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Sí­ndrome Lavagna: el peronismo quiere recuperar la aceptación de la clase media de cara al 2019

Sí­ndrome Lavagna: el peronismo quiere recuperar la aceptación de la clase media de cara al 2019

El ámbito político está sorprendido por el alto índice de imagen positiva que goza el ex ministro de economía. Y su candidatura, antes impulsada en soledad por Eduardo Duhalde, ya empieza a ser vista como una posibilidad concreta para un peronismo que se entusiasma con volver al poder en 2019

Por Fernando Gutierrez
16.07.2018 04.59hs Política

Corrí­a el verano caliente de 2002. Mientras los cartoneros invadí­an las calles y la clase media hací­a oí­r su indignación golpeando las cacerolas y asustaba con salir a quemar los bancos -con banqueros adentro-, Eduardo Duhalde se preguntaba qué hacer para lograr un poco de paz.

Su primer ministro de economí­a, Jorge Remes Lenicov, habí­a sufrido un rápido desgaste luego de pagar el costo de haber oficializado la muerte del plan de convertibilidad, con lo cual el dólar habí­a saltado del "uno a uno" a un pavoroso "tres y medio a uno".

La recesión era histórica y el desempleo alcanzaba niveles récord. En medio de ese panorama, el presidente interino escuchó un consejo que, más tarde, admitirí­a como el que más valoró durante su breve pero agitado mandato.

Se lo dio el ex presidente Raúl Alfonsí­n: el hombre indicado para ocupar el cargo de ministro de economí­a era Roberto Lavagna.

Duhalde atribuyó más tarde a Lavagna el mérito de haber estabilizado la economí­a sin que la mega devaluación haya derivado en hiperinflación. Y que la actividad iniciara una senda de crecimiento acelerado tras cuatro años de recesión.

Su satisfacción era tal que cuando se aproximaban las elecciones y ninguno de los precandidatos peronistas medí­a bien en las encuestas, Duhalde analizó la posibilidad de que el postulante fuese Lavagna.

Finalmente, cuando decantó por Néstor Kirchner, le puso como condición que dijera públicamente que mantendrí­a a Lavagna como ministro si llegaba a la presidencia.

A Kirchner no le agradaba la situación, pero terminó admitiendo a regañadientes que era la forma de conseguir la aprobación de la clase media.

Pasaron 15 años, pero Duhalde no parece haber cambiado de opinión: desde hace meses está embarcado en una campaña para convencer a los dirigentes peronistas sobre la necesidad de consensuar una candidatura única para 2019, y que Lavagna sea quien encabece la fórmula.

Para el ex presidente es la forma de desafiar con éxito a Macri en las elecciones del año próximo y lograr que un peronismo con imagen renovada vuelva a la Casa Rosada.

La propuesta empezó a ser debatida en el seno del PJ. Pero es, sobre todo, un sí­ntoma del momento polí­tico del paí­s: la reelección del actual jefe de Estado -que hasta hace pocos meses se daba como un hecho-, ahora está seriamente cuestionada.

El peronismo se pregunta cómo hacer para seducir a esa clase media que quedó resentida por el estilo y las polí­ticas del kirchnerismo.

Ganar ese apoyo resulta imprescindible para imponerse en un eventual balotaje en 2019, y lo cierto es que no abundan las figuras que puedan conseguirlo.

Qué tendrá Lavagna
En un inicio, la propuesta de Duhalde parecí­a no encontrar mucho eco entre sus compañeros, hasta que empezaron a llegar las encuestas de imagen ante la opinión pública.

El sondeo de D'Alessio-Berensztein dejó boquiabierta a toda la clase polí­tica: la imagen positiva de Lavagna es de 55%, lo cual lo convierte en el polí­tico mejor visto por la ciudadaní­a.

Supera incluso a la gobernadora Marí­a Eugenia Vidal, quien vení­a siendo imbatible en cuanto a simpatí­a popular.

También deja lejos al propio Macri y a lí­deres peronistas como Sergio Massa y la ex mandataria Cristina Kirchner.

Pero hay más: Lavagna no sólo logra el apoyo en los sectores peronistas enfrentados entre sí­ (como el kirchnerismo y el Frente Renovador) sino que también capta adhesiones entre los votantes de Macri desilusionados por el escenario de estancamiento económico.

Un aspecto llamativo es que aunque transcurrió más de una década desde su última actuación protagónica (candidatura presidencial en 2007), la figura de Lavagna no ha perdido influencia.

"Tiene un alto grado de conocimiento entre la ciudadaní­a, incluso entre los jóvenes, pese al bajo perfil que mantiene desde hace tiempo", apunta Sergio Berensztein, el politólogo que puso números al fenómeno Lavagna.

"Es uno de esos casos en los que la gente no recuerda tanto su figura sino que más bien asocia su nombre a una etapa histórica de crecimiento. Me hace acordar lo que le pasaba a Alende en los '80, quien 20 años después de haber sido gobernador aún era identificado como buen gestor", agrega.

Probablemente, esto mismo es lo que captó Duhalde al proponer que su ex ministro fuera la figura aglutinante del peronismo. Es conocida su afición por estudiar a fondo las encuestas y los buenos números lo han impresionado.

La figura de Lavagna se agigante en tiempos de crisis e incertidumbre porque, precisamente, él debió asumir en una situación dramática y lideró una fase de crecimiento acelerado.

"Es muy probable que cuando se inicie la campaña electoral, la economí­a siga golpeada. Esto puede beneficiarlo, ya que es percibido como alguien con capacidad de resolver problemas complejos", afirma Berensztein.

"Tiene una imagen de moderación, se lo ve como un tipo razonable, de diálogo, que no se asusta. En el peronismo hay gente con experiencia pero ninguno tiene esa visibilidad ni esa buena imagen", añade.

Economista de perfil desarrollista -como estaba en boga en los años '60- Lavagna inició su actividad pública como director nacional de polí­tica de precios y luego subsecretario de coordinación en obras públicas, durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón.

Luego de la dictadura, fue secretario de comercio exterior de Alfonsí­n, desde donde negoció con Brasil el proceso de integración regional que luego derivarí­a en el Mercosur.

Durante la crisis del gobierno de Fernando de la Rúa, alejado del convulsionado clima argentino, Lavagna viví­a en Bruselas, donde ejercí­a como embajador ante la Unión Europea y otros organismos internacionales. Allí­ recibió el llamado que lo pondrí­a en el ojo de la tormenta.

Asumió con un dólar muy alto que le habí­a dejado Remes Lenicov y esto lo ayudó a reactivar un aparato productivo que súbitamente habí­a recuperado competitividad.

El elevado nivel de desempleo, junto a una fuerte disciplina monetaria, le posibilitó contener la inflación sin que los precios corrieran detrás del billete verde. Y, en otro golpe de suerte, las divisas comenzaron a fluir gracias al boom de la soja.

En tanto, negoció con acreedores un canje para la deuda en default, que incluirí­a como elemento central el famoso "cupón atado al crecimiento del PBI".

Afortunadamente para él, Kirchner lo echó en diciembre de 2005, de manera tal que su figura no quedó asociada a los puntos débiles del modelo, que recién empezarí­an a hacerse visibles dos años después con la disparada inflacionaria.

Un perfil ganador
"El próximo presidente yo ya sé quién va a ser: va a ser Roberto Lavagna, no tengo ninguna duda", dice convencido Duhalde.

"Necesitamos un hombre que supere las grietas, no es cualquiera que puede ir, necesitamos experiencia", añade.

Lo curioso del caso es que pocos dí­as antes de esa declaración, la eventual postulación habí­a sido desmentida por una fuente autorizada: Marco Lavagna, hijo de Roberto y actual diputado por el Frente Renovador que lidera Massa.

Sin embargo, esa repetida alusión de "hay que dejar paso a los jóvenes", que el ex ministro desliza cada vez que alguien insinúa su posible candidatura, no termina de sonar como una negativa convincente.

La propia insistencia de Duhalde, quien mantiene una relación personal con Lavagna, parece ser la mejor prueba de que no sólo no se trata de un capí­tulo cerrado sino que hay una creciente corriente de opinión en el peronismo que apunta a levantar esa candidatura para 2019.

Hasta ahora, todos los precandidatos del espacio peronista adolecen de algún impedimento para plantearse con seriedad la posibilidad de ganar en la próxima elección presidencial.

Cristina Kirchner, que no ha confirmado qué hará, viene de ser derrotada en las legislativas de Buenos Aires y tiene sólo 30% de imagen positiva.

En las últimas semanas se habló del diputado Agustí­n Rossi como posible candidato por el kirchnerismo, pero las encuestas no lo registran con posibilidades.

Massa no parece capaz de aglutinar a todo el PJ, con lo cual perderí­a los votos kirchneristas. Hay sondeos que marcan un "techo bajo" para sus aspiraciones por el porcentaje de imagen negativa (hasta 80% en algunas mediciones), lo que le restarí­a chances en un eventual balotaje.

Incluso, sufrirí­a la competencia de quienes antes lo habí­an acompañado, como Felipe Solá, que ya se lanzó.

Por su parte, dentro del espacio peronista tradicional y vinculado con las gobernaciones provinciales, la figura más saliente, la del salteño Juan Manuel Urtubey, apenas supera en imagen positiva a Cristina Kirchner, por el elevado componente de rechazo.

Acaso la mejor demostración de que la candidatura de Lavagna empieza a ser tomada en serio haya sido la reacción en la "vereda de enfrente". Elisa Carrió, principal aliada polí­tica de Macri, fue bien elocuente al demostrar su temor cuando se hicieron públicos los últimos sondeos.

Desde su cuenta de Twitter, admitió tácitamente que el ex ministro podrí­a generarle problemas electorales a Cambiemos, como ya se los produjo a ella misma al restarle votos para llegar al balotaje en 2007.

El mensaje de Carrió tiene su habitual contundencia: "El Peronismo ya usó a Lavagna para dividir los votos en el año 2007, para que Cristina ganara la Presidencial ¿se acuerdan? Cuidado con repetir la historia".

"Tenemos que ser firmes en lo dicho hace dos años. #NoVuelvenMás y no es contra el Peronismo, sino contra el PJ corrupto", añadió.

¿Buscando el operativo clamor?
Queda en el aire la duda sobre si Lavagna efectivamente se siente atraí­do por una candidatura o si quiere permanecer al margen.

A sus 76 años, es posible que considere que una campaña y una eventual presidencia sea una carga demasiado pesada. Pero, por otro lado, quienes lo conocen afirman que su personalidad y elevada autoestima lo llevarí­an a aceptar.

"El hecho de que él diga que no quiere en este momento no hace más que fortalecerlo", observa Berensztein.

El tema es ver cómo juega sus cartas el peronismo. Para el politólogo, la única posibilidad de esta candidatura es que aparezca como la solución de consenso, sin exponerse a luchas internas. Casi como un "operativo clamor".

"í‰l no puede decir, como Massa, que quiere recorrer la ancha avenida del medio. Tiene que ser algo diferente, aparecer como el hombre al que los demás van a buscar. Debe reflejar apoyo de los gobernadores, de los parlamentarios y del aparato partidario", señala Berensztein.

Los tiempos electorales se avecinan. Y el ex ministro, que ya entró en la lista de las figuras encuestadas, terminará de definirse antes de fin de año.

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