Economía

Primeros heridos de la reforma impositiva: prevén aumentos, despidos y un freno a la inversión en sector bebidas

02-11-2017 La industria de la bebida se mostró molesta con las medidas anunciadas por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Advierten que los mayores alícuotas tendrán un inevitable impacto en el consumo y que las economías regionales sufrirán
Por Andrés Sanguinetti
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De manera gradual pero decidida el Gobierno buscará avanzar a partir de ahora en el objetivo de transformar varios de los anuncios que forman parte de la reforma tributaria en hechos concretos.

Se trata de una tarea que no le será fácil, por lo menos en los sectores que fueron afectados por una suba de alícuotas o porque fueron incluidos en un impuesto que hasta ahora estaban exentos.

Los casos de las gaseosas con azúcar, los vinos y las cervezas serán, seguramente, los más emblemáticos a la hora de la lucha que se librará en el Congreso para transformar las intenciones oficiales de aumentar la presión fiscal sobre estas bebidas en una realidad.

En este sentido, entrarán a jugar otros intereses más allá de los políticos o de las intenciones del Gobierno, más que nada los vinculados a las economías regionales que podrán verse afectadas por estos cambios. Es decir, los productores de uva, caña de azúcar y cebada, por caso.

Si bien habrá que esperar el apoyo que tendrán en el Parlamento estos paquetes de medidas de parte de los representantes de las provincias afectadas, entre los fabricantes de estas bebidas ya advierten sobre las consecuencias negativas que tendrán las nuevas alícuotas para vinos, gaseosas y cervezas.

Pronostican un panorama sombrío, con despidos de personal, caída de las ventas, aumentos de precios y hasta cierre de plantas por la consecuente reducción de los mercados.

Las predicciones tienen que ver con que la parte de la reforma fiscal referida a los impuestos internos implementa una serie de modificaciones en las tasas nominales.

Por un lado, beneficia a la importación de electrónica con la eliminación de una tasa del 17%, al igual que la que gravaba la venta de autos de gama media de entre $380.000 y $800.000 y las motos de entre $70.000 y $140.000.

Por otro lado, incrementa la presión fiscal a las bebidas llamadas blancas (whisky, coñac, por caso) a una tasa gradual que arrancará en el 20% y terminará en el 29%.

En el caso de las cervezas le sube la alícuota del 8% al 17%, al igual que a los espumantes. Para los vinos y sidras la tasa será de 10%, y las gaseosas en general y otras bebidas sin alcohol azucaradas deberán tributar un 17%. Hasta ahora, pagaban entre 4% y 8%, pero se mantienen sin alícuotas las bebidas light o sin azúcar.

Advertencias por el nivel de empleo
Desde Coca Cola aseguraron apoyar las reformas que el Gobierno viene liderando, particularmente las que se refieren al trabajo y al sector impositivo, aunque advirtieron por los efectos nocivos a nivel sectorial.

"Nos preocupa el impacto que estas alícuotas podrán tener a lo largo de la cadena de valor, especialmente de las economías regionales", sostuvo Cristian Pérez, vocero de Coca Cola.

De hecho, un trabajo de la consultora Abeceb estima que con una suba de impuestos internos del 20%, o sea tres puntos más que la anunciada finalmente, se podrían perder 7.000 puestos de trabajo entre las provincias afectadas, los kioscos, almacenes y otros rubros directamente relacionados con la producción, distribución y comercialización de este tipo de productos.

Según el mismo estudio lo que el Estado podría recaudar sería el equivalente a lo que pierde por evasión. Es decir, $6.000 millones, con lo cual si se combatiera este delito no habría necesidad de aumentar impuestos.

En este sentido, Pérez señala que en la actualidad el 50% de lo que un consumidor paga por una bebida sin alcohol corresponde a impuestos. "La carga es la más alta de la región y sólo está por debajo a nivel mundial de Hungría y Finlandia", agrega el ejecutivo.

El sector de bebidas gaseosas genera más de 26.000 empleos directos y otros 200.000 indirectos en su cadena de valor. Representa el 0,5% del PBI de la Argentina y sus ventas superan los $100.000 millones anuales.

Al respecto, la Cámara Argentina de la Industria de Bebidas sin Alcohol (CADIBSA) salió a rechazar la nueva alícuota y también pide poner el foco en la evasión, que ubica en el 30%.

"Está demostrado que los impuestos a bebidas azucaradas son ineficaces para abordar los desafíos de salud pública", sostiene la entidad en un comunicado.

"El impuesto resulta distorsivo y discriminatorio, ya que penaliza sólo a una categoría en particular, sin considerar otros productos que contribuyen a la ingesta diaria de azúcar", advierte el documento.

Al respecto, Esteban Agost Carreño, vocero de la cámara empresaria, anticipó este impuesto es dañino para la economía, generará aumentos artificiales de precios, contracción en la actividad del sector y pérdida de empleo.

"El 80% de las bebidas de este tipo se vende en comercios de barrio, almacenes, quioscos y despensas, y representan el 40% de sus ingresos. Un mayor impuesto signficaría una merma en el consumo y eso generaría menores ingresos para miles de familias", añade.

También destaca que la industria es un actor fundamental en el funcionamiento de las economías regionales y está seguro de que la nueva alícuota impactará en esas regiones y en toda la economía nacional.

¿Inversiones al freezer?
Desde el sector cervecero coinciden con la visión negativa y las futuras consecuencias que el aumento del tributo tendrá para su negocio.

Por caso, Aleandro Berlingeri, titular de la Cámara de la Industria Cervecera Argentina, asegura que el nuevo escenario pone en riesgo el plan de inversiones del sector. Explica que las empresas en su conjunto tienen previsto destinar u$s1800 millones hasta 2020, de los cuales ya se ejecutó el 25%. "El 75% está en riesgo ahora", agrega.

También anticipa que las consecuencias directas serán las de aunentos de precios de las cervezas "lo cual termina afectando a los sectores de menores recursos". El incremento que supone se acerca al 6% de manera inmediata en un sector que viene cayendo en sus niveles de ventas y consumo desde el 2012. Ese año el consumo per cápita llegó a los 45 litros por persona mientras que ahora se ubica en 41 litros.

Advierte también que, como el caso de las gaseosas, la carga tributaria de esta industria que subirá del 52% actual al 58% será la más alta de América latina.

De todos modos y a pesar de este elevado nivel de presión fiscal, la cerveza aporta el 0,1% de la recaudación total del país. "Aumentando la carga bajarán las ventas, se pagará menos IVA, Ingresos Brutos, habrá menos empleo y el Estado entonces recaudará menos que ahora", señala Berlingeri.

El empresario admite que el sector no fue consultado por el Gobierno. "No pudimos expresar nuestro punto de vista, pero vamos a tratar de que nos escuchen en el Congreso", anticipa.

En cuanto a las razones de salud que invoca el Gobierno para la suba de estas alícuotas, aclara que la cerveza tiene sólo 5% de graduación alcohólica.

Y sostiene que quedan en riesgo cerca de 9.000 puestos de trabajo tanto directos e indirectos, y que el impacto se verá también en las economías regionales.

Berlingeri aclara que no sólo las grandes empresas verán sus operaciones afectadas, sino también los fabricantes de cerveza artesanal que ubica en cerca de 700 productores. "Si tenían intenciones de blanquear sus actividades, con este impacto fiscal no lo van a hacer", se anima a predecir.

En este sentido, Pablo Fazio, CEO de la marca Otro Mundo, mostró su preocupación "por el carácter regresivo que tiene la medida y del impacto negativo que ocasionará al desarrollo de la cerveza artesanal".

Según su visión, la suba de la alícuota "perjudicará al consumo y desalentará las inversiones y la formalización que con mucho sacrificio venimos procurando".

Fazio esperaba de este gobierno políticas que fomenten la producción pero considera que la medida tampoco se justifica desde el punto de vista de la recaudación y el equilibrio fiscal. "Sin dudas, traerá muchos más daños que beneficios", augura el CEO de Otro Mundo.

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