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Bajo el agua: inundaciones obligan a corregir a la baja el aporte del campo a la economía

27-07-2017 El agro vuelve a atravesar una situación difícil, justo antes del arranque de una nueva campaña. Buenos Aires, La Pampa, Córdoba y Santa Fe acumulan unas 6 millones de hectáreas con problemas. Expertos alertan que si continúa el mal clima será difícil repetir un récord de cosecha
Por Patricio Eleisegui
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El agua volvió a meter la cola y promete complicar nuevamente los planes de un sector que no termina de ponerse de pie, en un contexto en el que la economía más necesita de él. 

El avance de las inundaciones abruma: según una serie de relevamientos llevados a cabo por Confederaciones Rurales Argentina (CRA), Buenos Aires, La Pampa, Córdoba y Santa Fe poseen hoy hasta 2 millones de hectáreas bajo agua, mientras que otras 4 millonesmuestran anegamientos parciales.

De la cifra total, más de 1 millón de hectáreas corresponden a lotes cultivables que iban a ser utilizados en la próxima campaña.

Las inundaciones en varias zonas de esas provincias ya impidieron la siembra de más de 150.000 hectáreas de trigo y ponen en duda las posibilidades de alcanzar un nuevo récord en maíz

Para ponerlo en perspectiva, en algunos campos de la provincia de Buenos Aires la lluvia caída totaliza los 727 milímetros sólo en lo que va de 2017, mientras que el registro histórico muestra que en esas mismas zonas rara vez se superan los 815 anuales. 

"La afectación de hectáreas en el noroeste es indiscutible”, reconoció ante iProfesional Leonardo Sarquís, ministro de Agroindustria bonaerense.

La incertidumbre respecto de qué ocurrirá con los cultivos ante otro año con lluvias por encima de la media, sobre todo en la zona pampeana, también encendió la luz de alerta entre quienes evalúan apostar por el girasol a partir de septiembre.

Un sector clave para la economía
Pese a las dificultades climáticas, y mientras se debate la suerte de la nueva campaña que está por arrancar, el campo está cerrando el ciclo 2016/17 con cifras más que alentadoras. 

Horacio Busanello, CEO del Grupo Los Grobo señala que la última cosecha cerró con un nivel récord de entre 127 y 130 millones de toneladas. De ese total, "la soja se encamina hacia el segundo mejor resultado de la historia, después de los 61 millones de toneladas alcanzados en 2014/15"

"Todo esto, a pesar que de los 19,2 millones de hectáreas sembradas se perdieron 1,1 millón por cuestiones climáticas", acotó el directivo. 

Se sabe que cuando el campo se expande, hay mayor demanda de maquinaria agrícola, pick-ups, fertilizantes y hasta servicios de consultoría, por nombrar algunas ramas de actividad. 

El sector rural tiene un peso fundamental y esto quedó demostrado con el último dato del INDEC, vinculado con el nivel de actividad económica, el cual registró un incremento interanual del 3,3% en mayo, la mayor variación desde noviembre de 2015. 

Y el campo fue, de hecho, uno de los sectores que más aportó a la expansión de la actividad.

Sin embargo, Busanello advierte que "de cara al segundo semestre y al ciclo 17/18, la situación no luce más atractiva que la campaña anterior", en parte por los problemas hídricos. 

A esto se suma, según el directivo, que "el productor está reacio a vender el grano almacenado en los silobolsas, que, dicho sea de paso, registraron una demanda récord en el ciclo pasado".

"Solamente se decidirá a comercializar si observa precios razonables. No hay impaciencia, por lo que no veremos una lluvia de agrodólares producto de la liquidación de los stocks de granos en el segundo semestre", advirtió el directivo de una de las empresas más influyentes del sector. 

Según el consultor Salvador Di Stéfano, a precios de hoy, habría para liquidar alrededor de u$s11.000 millones sólo teniendo en cuenta el complejo sojero.  

Sin embargo, para el experto el hombre de campo hoy prefiere esperar "porque tienen financiamiento o pueden vender ganadería". Esto, advirtió Di Stéfano, provocó que "la cadena esté muy trabada y los pueblos del interior registren muy poca actividad". 

Este menor dinamismo impactaría negativamente en la economía real, especialmente si se confirma que para la próxima campaña habrá un menor volumen de granos. 

El drama del agua 
Pablo Ginestet, delegado de CREA, reconoció respecto de estos números que “no sólo se perdió la siembra de trigo, sino que está muy comprometida la próxima campaña de soja y maíz”.

Además, el experto destacó que que tanto la ganadería como la industria láctea, que se abastece de tambos ubicados principalmente en la zona oeste de la provincia de Buenos Aires, “están en una situación muy delicada”.

El noroeste bonaerense aparece, precisamente, como el punto más complicado del mapa productivo.

En esa área, todas las lagunas se encuentran desbordadas y el excedente hídrico hace de los caminos vecinales auténticos canales.

En distritos como Rivadavia, el agua terminó por hundir parte de la ruta 33 y ya se cuentan más de 130.000 hectáreas afectadas. 

General Villegas, por citar otro caso, totaliza casi 730.000 hectáreas sumergidas.

En paralelo, Santa Eleodora, Santa Regina y Villa Saboya, son algunas de las localidades que se encuentran aisladas desde hace más de un año y medio por los problemas hídricos. 

“Todo esto resiente los planes de siembra. Al arrastre de las lluvias pasadas y los lotes anegados del año pasado hay que sumarle lo que ocurrió en estos últimos meses. No se pudo sembrar lo que se pretendía y eso tiró por la borda la expectativa que había en torno al trigo. Ahora, hay que ver qué sucede con el maíz y la soja", apuntó Federico Bert, de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (AACREA).

Agua versus maíz
Bert sostuvo que el exceso de agua puede derivar en un nuevo repunte de la superficie ocupada con soja dado que ésta, aunque ostenta un rinde menor, demanda menos inversión en tecnología por parte del productor. 

Esto implicaría una caída en el rinde tras la última y reciente cosecha récord del grano, que el Ministerio de Agroindustria de la Nación estimó en los 46,5 millones de toneladas.

“Si las complicaciones con el agua se atenúan, el maíz perderá la condición de cultivo favorito en la largada de la nueva campaña. La soja implica menos pérdida si se intensifican las inundaciones. El maíz requiere una inversión promedio de u$s450 la hectárea. En cambio, la soja demanda u$s250”, detalló.

El especialista aseguró que todo comenzará a estar más claro una vez que llegue la primavera y se analice la evolución del clima. El elevado nivel de las napas, según el experto, puede complicar cualquier escenario si se suceden precipitaciones por encima del promedio. 

“La variación del clima, el uso del suelo, y la falta de obras hidráulicas nos han dejado en esta situación de mucha incertidumbre. La ventaja es que la tecnología ahora permite esperar hasta diciembre para sembrar el último maíz. Quizás ahí se puede hacer la diferencia en términos productivos. Pero si sigue lloviendo tendremos más áreas anegadas que las contabilizadas ahora”, aseguró.

Desde la zona de Trenque Lauquen, Santiago del Solar, productor y ex directivo de AACREA, reconoció la pérdida de superficie de trigo y además dio cuenta de cómo los anegamientos complican a otras actividades económicas de esa zona.

“Los tambos están muy afectados, con situaciones de caminos intransitable que impiden sacar la leche de los establecimientos. La misma causa traba el abastecimiento de los campos con insumos como el alimento balanceado. También se vienen dando pérdidas en pasturas, lo cual es dramático, dado que surgen de inversiones hechas a tres años”, contó a iProfesional.

A modo de ejemplo de cómo ha respondido el clima en el oeste bonaerense durante los últimos meses, Del Solar expuso que sobre lotes cercanos a la localidad de 30 de Agosto –distrito de Trenque Lauquen– ya cayeron 727 milímetros en lo que va del año, siendo que el promedio histórico anual para esa parte de la Argentina se ubica en el orden de los 816 milímetros.  

“En esta zona, en General Villegas, tenés el drama de no contar con un desagote del agua a través arroyos o ríos como sí pasa en Salto o Chacabuco. Combinado, el ciclo de lluvias y ahora las napas altas en la híper planicie pampeana terminaron por dificultar la siembra”, enfatizó.

Para del Solar, la ausencia de una infraestructura adecuada complica sobremanera una situación por demás de difícil derivada del factor climatológico.

Un período de al menos dos décadas de falta de obras de hidráulica, aparece como la variable principal para entender cómo es que la producción agrícola se encuentra en una situación de peligro casi permanente.

Obras en camino
Respecto de los planes para “aliviar” la carga hídrica en la provincia de Buenos Aires, Sarquís expuso que el foco de atención está puesto casi en un 100% en la cuenca del Salado

Un mejoramiento en la capacidad de recibir aguas de ese curso permitiría desagotar los distintos canales que hoy atraviesan todo el noroeste bonaerense. 

El funcionario precisó que la Provincia ya licitó los primeros 27 kilómetros del plan de dragado del río Salado, para lo cual destinó fondos por $1.900 millones. La ejecución de estos proyectos está al caer, y a ese trabajo le seguirá el mejoramiento de otros 34 kilómetros dentro de la misma cuenca. 

Para la concreción, la Provincia ya se aseguró un préstamo de u$s300 millones otorgado por el Banco Mundial. La licitación para esta iniciativa se llevará a cabo en el término de 45 días.

"En 2017 tendremos más de 60 kilómetros de obras sobre los 190 que comprende el trazado del Salado", amplió el funcionario. 

“A largo plazo, las distintas iniciativas permitirán mejorar la situación de hasta 60 municipios, que totalizan 170.000 kilómetros cuadrados”, expuso. 

Un aspecto que juega en contra del apuro de Cambiemos por avanzar en el mejoramiento hidráulico es el propio clima: la acumulación de agua impide avanzar con la celeridad que pretende Vidal.  

“No tenemos consistencia de suelo, de modo tal que encarar obras con maquinaria pesada hoy resulta imposible”, aseveró una fuente gubernamental.

En el entorno de la gobernadora nadie duda al momento de identificar la principal causa que hoy impide morigerar los efectos de las inclemencias climáticas: la herencia recibida. Al respecto, el mismo Sarquís tildó a la gestión anterior como “negligente”.

“Se destinaron fondos millonarios para distintos proyectos en el marco del plan del Salado que nunca se ejecutaron”, se quejó, para luego concluir: “Jamás se preocuparon por entender que si se trabajaba sobre el Salado se podían recuperar hasta 2 millones de hectáreas productivas”.

Críticas al margen, lo concreto es que buena parte del corazón productivo de la Argentina exportadora continúa "flotando" en un problema sin solución inmediata.

De cara a lo que viene, queda en manos del productor definir cuál será la alternativa agropecuaria a impulsar en un contexto en el que la próxima tormenta, está visto, puede cambiarlo todo.

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