FINANZAS DE LA CRISIS

En el ojo de la tormenta, Guzmán desoye al kirchnerismo y adopta medidas de ajuste ortodoxo

El ingreso tributario crece al 61% mientras el gasto lo hace al 50%. Qué pasa con la base monetaria y cómo es el plan anti inflacionario de Guzmán
ECONOMÍA - 10 de Abril, 2022

Martín Guzmán está haciendo gala de esa calma que exaspera a sus críticos. Cuanto más duros son los cuestionamientos y pedidos indirectos de renuncia para el ministro de Economía, más se refugia en el estilo que ya es su marca registrada: envía un discurso conciliador mientras hace lo opuesto a lo que le reclaman.

En las últimas horas se exacerbó como nunca el reclamo para tomar medidas contra el empresariado. Toda la plana mayor del kirchnerismo, desde el gobernador Axel Kicillof hasta el secretario de comercio, Roberto Feletti, y desde el diputado Máximo Kirchner hasta los dirigentes sindicales de la línea combativa, están pidiendo medidas de choque contra el campo, la industria y las cadenas comerciales.

El principal reclamo es el de un incremento generalizado en las retenciones a la exportación agrícola, fundado en el argumento de que es la forma de moderar la inflación de alimentos y de que no se afectará a los productores porque ahora se están beneficiando de un aumento de su renta causado por un motivo exógeno, como es la guerra en Ucrania.

Pero Guzmán no sólo no da satisfacción a este reclamo sino que está dando señales de que, por más que en su discurso reivindique el "origen multicausal" de la inflación, en su fuero íntimo comparte la visión ortodoxa que pone el foco en la financiación monetaria del déficit fiscal.

"La inflación es una de las prioridades de la política económica", dijo Guzmán el viernes en San Pablo ante un auditorio formado por la crema empresarial brasileña. Pero el ministro sabía que esa era una frase que causaría más impacto en el ámbito político argentino que en su auditorio brasileño -cuya preocupación notoria fue cuándo terminarían los controles cambiarios que sufren sus empresas en Argentina-.

Claro, pocas horas antes Feletti se había quejado sobre la falta de una política macroeconómica apuntada a bajar la inflación y se había excusado con el argumento de que desde su secretaría de Comercio, el herramental para combatir la suba de precios era limitado. "Esto se va a poner feo", fue la frase con destino directo a titular de notas periodísticas.

Máximo Kirchner exacerbó sus críticas al plan económico y lidera la facción peronista que se opone con fuerza a Guzmán

Y también estaba en el aire la crítica de Máximo Kirchner, quien anticipó que la publicación del dato de inflación de marzo -Indec lo dará a conocer el miércoles próximo- significaría un duro golpe político que ameritaría la toma de medidas urgentes. En tono netamente opositor, Máximo justificó su postura de rechazo al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y amenazó con plegarse a las protestas contra las políticas oficiales.

"Tenemos que retomar el camino y si a veces hay conflicto y si a veces alguien te amenaza, hay que contárselo a la gente, pedirles que te acompañen, vamos a salir a la calle, como hicimos con Néstor y Cristina, y vamos a dar la pelea", dijo en un acto con dirigentes sindicales. Además, dejó un mensaje para los empresarios: "¿Cómo puede ser que no entiendan que está faltando la comida en la mesa de los argentinos y argentinas? Hay que ser más generosos, hay que dejar de quejarse si cortan una calle. ¿Pero qué quieren que hagan?"

Señales ortodoxas en el plano fiscal

Pero la opinión que posiblemente más le preocupó a Guzmán no vino desde el kirchnerismo sino de las encuestas entre sus propios colegas. En el Relevamiento de Expectativas Económicas que hace todos los meses el Banco Central, se constató un fuerte ajuste al alza en los pronósticos de inflación.

El promedio del mercado espera una inflación de 59,2% para el año, lo que implica un empeoramiento brusco de las expectativas, dado que hace apenas un mes se proyectaba una inflación del 55%. Es por eso que Guzmán intenta enviar señales tranquilizadoras al mercado. Por ejemplo, que después de marzo, se iniciará una serie de registros de inflación en descenso.

Y, más que por la vía de controles de precios, la forma en que se espera consolidar esa moderación inflacionaria es con medidas de ajuste en los planos fiscal y monetario. Es decir, la receta clásica del FMI.

A pesar de que los últimos números fiscales registraron el impacto de los mayores costos de energía –de hecho, los subsidios estatales en ese rubro registraron en el arranque del año un aumento real de 88%- Guzmán compensó con recortes del gasto en otras áreas.

Como, además, la recaudación tributaria sigue aumentando por encima de la inflación, esto permitió que en el último mes se presentara una foto esperanzadora: mientras el ingreso fiscal crece a un ritmo de 62% interanual, los gastos lo hacen al 50%. En términos reales, esto significa que mientras la caja de la AFIP engorda a un ritmo de 6% respecto de un año atrás, los gastos caen un 1,3%.

Tanto en el gasto público como en la gestión de liquidez del mercado, Guzmán está enviando señales de contracción.

Crece la deuda en pesos

Pero además, el ministro está dando muestras de que se tomó a pecho la meta de que ese rojo en el presupuesto se financie cada vez más con crédito del mercado y menos con asistencia del Banco Central.

Por ahora, el mercado le viene respondiendo favorablemente: en la última licitación logró renovar vencimientos en pesos por un monto equivalente a 3.200 millones de dólares, y le dejaron un plus de 30%.

La situación tiene sus parecidos con el escenario de hace un año, cuando Guzmán aprovechó la circunstancia favorable del primer semestre para moderar el gasto y tomar deuda en el mercado, sabiendo que luego, en medio de la campaña electoral, debería hacer concesiones.

Este año no hay elecciones, pero igualmente hay pronósticos negativos sobre la buena disposición del mercado para seguir financiando gasto por un 1,6% del PBI a lo largo de todo el año.

Los informes de las consultoras indican que habrá momentos exigentes, como por ejemplo en julio, cuando se acumulen vencimientos por $1,3 billón. Y, además, observan cómo los inversores cada vez van tomando deuda de más corto plazo, de manera de no quedarse en su cartera con títulos que venzan después del recambio de gobierno en 2023. Eso conlleva el temor tácito a un posible "reperfilamiento" de la deuda.

Financiamiento en pesos: por ahora, el mercado está aceptando las propuestas de Guzmán.

Sentido inverso al Plan Platita

Ante esos temores del mercado, Guzmán -junto a Miguel Pesce, presidente del Banco Central, que viene subiendo la tasa de interés- envió otra señal potente: la base monetaria experimentó una contracción de 2,4%, un hecho que no ocurría desde hacía un año.

El Banco Central informó que, en relación al PBI, la base monetaria se ubica en un 6,1%, una cifra similar a la de principios del 2020 y en torno a los mínimos valores desde 2003.

Es una situación que va en el sentido inverso al del último trimestre del año pasado, cuando en el marco del "Plan Platita" se emitió casi un billón de pesos, una cifra más grande que la de los tres trimestres anteriores sumados.

Para quienes mantienen la visión sobre el origen monetario de la inflación, el mensaje es claro: lo que explica la aceleración de los precios que se registró en los primeros meses del 2022 fue aquella emisión "electoral" de hace un semestre. Y, bajo la misma óptica, la contención monetaria de estos días traería como consecuencia un sendero de inflación a la baja en los próximos meses.

A pesar de la suba en los subsidios a la energía, Guzmán cuenta con chances de aprobar la primera revisión del FMI.

La sospecha sobre el shock salarial

La moderación monetaria y fiscal no es el único terreno en el que Guzmán ha mostrado su vocación por un ajuste de tipo clásico: también está mostrando una sugestiva moderación en la política de ingresos de la población.

Ya había dado señales contundentes de ello al promover la cifra de 45% como referencia para las paritarias, cuando el mercado esperaba una inflación al menos 10 puntos mayor. Luego ratificó esa postura al anunciar un esquema de suba gradual del salario mínimo -el que, además, impacta sobre los planes de asistencia social- que completará un incremento de 45% recién en diciembre.

Y, ante la demanda desde la propia coalición gubernamental por un aumento salarial dictado por decreto, se mantuvo firme en su negativa. El ministro no lo dice en público, pero lo que trascendió en el kirchnerismo es que Guzmán teme que una inyección de dinero en los bolsillos de los asalariados pueda terminar presionando al dólar paralelo, una vez que esa liquidez extra llegue a las cajas de los comercios.

Y el dólar paralelo -que viene retrocediendo tras el acuerdo con el FMI- es uno de los pocos factores que están haciendo la función de "ancla", ahora que el acuerdo con el FMI lo comprometió a acelerar el deslizamiento del tipo de cambio oficial y que, además, empieza a sentirse el efecto del aumento de tarifas.

Esa suma de circunstancias hace que, contrariando el pronóstico de Cristina Kirchner sobre un colapso del plan económico en un mes, Guzmán cree que el tiempo le jugará a favor. Además, es optimista sobre sus posibilidades de aprobar el test del FMI cuando en mayo arribe la primera misión de auditoría.

Lo que no está claro, en cambio, es que sea Guzmán quien reciba a en Ezeiza a los funcionarios del Fondo, o si la presión del kirchnerismo hará que haya otro funcionario menos "ortodoxo" ya ocupando el cargo.

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