El salto emprendedor: profesionalización sin perder la esencia en el camino
:quality(85)/https://assets.iprofesional.com/assets/jpg/2024/09/584839.jpg)
Cuando mi socio y yo comenzamos Frères en 2016, lo hicimos con la convicción de que podíamos crear algo único. Éramos dos adolescentes de La Matanza, Ciudad Evita, con un sueño, pero con más entusiasmo que recursos.
En esos primeros días no había títulos ni jerarquías. Tampoco empleados: nosotros dos hacíamos desde la selección de productos hasta los envíos. Pero a medida que crecimos, nos dimos cuenta de que, para dar el siguiente paso, necesitábamos más estructura. De repente, la improvisación que antes nos empujaba hacia adelante empezó a convertirse en un obstáculo.
Nuestra marca de ropa hoy adquirió otra escala: tenemos más de 20 colaboradores, dos locales y un depósito con oficinas y mesa de corte propia.
Y el desafío es grande: cómo profesionalizarnos sin perder esa chispa que nos trajo hasta acá. Cómo encontrar ese punto intermedio entre la cultura de la amistad y la necesidad de objetivos claros, procesosdefinidos y métricas, sin perder la calidez del trato y todo lo valioso de nuestra forma de hacer las cosas hasta ahora.
Primeros pasos hacia la profesionalización
Junto con Lautaro Rodríguez, mi socio, establecimos una hoja de ruta para empezar esa transición. Uno de los primeros pasos fue empezar a dividir responsabilidades, algo que en un principio nos resultaba impensado.
Hasta hace poco, todos estábamos involucrados en todo. Ahora, establecimos departamentos con cadenas de mando claras, y cada área tiene su propio espacio para crecer definido con claridad a futuro. Sin embargo, nunca se trata solo de asignar tareas, se trata de darles a las personas el espacio y la confianza para tomar decisiones por su cuenta, tomar riesgos, equivocarse y perder los miedos.
Lo interesante de liderar un equipo tan joven – el promedio de edad de nuestro equipo es de 25 años, al igual que nosotros – es que todos hablamos el mismo idioma. Compartimos los mismos gustos, vivencias y pasiones. Eso nos da una ventaja enorme para comunicar decisiones.
Somos una generación que se adapta mucho más rápido al cambio. La aptitud más importante en esta era dinámica en la que la velocidad de los cambios está en niveles nunca antes vistos, a mi criterio, es ser ágil en la toma de decisiones y capaz de reaprender sobre la marcha con la nueva información y las nuevas tecnologías que van surgiendo.
Otra ventaja es que somos una generación muy cooperativa: hay mucha información disponible y muy poca fricción para compartirla.
Pero también hay desafíos. ¿Cómo mantenemos esa cercanía mientras introducimos metas más estructuradas? ¿Cómo pasamos de las charlas en los pasillos a reuniones de equipo sin perder la calidez?
La respuesta, creo, está en la transparencia y en la comunicación eficaz y constante. No se trata solo de decir qué hay que hacer, sino de explicar el porqué de cada paso que damos en conjunto. Es una transición necesaria y si todos conocen el motivo, es solo cuestión de tiempo hasta adaptar la metodología y llegar a ese norte.
Esta nueva distancia aparente entre la gerencia y la operación no es una barrera sino una herramienta para crecer, y está en nosotros como lideres la responsabilidad de que nuestro equipo lo entienda. Si lo explicamos bien, la transición fluye; si no lo hacemos, corremos el riesgo de que se generen resentimientos y problemas.
Contratar fuera de la caja
Algo que hemos aprendido en este proceso es que lo más importante no es encontrar personas con un currículum impresionante, sino personas que entiendan la cultura de nuestra organización y tengan ganas de aprender y de crecer junto con nosotros como startup. Por eso, cuando buscamos talento, lo hacemos de maneras poco convencionales.
En lugar de pedir CVs tradicionales, creamos un formulario abierto con preguntas más personales y alineadas con nuestros valores. Y, sorprendentemente, funcionó mucho mejor. Al final del día, la música que escuchás o tu hobby favorito puede decir más sobre tu compatibilidad con nuestra cultura que cualquier título universitario.
Hablando de cultura, en Frères no sólo somos una marca de ropa; somos una comunidad que llamamos "la fraternidad". Un ejemplo puntual de nuestra cultura es durante los días de eventos comerciales para los que nos preparamos por meses y los vivimos como si fuese un día de competencia en equipo.
En el transcurso de esos días invitamos chefs que cocinen para almorzar todos juntos, celebramos los pequeños y grandes logros. Al terminar, tenemos el ritual de tomamos un descanso fuera de las oficinas, en el que nos vamos con todo el equipo a un fin de semana de quinta, asado y realineamiento de objetivos con nuevas metas. Esos momentos de pausa son tan importantes como los días de intensidad, porque nos permiten reconectar con lo que realmente nos mueve.
Sabemos que para captar y enamorar al mejor talento tenemos que mantener esta visión. Hoy, todos los colaboradores se pueden proyectar en el camino hacia adelante, lo cual es muy valioso para poder mantener la motivación. Les mostramos desafíos y que hay un sendero de crecimiento y expansión. Como hacemos algo que tiene tanto propósito interno, al comunicarlo en nuestro idioma esa misión permea en todas las personas.
Emprender a los 25 años tiene ventajas y desafíos únicos. No tenemos tantas responsabilidades, como una familia o hijos, y eso nos permite tomar riesgos que quizás otros no podrían. Pero también sabemos que si no nos profesionalizamos ahora, corremos el riesgo de estancarnos.
Frères está en ese punto de inflexión. Estamos entrando en una etapa de maduración, pero sin perder lo que nos hace especiales. Porque al final del día, profesionalizarse no significa dejar de ser quienes somos; significa aprender a serlo de una manera más grande, más organizada, y sobre todo, más ambiciosa. Este es solo el comienzo del próximo capítulo de nuestra historia.
*Ramiro Giri es socio fundador de Frères (en foto principal)