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Acero, carne y limones: qué negocios puede perder y ganar el Gobierno en su pulseada con un Trump "anti importaciones"

20-03-2018 El macrismo pelea contrarreloj para evitar que se frene la exportación de metales, una operación de más de u$s700 millones. Hay dos caminos de negociación abiertos para salvar los embarques. En abril se realizará el primer envío de limones. Pero falta un "gesto político" para los cortes vacunos
Por Juan Diego Wasilevsky
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La lógica del lema "America First" finalmente se está imponiendo en toda su magnitud y la Argentina, sin ser el objetivo principal de esta cruzada lanzada por la administración de Donald Trump, igualmente es uno de los tantos países que más lo está sintiendo en uno de los frentes donde más le duele: las exportaciones.

Ya caído el mercado estadounidense para el biodiésel nacional por la imposición de aranceles  –en 2016 se habían exportado u$s1.138 millones; en 2017, u$s400 millones menos y para este año se espera un nivel cercano a cero-, ahora la cruzada del macrismo es por salvar el segundo gran negocio: el de los metales

Con la finalidad de frenar el ingreso de aluminio y de acero del exterior –especialmente el que proviene de China-, la Casa Blanca comenzará a aplicar -a partir de este 23 de marzo-, aranceles del 10% y del 25%, respectivamente. 

Fuentes que conocen de cerca la operatoria de Techint, el principal exportador siderúrgico del país, indicaron a iProfesional que esta medida, de implementarse, "le quitará toda competitividad al producto nacional". 

"A lo sumo se podrán exportar algunas especialidades de alto margen y mucho valor agregado. Pero serán negocios muy pequeños al lado de lo que se perdería", indicaron. 

Entre aluminio y acero hay más de u$s700 millones en juego. Por eso, en la cumbre de ministros del G20 que se realizó en Buenos Aires, el propio ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, insistió frente al secretario del Tesoro de EE.UU., Steve Mnunich, que exceptúe a los productos argentinos de este golpe arancelario. 

Sin embargo, las expectativas no son alentadoras.  

El pedido oficial que se realizó en Buenos Aires, fue el segundo que se hace por el mismo tema, luego de que el secretario Miguel Braun viajara a Washington para solicitar la excepción, al argumentar que la Argentina influye apenas entre el 0,6% y el 2,3% del total importado. 

La Casa Blanca remarcó, dentro de lo previsible del protocolo, que "analizará" la solicitud, tal como lo hizo con otra veintena de países. Este trato difiere del que le dio a otros proveedores, que pasaron a gozar del beneficio casi de inmediato, como Canadá, México y Australia

El segundo punto importante es que, una vez que entren en vigencia los aranceles, la definición por parte de la administración de Trump respecto de las exportaciones argentinas podrá demorar más de 90 días, con lo cual, buena parte del año se perdería. 

Las mismas fuentes que conocen al detalle la operatoria de Techint marcaron que "hay algunos antecedentes positivos, como cuando Estados Unidos puso en marcha una salvaguardia para productos siderúrgicos en el año 2000 y exceptuó a varios países en desarrollo comprometiendo cuotas". 

Sin embargo, afirmó que, en base a la estrategia que está desplegando Trump, "no hay mucho espacio para ser optimista", respecto de que la Argentina pueda ser beneficiada.

"Podrán conceder cupos pero muy chicos", afirmó, dejando en claro que lo que viene es un escenario de menos exportaciones

"Los republicanos tienen una base de votantes fuerte entre los obreros de la industria. Y también hay un lobby interno muy intenso al cual responden", sostuvo. 

A partir de ahora, la Argentina cuenta con dos vías posibles para poder sortear el cerco arancelario. 

Pero ambas opciones dejan entrever que serán procesos muy complejos y, sobre todo, largos

1. Presentaciones individuales

La Casa Blanca abrió una ventana de hasta 90 días para que empresas estadounidenses que utilizan algunos de estos metales importados planteen una solicitud de exención, en nombre de las firmas exportadoras afectadas (en el caso argentino serían principalmente Aluar y Techint). 

El Departamento de Comercio de ese país analizará variables como calidad, participación en el mercado e impacto de las importaciones en la producción local, antes de dar luz verde. 

En caso de que una compañía estadounidense obtenga permiso para importar acero o aluminio (en este caso, de Argentina), tampoco se levantarán las barreras de manera automática: habrá espacio para que cualquier actor del sector privado plantee alguna objeción, lo que retardaría por tiempo indeterminado dicho permiso. 

2. Planteo formal a nivel país 

El otro camino que tiene la Argentina es avanzar con una presentación formal desde el propio Gobierno, con todas las argumentaciones del caso para que Washington proceda a exceptuarlo de la controvertida medida. 

El problema es que, tras el viaje de Braun a los EE.UU., el Departamento de Comercio de ese país todavía no oficializó el procedimiento para que se pueda realizar el pedido a nivel país. 

"A este ritmo y en un escenario positivo, corremos el riesgo perder entre cuatro y cinco meses de exportaciones de acero y aluminio", plantearon fuentes a este medio. 

De no mediar ningún revés administrativo, esto implicaría que se demorarían envíos a ese país por u$s300 millones en concepto de esos dos productos. 

"Está claro que este año las exportaciones a los Estados Unidos van a ser más pobres", advirtió Marcelo Elizondo, consultor y ex director de Fundación ExportAr.

"No tendremos el negocio del biodiésel y hay problemas con estos dos nuevos artículos. Pero esto no hay que verlo como una medida personal en contra de la Argentina. Este es un problema 100% de caja que tiene Washington, básicamente porque su déficit comercial superó los u$s860.000 millones 2017, convirtiéndose en el más elevado a nivel mundial", describió. 

En este contexto, lo que está sufriendo el macrismo no es más que el efecto de la "onda expansiva" de la guerra comercial que Trump lanzó contra China

"El 40% de su déficit lo tiene con el gigante asiático. Y, bajo su doctrina 'America First', lo que está haciendo es tratar de achicar ese rojo, que es insostenible en el largo plazo", agregó. 

El problema es que, si bien no es una "cuestión personal" contra la Argentina, igualmente la gestión de Macri está pagando los platos rotos: "Trump está asumiendo una postura mucho más dura en relación al comercio exterior y esto augura que, durante su presidencia, va a ser más complejo entrar a ese mercado". 

Limones sí; carne, veremos
En medio de este revés por los embarques de metales estratégicos y del biodiésel, el Gobierno seguramente presente la inminente primera exportación de limones argentinos –tras 17 años de prohibiciones- como fruto del buen diálogo bilateral. 

Sin embargo, la realidad es que esta medida habrá sido consecuencia de la presión de la diplomacia argentina en los tribunales de la Organización Mundial del Comercio (OMC) ante las restricciones fitosanitarias que impusieron sucesivas administraciones de Washington.

El aviso del levantamiento de las trabas había llegado en diciembre de 2016 y, por una cuestión de tiempos, las empresas locales tuvieron que pasar de largo la cosecha 2017 y recién ahora podrán realizar el primer despacho. 

"La primera exportación de limones a los EE.UU. va a hacerse a mediados de abril", confirmaron a iProfesional fuentes de la Asociación Tucumana del Citrus. 

En tanto, desde Agroindustria confiaron a este medio que ahora la estrategia apuntará a lograr la apertura para los cítricos dulces, como las naranjas y las mandarinas

"Esto generaría una gran oportunidad para los productores de Entre Ríos. Ya estamos trabajando en eso", aseguraron. 

Respecto del potencial que tendrá el mercado estadounidense para la industria nacional del limón -cuya principal provincia exportadora es Tucumán- desde el Ministerio de Producción estimaron que las empresas locales podrán colocar entre u$s20 y u$s50 millones anuales. 

Esto significaría que la reapertura estaría lejos de propiciar un boom de exportaciones.

Cabe destacar que Estados Unidos importó el año pasado cítricos por u$s1.222 millones –unos u$s345 millones fueron desde de Chile-, de modo que la Argentina tendría una cuota de apenas 4%. 

El caso que luce más complejo es el de la carne vacuna: en 2015, tras casi 15 años de prohibiciones y un largo reclamo ante la OMC, el ex presidente Barack Obama había acordado la apertura del mercado estadounidense, pero dejó su cargo sin cumplir su promesa. 

Y Trump sigue sin dar el brazo a torcer. 

"Ya respondimos el último cuestionario que nos enviaron. Así que la parte técnica está lista. La pelota está del lado de ellos. Confiamos en que estamos muy cerca de lograr la reapertura", aseguraron fuentes de Agroindustria. 

Según explicaron, el acuerdo prevé un cupo de importación de 20.000 toneladas anuales de cortes vacunos con un arancel bajo, del orden de los u$s44 por tonelada, menor al 1% del valor promedio al que viene exportando la Argentina. 

El problema es que, pasado dicho cupo, el arancel saltará al 26,4%, lo que dificultaría el negocio. 

Pese al entusiasmo oficial, fuentes de la Cámara de la Industria de la Carne, plantearon sus inquietudes: "Desde hace dos años que Estados Unidos promete que va a resolver el tema y no pasa nada. En el sector hay cierta reticencia a creer". 

Y agregaron que "20.000 toneladas es una gota en un océano. Es un país que importa por cerca de 1 millón de toneladas anuales, con lo cual, vamos a tener una participación totalmente marginal si se levantan las restricciones". 

La pulseada por el cerdo
Mientras se espera la "decisión política" de que Trump habilite la cuota para el "bife argentino", como contrapartida, desde Washington esperan que el macrismo de una señal con la carne de cerdo, luego de la promesa de abrir parte del mercado nacional a los exportadores estadounidenses. 

Desde el Gobierno tratan de llevar tranquilidad al asegurar que, por año, ingresará mercadería por menos de u$s10 millones, con lo cual, el acuerdo tendría impacto limitado. 

Sin embargo, desde la Asociación Argentina de Productores Porcinos mostraron su temor: "Puede ser peligroso para el sector. Si se abren las barreras para el producto estadounidense, podrían verse afectados más de 1.000 pequeños emprendimientos, de los 4.600 que operan en el país". 

"La industria ya viene bastante golpeada, especialmente por la suba de costos tras la disparada del precio de los granos", alertó la misma fuente. 

Desde la entidad agregaron que, mientras que la producción creció a un ritmo del 7% el año pasado, hasta las 7000.000 toneladas, las importaciones se duplicaron los últimos dos períodos de manera consecutiva, hasta representar más de 48.000 toneladas. 

"Con la escala que tiene Estados Unidos, estamos realmente preocupados por los efectos sobre la cadena", señalaron.

Esta suerte de "juego de ajedrez" por el negocio de la carne parecería un tema menor para Trump. Pero en momentos en que se negocia "kilo a kilo", todo sirve para achicar el histórico déficit que tiene el país del Norte. 
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