Management

Crece el escándalo por dura pelea de YPF con su ex CEO, Miguel Galuccio

07-04-2017 En su paso por la petrolera el directivo embolsó u$s80 millones. Pero nuevos proyectos de inversión que encabeza pusieron al actual management en alerta máxima. Duras críticas por su gestión en la compañía durante la era K                  
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Miguel Galuccio fue despedido de su puesto de CEO de YPF en marzo del año pasado por el gobierno de Mauricio Macri. Pero lejos de achicarse, el ejecutivo entrerriano siguió su carrera ascendente: volvió a la compañía donde ya ocupaba altos cargos hasta el 2012, la gigante de servicios petroleros Schlumberger, cuya base operativa se encuentra en Houston.

Pero si bien de YPF se fue por la puerta de atrás, se trató de un regreso con gloria a la empresa que lo vio crecer y donde desarrolló la mayor parte de su carrera profesional. Hace un mes consiguió que lo nombraran nada menos que integrante del directorio mundial. Un cargo soñado para cualquier ejecutivo de la industria.

La noticia cayó como una verdadera bomba en el nuevo management de YPF, donde acusan a Galuccio de haber provocado millonarias pérdidas a la empresa, sin mencionar el alto nivel de endeudamiento en el que incurrió.

Esos fondos que consiguió la compañía cuando el gobierno de Cristina Kirchner tenía vedado el acceso al mercado internacional (entre 2012 y 2015) no tuvieron el mejor final. Se emplearon en una serie de exploraciones en pozos verticales en Vaca Muerta a los que no se le pudo extraer una sola gota de petróleo. Chevron, la empresa que pisó primero con un contrato que se mantuvo oculto varios años, fue socio en esas millonarias pérdidas. Se estima que la compañía norteamericana hundió u$s2.000 millones que nunca recuperará.

Pero el CEO actual de YPF, Miguel Ángel Gutiérrez, que ya asumió hace un año en la empresa, decidió no quedarse de brazos cruzados. Según informó Infobae, envió una carta de puño y letra a Schlumberger. En la misiva intimó a la compañía a mantener a Galuccio fuera de cualquier negocio que la compañía pudiera desarrollar en la Argentina. El motivo es obvio: el manejo de información privilegiada y confidencial tras haber estado cuatro años al frente de YPF. La empresa contestó y se comprometió a mantener al "Mago" (como se lo conoce a Galuccio en la industria petrolera) lo más lejos posible de la Argentina. Un intercambio epistolar que quedó ahí, pero podría ser la antesala de acciones legales en el futuro.

Galuccio amasó una increíble fortuna durante su gestión en YPF, que lo habilita ya a ser un jugador importante en el exclusivo mundo petrolero. Se calcula que durante el Gobierno nacional y popular que lo contrató su patrimonio se incrementó en nada menos que u$s80 millones, pese a que la empresa perdió casi 50% de su valor

La cifra es menor al lado de los u$S5.000 millones que el entonces ministro Axel Kicillof decidió pagar para quedarse con el 51% de YPF. Luego de un fuerte rally, la acción pasó este año desde u$s17 a u$s25, un incremento del 50% en tres meses, acercándose a la valuación que le dio el gobierno de Cristina a la compañía en 2012. La caída del precio del petróleo fue la explicación para el derrumbe del papel en los últimos años, pero en realidad terminó solapando los graves errores de gestión kirchnerista.

En relación a la deuda, la situación es delicada. La orden de Gutiérrez, ex CEO de Telefónica y con elevado expertise financiero, fue congelar nuevas emisiones de la empresa, imponiendo una regla de hierro: el nivel de endeudamiento no puede superar dos veces las utilidades de la empresa. Y ese nivel ya había sido alcanzado en la gestión anterior, por lo cual la única colocación en los mercados sería para refinanciar vencimientos. Esto limita la expansión futura de YPF, al ver limitado el apalancamiento vía créditos internacionales, según publica Infobae.

Quienes consideraron que el empresario no estaba dispuesto a "quedarse en el molde" no se equivocaron. Dispuesto a no perder el tiempo y aprovechando sus contactos internacionales, Galuccio decidió abrir un nuevo fondo de inversión cuyo objetivo será invertir en distintas zonas petroleras del mundo, especialmente Latinoamérica. Y consiguió un sponsor de peso: se trata de Riverside, un fondo de capital privado (private equity) especializado en invertir en oportunidades de inversión en negocios de alto potencial, que ya integró los primeros u$s50 millones.

La noticia no cayó bien en YPF, pasando a ser tema obligado en los pasillos del edificio de Puerto Madero que construyó Repsol. Peor aún cuando el ex CEO empezó a reclutar valioso management de la empresa para llevarlo a su nuevo emprendimiento internacional.

A sus oídos llegaron las advertencias de todo tipo desde la Argentina. "Por acá que ni aparezca después del desastre que dejó", repiten altas fuentes del Gobierno. Galuccio jura que no pisará suelo argentino, sino que le interesa el mercado mexicano. Uno de sus socios allí sería nada menos que el ex director general de Pemex, Emilio Lozoya.

Este alto ejecutivo perdió su puesto en la principal petrolera mexicana en febrero último, en medio de acusaciones de haber recibido sobornos millonarios de Odebrecht, la constructora brasileña que esparció sus prácticas corruptas en la región. El Consejo de Administración de la compañía decidió investigar el origen de estos contratos y puntualmente la actual de quien sería el nuevo socio de Galuccio.

Sin embargo, nadie se termina de creer en el mundo petrolero esta suerte de compromiso no escrito de "no competencia". Con el conocimiento que adquirió Galuccio del mercado petrolero argentino en los últimos años (y la información única por haber trabajado en la petrolera público-privada), resulta difícil que no vuelva a la carga. Por supuesto desde YPF dejaron en claro que las puertas están cerradas para cualquier negocio que lo tenga como "facilitador". La incógnita es si alguna otra empresa con fuerte presencia en el mercado local podría terminar asociada. Pero saben que se expondrían a un enfrentamiento con la Casa Rosada.

Lo que nadie se explica aún es por qué nunca se mencionó a YPF como parte de la "pesada herencia". Una explicación razonable es que la compañía precisa seguir operando en el mercado y ganar reputación. Dejar a la luz del día todos los desmanejos acumulados en los últimos años sólo complicaría más las cosas para el actual management.

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