Vinos & Bodegas

"Ser el mejor sommelier de la Argentina requiere de un esfuerzo enorme", afirma el ganador del concurso 2017

03-11-2017 Martín Bruno se consagró como el mejor profesional del país. En diálogo con iProfesional, asegura que no puede medirse en horas diarias la cantidad de tiempo que toma capacitarse, sino en años. Señala que un buen sommelier es el que escucha y acerca el vino a la gente
Por Juan Diego Wasilevsky
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La final del Concurso Mejor Sommelier de la Argentina 2017, que se realizó días atrás en la Usina del Arte, estuvo cargada de tensión

Los tres finalistas debieron sortear pruebas difíciles, aun para los paladares más entrenados. 

Reconocer a ciegas Malbec de diferentes partes del mundo, superar pruebas de maridaje, encontrar errores en una carta de vinos con etiquetas de añadas viejas y bodegas de diferentes partes del globo y hasta realizar el servicio a una mesa de jurados que oficiaban de comensales (montada especialmente en el centro del escenario), formó parte del "menú" de escollos que debieron sortear. 

Pero uno de los finalistas sobresalió y se llevó el título de mejor sommelier de la Argentina: Martín Bruno. 

Con 34 años, este profesional nacido en la Ciudad de Buenos Aires, actualmente se desempeña como brand ambassador de Pernod Ricard en la Argentina y, además, es docente de CAVE, una de las escuelas más reconocidas del país. 

En su extenso currículum figura su paso por prestigiosos restaurantes, que van desde Michel Bras, en Francia, hasta Tegui, en Palermo.

En un almuerzo organizado por la Asociación Argentina de Sommeliers, del que participó prensa especializada y estuvieron las ganadoras de ediciones anteriores (de hecho, Bruno es el primer hombre en obtener el primer puesto desde que se hace el concurso), el ahora mejor sommelier del país asegura que la notoriedad que ganó en los últimos días es lo que menos le gusta. 

"Tanta exposición a veces es difícil. Soy comunicador, es cierto, pero una cosa es difundir el vino y otra hablar de uno mismo", reconoce, aunque también acepta que es parte de las reglas de juego. 

Consultado sobre cómo está viviendo las primeras horas desde que fue declarado como el ganador, Bruno señala que "es como coronar un camino. Mi primer concurso fue en 2010; volví a participar en 2014, donde me fue muy bien, tras haber salido segundo. En 2015 estuve en un Panamericano y en 2016 competí en el Mundial, que se hizo en Mendoza. Ahora pude marcar una etapa en el camino y lo valoro mucho". 

Por su triunfo en el Concurso Mejor Sommelier de Argentina 2017, Bruno será representante nacional en el certamen Mejor Sommelier de las Américas, que tendrá lugar en Canadá, el año próximo. 

Además, es precandidato para representar a la Argentina en el Concurso Mejor Sommelier del Mundo, que se desarrollará en Bélgica, en 2019

Pero ahora, aclara, su meta no es pensar en el Mundial sino prepararse para competir en el Panamericano. De hecho, asegura que "no tuve mucho tiempo para descansar y disfrutar porque ya me tengo que poner a estudiar". 

Sin embargo, el ahora mejor profesional de la Argentina, tiene claro que la profesión va más allá: "Las competencias son muy lindas, disfruto presentarme y competir. Además aprendés muchísimo. Pero es como la parte del show. El trabajo del sommelier es acercar el vino a la gente y que todos sepamos más y más de vinos". 

Cuando se le pregunta qué significa ser un buen profesional en este rubro, Bruno no duda: "El buen sommelier, antes que nada, es un buen comunicador. No confunde a la gente, no la engaña, no trata de convencer a nadie para que compre la botella más cara. Trata de que el consumidor viva la mejor experiencia". 

"Pero el trabajo excede al ámbito del restaurante. La función de acercar el vino a la gente se puede hacer desde el periodismo, en una vinoteca, desde muchos lugares", agrega. 

En cuanto a qué busca hoy por hoy como profesional, Bruno no vacila y dispara: "Yo creo en la diversidad". 

"En las redes sociales uno ve que se arman discusiones entre los que defienden a ultranza los vinos naturales y los que no. Es una pelea que no tiene sentido, porque las dos cosas son válidas y ninguno de los dos métodos te garantiza hacer vinos buenos o malos, tengas la mayor de las tecnologías o dispongas de un simple tacho para fermentar uvas. Podés lograr vinos grandiosos en ambos casos, o no", acota.

"La diversidad es muy importante. Es clave probar estilos diferentes, no enfocarse en una sola variedad de uvas, probar terruños, ver cómo se da el Malbec en distintas zonas de la Argentina. Cerrarse es un error", prosigue. 

Respecto de las fortalezas y las debilidades de la profesión en la Argentina, Bruno afirma que la actividad está atravesando un muy buen momento y que el recurso humano local es muy valorado en el mundo: "Tenemos sommeliers que viajaron al exterior y hoy están trabajando en algunos de los restaurantes más prestigiosos a nivel internacional".

Sin embargo, advierte que hay mucho camino para recorrer en el aprendizaje de vinos de diferentes partes del globo, básicamente porque todavía hay poca oferta importada: "Lo que conseguimos acá está carísimo y no es tan bueno. Poco a poco aparecieron más variantes de afuera, pero la realidad es que estamos muy lejos de lo que está sucediendo en las grandes ciudades que son ideales para probar vinos del mundo". 

Cuando se le pregunta cuántas horas al día "entrena", Bruno suspira, mira hacia arriba y niega con la cabeza: "No lo podría poner en cantidad de horas, imposible. Vengo compitiendo desde hace siete años. El resultado que se logró es parte de un largo proceso". 

"Prepararse requiere de requiere de un esfuerzo enorme, de muchísimo trabajo y el apoyo de todo un equipo. Hay que poner demasiado, pero creo que lo vale. La preparación y el conocimiento que lográs es algo que te genera mucha satisfacción", concluye, antes de tomar un vaso de agua, respirar y continuar con la ronda de periodistas. 

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