Economía

El FMI quiere otro manejo del dólar en Argentina: qué exige al gobierno de Macri antes de girarle la plata

07-06-2018 Los técnicos del organismo presionan para que el Banco Central levante su oferta diaria de u$s5.000 millones en el mercado cambiario. Los funcionarios argentinos aseguran que aún no es momento de frenar la medida. Creen que todavía no se disipó el riesgo de una nueva corrida contra el peso
Por Claudio Zlotnik
Recibí nuestro newsletter diario SUSCRIBIRME
A-
A+

Desde hace unos días, circula la versión de que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional está "casi" cerrado. Esto ha generado entusiasmo en el mercado y alivio tanto en funcionarios como en un empresariado ávido de buenas de noticas.

El problema es en qué consiste el "casi".

No es ni un pequeño de detalle ni un ajuste en la letra chica. Más bien, el punto en el que delegación argentina y los técnicos del FMI no terminan de ponerse de acuerdo es de extrema sensibilidad.

Más aún, lo que se decida puede inclinar la balanza hacia el lado de un acuerdo beneficioso para el país o hacia la profundización de la crisis.

¿Cuál es ese tema tan crucial, capaz de mejorar las expectativas o derrumbarlas por completo? Nada más y nada menos que el manejo del dólar en Argentina.

Los expertos del organismo de crédito insisten en que la cotización debe estar dictaminada por el mercado, según el libre juego de oferta y demanda.

Entrelíneas, significa que no les agrada la actual política del Banco Central, que todos los días se "planta" con una mega oferta de u$s5.000 millones para topear el precio mayorista en $25, al tiempo que el Banco Nación vuelca billetes al circuito para abastecer el canal minorista.

En consecuencia, como gran condición para poner la firma a la línea de asistencia, quieren que el gobierno argentino libere por completo el mercado cambiario, algo a lo que los funcionarios le tienen mucho miedo.

Y no es para menos. Todavía está muy fresco el recuerdo de la traumática devaluación del mes pasado como para que asuman el riesgo de una eventual nueva disparada del dólar, que nadie se anima a calificar de imposible en este contexto de incertidumbre.

Diagnóstico: no es momento de flotar
Fuentes que siguen de cerca las conversaciones en Washington señalan a iProfesional que el Gobierno confía en que el anuncio del acuerdo con el FMI, por sí solo, mejorará las expectativas del "mercado".

Además, entienden que descomprimirá las tensiones cambiarias que se han mantenido incluso durante las negociaciones.

Convencidos de que la noticia tiene la fuerza suficiente como para que así suceda, prefieren "no innovar" y mantener la actual política cambiaria. Al menos hasta que pueda implementarse el crédito stand by del FMI.

Esto no es compartido por los técnicos del Fondo quienes, desde el inicio, han planteado otra cosa. Concretamente, que el Gobierno tiene que dejar flotar al dólar desde antes de que eso suceda.

El organismo no está dispuesto a repetir sus malas experiencias del pasado, como sucedió en Rusia 1997 o en la propia Argentina 2001, en las que terminó financiando la fuga de capitales.

En este sentido, Argentina adolece de un grave problema estructural, que viene siendo monitoreado de cerca por la línea técnica del FMI: la salida de más de u$s20.000 millones anuales adjudicada, en gran medida, a la política de dólar "barato" aceptada (y a veces hasta promovida) por el Gobierno.

El organismo viene tomando nota de lo que sucede con el tipo de cambio desde hace varias semanas:

- Tras ceder a las presiones y devaluar, el Banco Central comenzó a poner diariamente sobre la mesa una oferta de u$s5.000 millones, a $25, en la plaza mayorista

- Desde que dio a inicio a este plan, la cotización prácticamente se pegó a ese techo

- Paralelamente, el Banco Nación se ve obligado a intervenir casi todos los días para abastecer la fuerte demanda de billetes verdes

Conclusión: incluso con un dólar que está casi 24% más caro que al comienzo de la corrida -en el segmento mayorista- la demanda, lejos de mermar, se mantiene elevada.

La otra la lectura inmediata y lineal es que buena parte del público cree que el billete verde podría estar más arriba, de no ser por esa agresiva postura de Federico Sturzenegger.

En tanto, la caída de reservas del Banco Central (por debajo de u$s50.000 millones, el peor nivel en nueve meses) alimenta las sospechas de los más pesimistas.

Recientemente Nicolás Dujovne convocó a influyentes economistas de la City como Miguel Ángel Broda, Ricardo Arriazu, Miguel Bein y Pablo Guidotti.

En ese encuentro, hubo diferentes puntos de vista sobre cómo abordar los problemas de la economía, pero en lo que sí todos coincidieron es en un punto: como están las cosas, lo peor que podría hacer el Gobierno es dejar al dólar bajo un sistema de flotación pura (precisamente lo que pide el FMI).

Este consenso revela un mismo diagnóstico: la economía sufrirá más de lo que pueda ganar con una eventual nueva corrida, por el alto contagio a los precios (pass through) derivado de las devaluaciones.

De hecho, las consultoras están revisando al alza sus proyecciones de inflación para el año, dado que ese efecto contagio recién se verá en toda su plenitud en los meses de junio y julio. Es por ello que algunas creen que rondará el 30%.

La búsqueda del camino del medio
Los principales bancos de inversión, tanto locales como de Wall Street, dan por descontado que el acuerdo con el FMI se firmará rápido. De hecho, Mauricio Macri quiere viajar a Canadá, para la reunión con el Grupo de los Siete países más poderosos, con el documento rubricado.

Llamativamente, la cuestión fiscal no es la que genera grietas entre el Palacio de Hacienda y el FMI. Por el contrario, fue el propio Macri el que izó como bandera el ordenamiento de las cuentas públicas y aceleró el ritmo del ajuste.

El punto central en las negociaciones con el FMI pasa por el manejo del dólar.

Por lo pronto, el FMI incorporará el objetivo de "Activos Internos Netos", una forma elegante de limitar la cantidad de reservas que puede vender el BCRA en el mercado en caso de una corrida.

Pero, además, quiere estar seguro de que el tipo de cambio actual no es artificial. Y para ello le pide a Sturzenegger que retire el "dique de contención" de u$s5.000 millones, acaso lo único que impidió que el precio mayorista no traspasara los $25.

Así las cosas, sobre el tramo final de la negociación surgen dos preguntas claves:

- Si se avala el reclamo del FMI de quitar ese dique de contención, ¿en qué momento hacerlo? El Fondo quiere que sea antes de girar el dinero. El Gobierno (por miedo y prevención), después.

- Si se abandona esa política, ¿habrá una nueva corrida que lleve al dólar muy por encima de $25 o se mantendrá en ese nivel?

En dialogo con iProfesional, una fuente con de vasta experiencia en este tipo de negociaciones afirma: "Lo lógico es que la diferencia se zanje a mitad de camino".

"Es decir, que se haga el anuncio del acuerdo con todos los detalles pero que el dinero se transfiera luego de levantada la medida", añade.

En medio de este debate, el Gobierno se aseguró un refuerzo de reservas. Será a través de un aporte adicional de China gracias a la ampliación del "swap", que ya está vigente por unos u$s11.000 millones.

Es altamente probable que los funcionarios activen esta operación con China en caso de que el apetito de los inversores por los billetes verdes se mantenga en niveles elevados.

Inversores revisan la estrategia
En Wall Street no pasaron desapercibidas las últimas declaraciones del ministro de Finanzas, Luis "Toto" Caputo.

En reunión con banqueros, sostuvo que el Tesoro venderá directamente al mercado el 100% de los dólares que obtenga en las próximas emisiones de deuda, tal como hizo tras la reapertura por u$s3.000 millones de los BOTES (Bonos del Tesoro).

Analistas neoyorkinos interpretaron ese anuncio como el intento por asegurar la paz cambiaria y así cortar de cuajo una incipiente intranquilidad de financistas, reflejada en su incesante búsqueda del billete verde.

Además, perciben que parte importante de la nueva demanda de divisas de las últimas dos semanas -una vez sofocada la corrida- provino de empresas, locales y extranjeras, inquietas por el panorama de corto plazo.

En general, habían invertido en instrumentos en pesos (Lebac, pero también bonos del Tesoro) antes de la disparada del dólar, por lo que no quieren repetir la mala experiencia de quedarse con títulos devaluados en plena corrida, razón por la cual salieron a desarmar posiciones.

La gran mayoría tuvo que anotar pérdidas por jugarse a la rentabilidad en moneda local en el marco de un tipo de cambio quieto. Ahora prefieren la seguridad de mantener sus portafolios dolarizados.

Hoy día, el mercado evalúa que el inminente acuerdo con el Fondo podría ser una ventana de oportunidad para reducir las tenencias en pesos y pasarse a dólares aprovechando una paz financiera de duración incierta.

La otra gran cuestión que terminará de definir el nuevo escenario refiere a las tasas de interés: a nadie escapa que una referencia del 40% anual es un hecho extraordinario y que, más temprano que tarde, ese premio al inversor bajará.

El punto es que cada vez que el BCRA apuró una baja, el mercado se puso tenso. La última vez fue en diciembre, en medio de la revisión de la meta inflacionaria del Banco Central.

Se acercan jornadas decisivas para el futuro de la economía. Una vez más, el manejo del dólar vuelve a quedar en el centro de la escena.

SECCIÓN Economía
NOTAS RELACIONADAS
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR