Finanzas

Pronóstico vacaciones: alta tasa de interés para bajar la inflación y un Banco Central muy "frío" para calentar la economía

21-11-2017 La entidad mantendrá el costo del dinero por las nubes. Incluso, en Wall Street creen que puede elevarse más. Tras incumplir la meta inflacionaria de 2017, Sturzenegger sabe que en los próximos meses pondrá en juego su credibilidad. ¿Qué plan aplicará y qué consecuencias trae un interés tan alto? 
Por Federico McDougall
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El Banco Central está decidido a jugarse el todo por el todo en estos próximos meses.

La cúpula de la entidad monetaria sabe que si no doblega las expectativas del mercado, difícilmente pueda lograr un objetivo tan ambicioso como el bajar la inflación al 10% -con techo de 12%- tal como se autoimpuso.

Los funcionarios aún recuerdan el caro error que cometieron hace un año, cuando decidieron apresuradamente una baja de tasas que alentó la suba de los precios.

Con este antecedente fresco, hoy día prefieren sobreactuar y dar un mensaje muy claro: el año próximo, el índice inflacionario no se podrá escapar.

Después de todo, en el período enero-octubre ya se ha superado la meta del 17% establecida para todo el 2017, y es muy probable que la cifra anual termine seis puntos arriba.

Además del impacto en el bolsillo de los argentinos, este "desborde" atenta contra la credibilidad del Banco Central, que se verá más afectada si se repiten los incumplimientos.

Para que la inflación se ubique en el rango deseado, la entidad ya optó por una serie de medidas que -según prevén sus autoridades- servirán para enfriar el recalentamiento de precios.

El menú de iniciativas incluye:

- La suba de la tasa de referencia del mercado unos 250 puntos básicos, para llevarla al 28,75%.

- La intervención en el mercado secundario de Lebac, para restringir la liquidez (en este circuito también se produjo una disparada de los tipos de interés que, a su vez, elevó las tasas pasivas y activas del sistema).

- Las advertencias públicas acerca de que el costo del dinero no bajará, por lo menos hasta marzo

- Los mayores controles sobre sobre los niveles de liquidez del sistema financiero, de cara a los meses del verano

Con todo este despliegue, Federico Sturzenegger se propone influir sobre una variable clave: el nivel de expectativas, tanto de particulares como de empresas.

En otras palabras, quiere enviar la clara señal de que con el "apretón monetario" no habrá margen para que la inflación se encamine hacia otro sendero que no sea el decreciente.

¿Será así? Por lo pronto, en el cierre de este año esa tendencia a la baja no estaría siendo tan clara.

La consultora Elypsis calcula que el IPC de noviembre rondará el 1,4% (levemente inferior al 1,5% de octubre), pero que el de diciembre volverá a trepar hasta un preocupante 2%.

Sucede que, en los próximos dos meses, se aplicarán nuevos ajustes que estaban pendientes: las tarifas de gas se incrementarán un 45% y las de electricidad un 15%, para cumplir con lo previsto en el programa de Revisión Tarifaria Integral.

Estos aumentos "aportarán una base de 1,4 punto porcentual de inflación", calcula la consultora LCG, que además estima que el índice anual cerrará en torno al 24%.

Con este panorama, la apuesta del Banco Central es, precisamente, que la suba de tasas aborte posibles rebrotes que pudieran ocurrir a partir de enero.

Al impacto negativo de la inflación sobre la economía, se le suma un condimento de tipo político: entre marzo y abril se negociará el grueso de las paritarias.

Tras haber incumplido la meta del 17% anunciada para este año, se descuenta que el escepticismo será mayor en los sindicatos.

En este marco, el Gobierno es consciente de que un verano de inflación "caliente" atentará contra su plan de contener las subas salariales y que estas no vayan más allá del 16%. Se espera entonces que el Central ayude en ese objetivo.

"Todo lo que venimos haciendo es pensando en el índice de precios del año próximo y en la meta que tenemos que cumplir", afirma a iProfesional una fuente del BCRA.

Los funcionarios más cercanos a Sturzenegger creen que es posible lograr que se ubique por debajo del "techo" del 12% autoimpuesto para 2018. El problema es el costo que el Gobierno debe pagar en cuanto a crecimiento del PBI.

Con "banca" del Presidente
A contramano de lo que muchos pensaban -y en el marco de una interna con el "ala política" del Ejecutivo- el Banco Central aún se maneja de manera "independiente" y mantiene su "mano dura" a rajatabla para domar los precios.

Lo hace cueste lo que cueste. Es decir, aunque el Gobierno deba pagarlo con crecimiento del nivel de actividad, ya que un tipo de interés tan alto encarece los créditos y el financiamiento del consumo.

Además, aleja el dinero de la economía real rumbo a la "timba" financiera, bicicleta incluida.

"Apenas terminaron las elecciones, y con timing político, Sturzenegger volvió a subir el costo del dinero, si bien algunos en la City pensaban que se encaminaría hacia un relajamiento monetario", expresa un banquero privado.

Poco le importa las ya inocultables críticas que recibe no sólo del sector empresarial, que reclama créditos bancarios más baratos, sino del "ala política" del macrismo y sus aliados del sector privado.

Gabriel Martino, presidente del HSBC y muy afín a Cambiemos, es uno de los tantos que reconoce que las tasas están muy altas.

Por el lado de los economistas, el influyente Guillermo Calvo (quien pronosticó el efecto Tequila) considera que "la tasa de interés es una herramienta muy débil para bajar la inflación".

Alfonso Prat Gay -abiertamente distanciado de Sturzenegger desde que estaba al frente de Hacienda- es mucho más categórico en sus apreciaciones: "Está bien tener metas de inflación. Lo que no está bien es fijar objetivos tan bajos, ya que nada tienen que ver con el plan fiscal".

En su visión, si el Gobierno recurrió al gradualismo para equilibrar las cuentas públicas, el titular del Banco Central debería acompañar este proceso con cifras menos "ambiciosas".

En otras palabras, considera que al autoimponerse un 10% para 2018, lo que está haciendo es atentar contra una recuperación más vigorosa de la economía, ya que lo obliga a mantener el costo del dinero por las nubes.

"Las metas de inflación deben ser una guía pero no una verdad dogmática. El Central debería ser más flexible", indica Prat Gay.

Alejado de este tipo de críticas, Sturzenegger "chapea" de tener el respaldo más importante de todos: el del Presidente, quien le da el visto bueno a su accionar.

Quienes lo conocen muy de cerca, afirman que si dejase de contar con ese respaldo, renunciaría de inmediato, sin pensarlo dos veces.

Sé lo que hiciste el verano pasado
Sturzenegger no quiere cometer el mismo error del verano pasado, cuando relajó antes de tiempo la política monetaria y empezó a expandir rápidamente la cantidad de dinero.

"Pecamos de exceso de confianza en diciembre y en enero", se sincera el funcionario.

El mayor ritmo de aumento de la liquidez (que pasó de crecer del 19,5% en octubre 2016 al 30% anual en diciembre) fue consecuencia de una repentina baja de tasas que resolvió el BCRA.

Recién en marzo de este año, la entidad actuó para revertir los efectos adversos de ese relajamiento: empezó a absorber liquidez para subir las tasas y así reubicarlas dentro del corredor de pases.

A partir de ahí, la política se volvió contractiva, proceso que se mantuvo hasta poco antes de las elecciones.

Para saber si está siendo efectiva su política de tasas (o si incluso debería elevarla aún más), el Central dispuso un control total de las variables monetarias en los meses más conflictivos, como los del verano.

Lo que hizo fue modificar el modo de computar los encajes bancarios para el período diciembre-febrero. Concretamente, lo que antes se hacía de manera trimestral ahora pasó a ser mes a mes.

Durante estos meses, los bancos deberán mantener en línea los límites y promedios que estipula el Central (en torno al 20% para las colocaciones a la vista), tal como sucede el resto del año.

Lo que ocurría antes era que las entidades podían tener lapsos en los que alteraban su nivel de liquidez sin incumplir la normativa, ya que las regulaciones sólo las obligaba a que el promedio trimestral esté en línea con las exigencias del BCRA.

Ahora, ya no. Tendrán menos margen de maniobra, ya que deben cumplir con la reglamentación todos los meses, incluso en los de mayor demanda de pesos.

"La medida apunta a un control más estricto de los niveles de liquidez del sistema financiero, acorde con la política monetaria restrictiva que viene llevando adelante el BCRA para bajar la inflación", dicen desde el Central.

"La modificación evitará cambios abruptos (en los niveles de liquidez) aportando mayor equilibrio, que contribuirá a los objetivos del programa monetario", completan.

Hacia adelante, persisten ciertas dudas acerca de la efectividad de la estrategia del Central. Tal es así que en Wall Street no descartan que suba otra vez las tasas, si su plan del verano no resulta tan contundente.

La "mano dura" que está mostrando el Banco Central es para lograr "un objetivo muy específico: la necesidad de su presidente de recuperar y mantener la credibilidad", describen desde el banco de inversión XP Securities.

Esto, "independientemente del costo potencial que tal decisión pueda tener sobre la economía", añaden

En la entidad creen que el próximo recorte de subsidios y la necesidad de reconstruir credibilidad llevan a pensar que "los aumentos adicionales de tasas siguen siendo una posibilidad latente".

Por lo pronto, el mercado advierte que Sturzenegger está dispuesto a redoblar la apuesta si la inflación no cede. Lo hará cueste lo que cueste, aún si es la economía la que debe pagar con menor crecimiento.

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