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Economía

Dólar indomable: el mercado y el FMI dejan sin margen a Macri para una devaluación con "gradualismo"

Presionado por FMI y el mercado, Macri queda sin margen para devaluación "con gradualismo"

Se consolida entre los economistas la idea de que el nuevo valor de equilibrio no estará debajo de $25. El mercado está "empujando" hacia ese nivel mientras el FMI sugiere la libre flotación. El Gobierno, temeroso de un "overshooting" y del pánico de los ahorristas 

Por Fernando Gutierrez
14.05.2018 04.04hs Economía

Seguramente Macri no tení­a en mente que, apenas tres dí­as después de anunciar que el acuerdo con el FMI iba a garantizar el plan "gradualista", el mercado le responderí­a llevando el billete verde a una cotización como la actual.

El clima de estas jornadas está marcando el verdadero flanco débil para el Presidente: podrá estar negociando un crédito rápido de más de u$s40.000 millones. Podrá recibir mensajes de apoyo de los gobiernos, como el de EE.UU y de China, pero no logra persuadir a los argentinos sobre el margen de acción que tiene para seguir con su gradualismo.

Mientras el Gobierno se empeñaba en enviar señales de confianza, como la reunión con gobernadores peronistas o la del ministro de Producción, Francisco Cabrera, con los popes empresariales, los pequeños ahorristas se dedican entusiastamente a comprar dólares.

A tal punto que los bancos ya tuvieron que montar un operativo especial de logí­stica para poder abastecer de billetes verdes a sus sucursales. Dicho en términos técnicos, la caí­da en la demanda de dinero (pesos) está ingresando en una nueva fase.

De manera que lo que empezó siendo una corrida contra bonos y luego contra la moneda local, se acerca a ser una corrida contra los bancos.

En ese contexto de hipersensibilidad, el gran desafí­o de Macri es que la devaluación también mantenga un ritmo gradualista.

Trascendió que en una de sus reuniones con aliados de Cambiemos, cuando le plantearon avanzar en una corrección cambiaria brusca, negó esa posibilidad por temor a que los ahorristas entraran en pánico.

Desde entonces, El Banco Central volvió a quemar reservas y empezó a operar en el mercado de futuros para tratar de detener la devaluación.

Este tipo de decisiones claramente dan por "enterrada" la adhesión ideológica del macrismo a la libre flotación cambiaria

En rigor de verdad, apoyó ese régimen sólo cuando el dólar flotó "para abajo", pero no dudó en usar la mano dura cuando lo hizo hacia arriba:

- Ocurrió en el verano de 2016 cuando, por primera vez, Macri presionó al Banco Central para que "topeara" al dólar en $16.

- Volvió a pasar en agosto 2017. En plena campaña electoral de medio término, el presidente del BCRA recibió esta orden: "Federico, hay que sacar al dólar de la tapa de los diarios".

- Y, finalmente, en esta crisis cambiaria, el Central lleva vendidos unos u$s9.000 millones, con los resultados que están a la vista.

Esa actitud ambigua de proclamar que el precio del dólar debe ser resultado del libre juego de oferta y demanda pero, a su vez, gastar "fortunas" en intervenir en el mercado para bajar su cotización, ahora se enfrenta a una prueba de fuego.

El FMI tiene verdadero apego por la libre flotación y, a diferencia de los funcionarios macristas, ve con mejores ojos cuando el billete "flota hacia arriba" que cuando cae.

"No hay que tener miedo. México aceptó flotar libremente cuando entró en crisis y superó el trance rápidamente. Se benefició. Lo mismo Brasil en su momento: optó por este sistema, superó el shock inicial y también le sirvió. Hay que flotar libremente", asegura Alejandro Werner, quien dirige el departamento occidental del FMI.

Werner nació en Argentina pero es ciudadano mexicano. Tal vez por ese motivo no termine de entender el terror al "overshooting" (cuando la divisa se dispara más de la cuenta para luego retroceder) y al pánico de pequeños inversores que desvela a funcionarios locales.

O acaso simplemente esté advirtiendo que el FMI no está dispuesto a seguir financiando una fuga de capitales -a un promedio de u$s3.000 millones por mes- que le permitió a casi cinco millones de argentinos recorrer el mundo.

Lo cierto es que la velocidad de la devaluación parece ser la única discrepancia fuerte entre el Gobierno y el FMI.

A fin de cuentas, en el resto de los temas importantes -el recorte fiscal, la flexibilización laboral, la reforma jubilatoria- hubo hasta ahora un alto nivel de coincidencia.

La cuenta maldita
El FMI no recomendará un precio "meta" para el dólar. No está entre sus conductas habituales, dado que prefiere que sea el mercado el que le encuentre el nivel de equilibrio.

Lo que sí­ tiene muy en cuenta es un indicador que los funcionarios argentinos evitan mencionar: el déficit de la cuenta corriente.

Ese rojo (diferencia entre los dólares que entran y los que salen del paí­s) está en un nivel de 5%, uno de los más altos de la historia y similar al del momento previo a las grandes crisis del pasado reciente.

Cada vez que se generó semejante desequilibrio -porque habí­a tipo de cambio fijo o por la salida de divisas para pago de intereses de deuda-, se terminó en un ajuste violento.

Pasó en el "Rodrigazo" de 1975, en la ruptura de la "tablita" de 1981, en la crisis del Plan Austral en 1988, en el "Tequila" de 1995 y con el colapso de la convertibilidad en 2001.

Salvo el caso del Tequila, de todas esas crisis se salió con una fuerte devaluación. Así­, entre los economistas va ganando el consenso de que esta vez no será la excepción.

En otras palabras, el ajuste que el sector "ortodoxo" le reclamaba a Macri por la ví­a de un recorte fiscal se terminará dando por un lado cambiario.

Si bien aún no se tiene precisión sobre el nivel de dólar que cerrarí­a esa brecha de la cuenta corriente, lo cierto es que los economistas argentinos hacen referencia a un posible nivel de estabilización en torno de los $25.

Se trata de un valor al que muchos creí­an que se podrí­a llegar a fin de año, pero los tiempos parecen acelerarse: en el mercado de futuros ya se pactan contratos a $29,30 con fecha diciembre.

En otras palabras, el gradualismo aplicado a la polí­tica cambiaria se está haciendo difí­cil de manejar, aún con la noticia de que se contarán con los dólares del FMI.

Así­ las cosas, el momento le impone a Macri una disyuntiva complicada: determinar cuál de los dos miedos es peor, si el del dólar alto o el de la volatilidad.

- Si es lo primero, se justifica la devaluación gradualista y controlada

- Si es lo segundo, es preferible una devaluación de un saque. Luego congelar el precio y disfrutar el rédito de la competitividad recuperada.

El mercado financiero parece haber dado su diagnóstico: prefiere el ajuste rápido.

El turismo en la mira
Hasta ahora, los funcionarios han tratado de evitar una mega devaluación, ya que temen no poder contener el efecto del contagio a precios.

Como mal precedente, tienen la corrección cambiaria de 2016 tras el levantamiento del cepo, cuando el ex ministro Alfonso Prat Gay habí­a subestimado el impacto inflacionario de la medida.

Es por eso que están evaluando medidas alternativas que cumplan la función de "devaluar sin devaluación".

En otras palabras, que se atenúe la salida de dólares sin tener que recurrir necesariamente a un dólar demasiado alto.

Tales iniciativas cobrarí­an la forma de un impuesto o regulación para algún rubro especí­fico. Y el sector que tiene todos los boletos comprados es el turismo.

Los números son de una contundencia que exime de todo comentario: desde que Macri asumió salieron del paí­s u$s20.000 millones, que fueron a manos de viajeros que despegaron de Ezeiza.

Incluso esa cifra es el resultado neto. Es decir descontándole el dinero ingresado por los turistas extranjeros que llegan al paí­s. Si sólo se considerase la cifra bruta, sólo el año pasado salieron u$s12.660 millones.

Para tener referencia de la magnitud, este caudal es tres veces superior a la facturación declarada por los 40 shoppings que operan en Capital y el Gran Buenos Aires.

En estos dí­as, se habla de algún tipo de impuesto al turismo. Y el primero en hacerlo abiertamente es Carlos Melconian, muy influyente por ser considerado un "ministeriable".

"El dólar del que quiere viajar no puede valer lo mismo que el 'dólar fideo'. El que quiere ir a Miami que pague eso más un impuesto", afirma, para sorpresa de quienes sintieron en esa propuesta una réplica a las intervenciones en la era kirchnerista.

Si bien apela a cifras a tí­tulo ilustrativo y a modo de ejemplo, no pasa desapercibido que en su cálculo, el "dólar turista" resultarí­a ser 25% más elevado que el valor nominal del billete verde.

La idea de encarecer los destinos fronteras afuera también resuena con fuerza en la City. Desde Balanz Capital alertan: "La cantidad de argentinos que viaja y traen sus valijas llenas de productos del exterior está completamente fuera de control".

"Claramente, más y más personas de clase media se suben a los vuelos y disfrutan las facilidades otorgadas por las deudas bancarias y de tarjeta de crédito", recalcan.

Frente a este panorama, desde Balanz "recomendaron" al BCRA que "imponga cargos de capital más altos" al financiamiento con plásticos.

También, que el Gobierno "limite la cantidad de cuotas mensuales" que ofrecen las agencias.

El margen se estrecha
Hay, sin embargo, quienes todaví­a creen que el acuerdo con el FMI le puede dar margen a Macri para sostener el gradualismo en el plano cambiario, siempre y cuando dé firmes señales de recorte fiscal y mantenga abierto el comercio.

El economista Federico Muñoz recuerda que el "turismo shopping" hacia Chile se desplomó cuando el Gobierno dio de baja los aranceles para los artí­culos tecnológicos.

"Si se hiciera algo similar en el rubro textil, también caerí­a el gasto en el exterior por compra de ropa. Aunque parezca paradójico en un momento de salida de divisas, creo que el FMI recomendará más apertura comercial antes que un impuesto al turismo", argumenta.

En su visión, una focalización en el equilibrio fiscal traerí­a naturalmente una mejora en la cuenta corriente, ya que el mayor desajuste corresponde al sector público.

En cualquier caso, se trata de medidas desagradables para el Gobierno y desafí­an seriamente su objetivo del "gradualismo".

La realidad es que con un diagnóstico generalizado sobre un billete verde por debajo de su punto de equilibrio, y sin un flujo de capitales que justifique el atraso cambiario, sólo queda por delante el ajuste.

Todo indica que, contra lo que dijo el ministro Cabrera -"la crisis del dólar en pocos dí­as será historia"- esta situación dominará la agenda nacional.

El tiempo dirá si Macri emergerá fortalecido o si habrá hipotecado su reelección de manera irreversible.

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