Economía

La ola de despidos pasa al centro de la campaña: Cambiemos acusa el golpe y recalcula su estrategia

26-07-2017 Los funcionarios, en privado, hacen una autocrítica por la forma en que los casos de desempleo privado terminaron impactando en la opinión pública. Mientras el Ministerio de Trabajo intenta evitar que el caso Pepsico se replique en grandes empresas, los estrategas de campaña readaptan el discurso
Por Juan Manuel Barca
Recibí nuestro newsletter diario SUSCRIBIRME
A-
A+

Es un cambio sutil, pero sintomático. Poco a poco, los despidos y cierres de plantas que tomaron notoriedad tras el caso Pepsico forzaron al Gobierno a modificar su estrategia comunicacional.

Es, sin dudas, un desafío clave, considerando que faltan apenas tres semanas para las elecciones primarias

Dicho cambio, ya está en marcha. Así, tras haber justificado el desalojo con incidentes violentos de la fábrica de snacks de Vicente López, ahora el Ejecutivo busca generar un desenlace menos traumático, mediante la negociación con delegados y gremios.

Esa es la orden que se bajó para las negociaciones en Cresta Roja y Carboclor, los nuevos casos calientes de la agenda laboral.

El papel más persuasivo del Ministerio de Trabajo, encabezado por Jorge Triaca, refleja la preocupación que empezó a extenderse entre algunos especialistasde Cambiemos, frente a la aparición de un "bache" discursivo que podría poner en riesgo la campaña.

"No hay una ninguna estrategia de comunicación interna después del quilombo de Pepsico, debe haber más de una línea de trabajo y la verdad que no se habla mucho del empleo", reconoció un asesor de una de las principales figuras del PRO.

Una de esas directrices es el pedido de "firmeza" que bajó desde Presidencia y se aplicó finalmente en la planta de Vicente López. Como contrapartida, hay funcionarios que prefieren resolver el conflicto en la empresa para no pagar un costo político.

Para unificar la comunicación, Jefatura de Gabinete emitió en su momento un documento interno que resumía la "línea" a seguir en Pepsico frente a los medios: los heridos fueron policías, los detenidos no eran empleados, la mayoría aceptó indemnización y un grupo de izquierda se opuso a negociar.

Más allá del caso, en Presidencia reconocen que "no hay una estrategia global" para tratar los casos de despidos masivos que saltan a las primeras planas. Por el contrario, lo que prima es un abordaje puntual para cada caso, a partir de la visión de que no hay un fenómeno generalizado de cierre de empresas.

En la provincia de Buenos Aires, en cambio, están más preocupados. En el equipo de la gobernadora Vidal admiten que el tema se metió de lleno en la campaña y que los obligó a improvisar cambios sobre la marcha. No es casual: en ese distrito clave hubo cesantías masivas en los últimos diez días.

Además de peligrar más de 1.000 empleos en el sur, donde Cresta Roja tiene dos plantas, en lo que va del año se registraron más de 5.000 despidos en zona norte, en particular Campana, Zárate y Baradero. Atucha, Atanor, Ingredion y Lanxess son solo algunos de los casos más resonantes.

"En principio no era un eje, pero ahora es una realidad. Por eso María Eugenia Vidal habla del tema y se va a empezar a comunicar más", reconocen en el equipo de la gobernadora bonaerense, quien se convirtió, junto con Elisa Carrió, en una figura clave para disputar votos en la Provincia.

"Tunear" la campaña
El viraje en la Provincia no solo apuntaría a evitar que se concreten 51 despidos en Cresta Roja, la segunda productora avícola del país que Mauricio Macri convirtió en símbolo del "cambio de modelo" al encabezar su reapertura, en abril del año pasado.

En paralelo, el bunker de campaña provincial decidió "tunear" su discurso y tocar de costado la cuestión laboral. "No vamos a contar que se consiguió empleo acá o allá, sino que vamos a mostrar medidas de gestión", explicó uno de los asesores.

Sin cifras de ocupación elocuentes, la idea es que los candidatos hagan eje en la obra pública, los créditos hipotecarios y la reapertura del tren a Mar del Plata, junto con la implementación de políticas sociales.

 "Si no, es armarle el juego a Cristina y la izquierda, que utilizan los despidos políticamente", afirman.

La sutileza es, de este modo, la nueva herramienta a la que apelan los comunicadores de Vidal. En uno de sus tuits de campaña se ve a la gobernadora abrazada a un grupo de obreros que asfaltan una avenida en Mar del Plata. La foto dice más de lo que muestra.

Es que mientras la mesa chica del PRO a nivel nacional decidió no hablar de la situación económica -sin demasiados éxitos que mostrar-, la oposición vio el flanco débil y salió a golpear.

"No quiero vivir con miedo a que me despidan", se queja el personaje del spot de Unidad Ciudadana.

El frente creado por Cristina Kirchner para eludir una interna con el peronismo lleva como diputada en primer lugar Fernanda Vallejos. No es casual la elección: la candidata es economista y fue funcionaria en el Ministerio que estuvo a cargo de Axel Kicillof.

Sus primeras propuestas de campaña apuntan a blindar el empleo con una ley que prohíba despidos por un año. La misma propuesta que el año pasado aprovó el Congreso, con impulso de la CGT, pero que fue vetada por Macri.

Sergio Massa, por otra parte, apunta los cañones a la inflación, los salarios y las jubilaciones, entre otros temas. "Si el Gobierno no cambia la política económica va a seguir empobreciendo a la gente", dijo el martes en C5N.

En tanto, el Frente de Izquierda (FIT) aprovechó los recientes conflictos para mostrarse como el único bloque que "acompañó" a los trabajadores, a la vez que denunció el desafuero de De Vido como una maniobra política del oficialismo para desplazar la situación laboral de la agenda política.

"Suben tasas y dólar mientras se suceden los despidos, y el debate es el show de De Vido con la Justicia pisando la pelota, brutal", dijo el precandidato a senador nacional del FIT, Néstor Pitrola.

Según encuestas recientes, el temor al desempleo pasó al tope de las preocupaciones del electorado, por encima de la inseguridad e inflación.

"En caso de que por alguna razón llegara Ud. a perder su trabajo, ¿cree que le sería fácil volver a conseguir otro de nivel y calidad equivalente al actual?", preguntó OPMS, de Zuleta Puceiro.

Un 58,4% contestó que no. Lo llamativo del relevamiento es que de los 1.200 consultados, el 39% se identifica con Macri, mientras que un 21% adhiere a Cristina.

La disputa por la culpa
El estilo más llano del discurso oficialista coincide en parte con las sugerencias de Jaime Durán Barba, el consultor estrella del macrismo que en las reuniones con la mesa chica del PRO recomienda eludir las discusiones políticas con la oposición y acercarse a la gente.

La principal herramienta para acortar la distancia son los timbreos. "Es una herramienta de cercanía con la gente", explicaron los encargados de la campaña nacional, Federico Morales y Guillermo Riera, en el Consejo Directivo del PRO.

El objetivo no es tanto llevarle soluciones a los vecinos, como escucharlos y que hagan catarsis. "Dar la cara" -la consigna de Vidal en sus spots- sería así un aspecto esencial de una campaña de tono expiatorio que se propone purgar los pecados de la gestión previa. 

En una columna publicada el domingo en Perfil, que levantó polémica por vincular el voto K con el "narcomenudeo", el asesor ecuatoriano identificó el voto duro de Cambiemos como aquel vinculado a la "esperanza" y la convicción de que es indispensable cambiar las cosas.

Entre ellos, precisó, se encuentran los "pobres aspiracionales". "No tienen cloacas, no tienen agua, no tienen empleo, pero creen que sufren esas condiciones por la corrupción o la incapacidad de quienes gobernaron la Provincia durante las últimas décadas", apuntó.

Según este esquema, en el otro extremo se encuentra el voto duro K, que incluye a un importante porcentaje de electores pobres, que no atribuyen su situación a la desidia de quienes gobernaron y que "no hacen esfuerzos" para mejorar la situación de sus hijos.

En medio de esas dos clases de votante, se encuentra sin embargo un amplio espectro codiciado por los candidatos y constituido por la "clase media", una categoría más aspiracional que real a la que el discurso oficial llega con dificultad en materia de empleo.

"Ese sería un voto en disputa", reconocen en uno de los bunkers oficialistas.

En efecto, desde la feria de empleo joven a principio de año, el Gobierno se concentró en adelante en enviar mensajes a los empresarios para captar inversiones, con cuestionamientos a la Justicia laboral y elogios a la reforma laboral brasileña.

En ese contexto, la oposición con Cristina a la cabeza se enfocó en apelar al "voto desesperanzado" con el macrismo. Pero en Cambiemos advierten que la mayoría de las fuerzas no está en condiciones de llevar a fondo una campaña sobre el empleo.

"El kirchnerismo tampoco tuvo una gran política, tiene que tener cuidado que no sea un tiro en el pie, mientras que ni Losteau y ni Massa trabajan el tema seriamente", explica un asesor de campaña.

En otras palabras, la particularidad de la actual batalla electoral no recae en las propuestas -salvo algún que otro caso, poco concretas-, sino en quién logra atribuir los problemas a su contrincante.

"Es un proceso de varios actores en el que se disputa quién tiene la culpa", resumió la fuente.

Con todo, dentro del PRO reconocen que aún hay cuestiones que mejorar. Ese es el caso de Esteban Bullrich, el ex ministro de Educación, que en pleno conflicto de Pepsico sugirió a los desocupados bonaerenses que se dedicaran a producir cerveza artesanal o pilotear drones.

"Es cierto que el emprendedurismo es un motor, pero tirar eso en un contexto de desempleo no tiene sentido. No fue un buen momento", señaló un especialista en discursos.

Los deslices son solo un síntoma de los problemas que enfrenta la campaña multicolor. Por caso, el conflicto de Cresta Roja desnudó un cambio en la intención de voto dentro de la planta que, de expresar un clima más general, sería preocupante para el Gobierno.

En una entrevista, un delegado de la planta reconoció que la mitad de los 3.600 trabajadores que había en la empresa en 2015 había votado por Macri, desencantados con Cristina y esperanzados con las promesas del Presidente.

Ahora, tras los despidos, muchos no votarían ni por uno ni por otro, percibió el gremialista. La decisión del Gobierno de no reprimir -por ahora- en los conflictos de los últimos días son indicios de que los funcionarios están más atentos al impacto de los conflictos en la opinión pública.

SECCIÓN Economía