precio de la divisa estadounidense.

A continuación, el texto completo:

La flexibilidad cambiaria ayuda, la volatilidad no
Federico Sturzenegger no se equivoca cuando sostiene que la flexibilidad cambiaria ayuda a evitar que shocks externos tengan efectos desestabilizantes sobre el nivel de actividad económica. Esto es bien sabido a partir de nuestra experiencia con los perí­odos de tipo de cambio fijo.

Por ejemplo, si desde 1997 en adelante, nuestra moneda convertible hubiera flotado en lugar de estar fija 1 a 1 con el dólar, en 1997 el peso se habrí­a apreciado evitando la exagerada entrada de capitales financieros y la consiguiente creación de liquidez que permitió a los gobiernos provinciales incurrir en fuertes déficits fiscales financiados con préstamos de los bancos locales, en pesos y a tasa flotante Badlar mas 700 puntos básicos.

Luego de la crisis rusa y en particular luego de la devaluación del real, el peso se habrí­a depreciado lo suficiente como para evitar el proceso deflacionario que se produjo, entre 1999 y fines de 2001, cuando el dólar se fortalecí­a fuertemente en el mundo y los precios de nuestras exportaciones declinaban. Sin duda, el nivel de actividad económica no habrí­a sufrido tanto como lo hizo entre 1999 y 2001.

Esta es la ventaja de la flotación cambiaria en comparación con el tipo de cambio fijo que destaca la literatura económica de las últimas tres décadas.

Siendo que nadie le discute esta virtud de la flotación cambiaria, me sorprendió, sin embargo, escuchar a Federico en su última presentación sobre polí­tica monetaria argumentar que la estabilidad del crecimiento trimestral del PBI del último año se debió a la flexibilidad cambiaria, cuando durante 2017 no hubo ningún shock externo desfavorable que requiriera de los fuertes cambios de velocidad del ajuste cambiario nominal que, en la práctica, provocaron movimientos indeseables en el tipo de cambio real.

Como los precios de nuestras exportaciones estuvieron bajando durante 2017, es probable que una tendencia diferente en el tipo de cambio real podrí­a haber beneficiado al crecimiento del PBI y, sobre todo, a su sostenibilidad futura.

Por supuesto, para que la tendencia del tipo de cambio real resultara diferente, se tendrí­an que haber evitado los episodios de depreciación nominal demasiado lentos e inestables (o peor, de apreciación nominal), que resultaron de la polí­tica de muy altas tasas pagadas por las Lebacs, especialmente en el segundo semestre de 2017.

Pero paso ahora a hablar de un concepto diferente al de flexibilidad cambiaria. Me refieriro a la volatilidad del precio en pesos del dólar. Lo he escuchado a Federico argumentar que la fuerte volatilidad en la cotización diaria del dólar ayuda a que la gente demande pesos y deje de pensar en el dólar como reserva de valor.

En primer lugar, deseo destacar que la flexibilidad cambiaria no implica necesariamente alta volatilidad. Puede haber flexibilidad cambiaria con muy baja volatilidad. El mejor ejemplo de este tipo de combinación es el caso de Perú, que siempre conservó la flexibilidad cambiaria para amortiguar shocks externos desestabilizadores, pero evitó tener alta volatilidad en la cotización diaria del tipo de cambio obligado por el carácter bimonetario de su economí­a.

Yo creo que la alta volatilidad cambiaria, lejos de ayudar a aumentar la demanda de pesos como reserva de valor, tiene el efecto contrario. Por varias razones. En primer lugar, porque refleja un aumento de la incertidumbre en el mercado de cambios y, a mayor incertidumbre, en un paí­s acostumbrado a que la inflación siempre termina desvalorizando a los pesos, incluso después de perí­odos en que el Banco Central intenta aumentar la demanda de pesos pagando altas tasas de interés, es casi imposible que la gente común prefiera ahorrar en pesos antes que en dólares.

No hablo de los financistas capaces de llevar adelante operaciones de arbitraje entre tasas internas y externa de interés, el "carry trade" en la jerga financiera, sino del ahorrista no sofisticado. Por eso no debe sorprender que mientras el Banco Central trata de aumentar la demanda de pesos pagando altas tasas sobre las Lebacs y succiona dólares de los "carry traders", más de un millón de ahorristas compren y acumulen mensualmente miles de millones de dólares.

Además de la experiencia de la gente sobre que moneda le sirve más como reserva de valor, hay otra razón por la que cabe esperar que la alta volatilidad del tipo de cambio nominal no ayude a reducir el costo recesivo de la lucha contra la inflación.

La alta volatilidad del tipo de cambio, reflejo de una elevada incertidumbre en el mercado cambiario, obliga al Banco Central, o al Tesoro (lo que es prácticamente lo mismo), a pagar tasas de interés más altas para lograr financiamiento en pesos para el déficit fiscal. Esto significa que la reducción del déficit fiscal total se torne más difí­cil, aun cuando se hagan fuertes esfuerzos para bajar el déficit fiscal antes de intereses (o primario).

Esto se ha visto en el año 2017 cuando el aumento de la factura de intereses prácticamente compensó la reducción en el déficit fiscal primario. Más aun cuando esto ocurrió a pesar de que la mayor parte de los intereses pagados por el Tesoro fueron por endeudamiento en dólares.

¿Qué hubiera ocurrido con la factura de intereses si el Tesoro hubiera colocado letras pagando las tasas de Lebacs en lugar de recurrir al endeudamiento externo? Hacer este ejercicio permite entender más claramente que la incertidumbre cambiaria, al obligar al Tesoro o al Banco Central a pagar tasas de interés en pesos más elevadas, lejos de ayudar a disminuir la inflación, tiene el efecto contrario.

Mi sugerencia para el Banco Central no es que abandone su polí­tica monetaria de metas de inflación, si no que la implemente manejando no sólo la tasa de interés sino el tipo de cambio nominal.

Esto significa que, por ejemplo, a partir de que el tipo de cambio alcance un nivel que se considere satisfactorio, digamos 20 pesos por dólar en los próximos dí­as, intervenga en el mercado cambiario de tal manera de hacerlo subir todos los dí­as los centavos necesarios para que al final del año se ubique en alrededor de 23 pesos por dólar.

No necesita hacer ningún compromiso demasiado firme sino sólo anunciar que procurará que el precio del dólar aumente gradualmente en lí­nea con la meta de inflación. Si en algún momento un shock externo significativo demandara más (o menos) devaluación, podrí­a admitir el cambio de ritmo o incluso un ajuste discreto, pero siempre explicando la razón y no presentándolo como una sorpresa para crear volatilidad e incertidumbre.

Por supuesto, la clave del éxito de la polí­tica de estabilización con crecimiento depende de la reducción del déficit fiscal. Pero un manejo de la polí­tica monetaria enderezada a metas de inflación, que además de manejar la tasa de interés preste atención al tipo de cambio, ayudarí­a a avanzar hacia el objetivo con menos sobresaltos y más bajos costos recesivos.

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