Vinos & Bodegas

Cinco grandes vinos para conocer qué ofrece Terrazas de los Andes en la alta gama

27-03-2018 El portfolio de la bodega muestra consistencia, de la mano de vinos súper amables, balanceados y con buena frescura. Presentó un Cabernet Franc del Valle de Uco muy bien logrado y que refuerza su batería de etiquetas. Cinco destacados que no hay que perderse
Por Juan Diego Wasilevsky
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Enviado a Mendoza. Unas 15.000 botellas se elaboraron de esta primera cosecha de Cabernet Franc que llegó para reforzar la línea Reserva de la bodega Terrazas de los Andes.

Esta etiqueta estará disponible en restaurantes y vinotecas a partir del 1 de abril y pasará a formar parte del todavía pequeño universo -pero en plena expansión- de los Cabernet Franc argentinos.

Una cepa que poco a poco va encontrando su identidad, en función de los distintos terroirs. Una identidad como la que hace mucho tiempo logró construir la industria vitivinícola a partir del Malbec.

Las diferencias entre ambas cepas son muchas, comenzando por la abismal brecha en la cantidad de hectáreas.

Pero el trabajo de bodegas como Terrazas de los Andes cieramente ayuda a forjar un estilo y a fijar una vara más alta para lo que vendrá.

"Me gustan los vinos que sean tomables, que no tengan defectos. Que sean encantadores en boca, que tengan fruta, una madera que no esté fuera de lugar y que no sea demasiado exuberante", plantea el enólogo Gonzalo Carrasco, como si recitara un dogma de fe.

Y esa es, justamente, la síntesis de este ejemplar que está llegando al mercado argentino y que procede de un pequeño viñedo que la bodega posee en Los Chacayes, en Valle de Uco.

"Es uno de los desarrollos exitosos que tuvimos en este último tiempo. Primero, dimos un paso intermedio con el Cabernet Franc Barrel Select y, como tuvo tan buena aceptación, decidimos que era hora de tener esta variedad en la línea Reserva", agrega, durante una mañana fresca en la bodega, donde la recepción de la uva arrancó temprano.

Terrazas de los Andes Cabernet Franc Reserva 2016 ($315) sintetiza un poco el espíritu de los tintos de zonas más frías.

Tras la fruta roja y negra que se anticipa crujiente y bien definida, aparecen toques mentolados sutiles y un fondo especiado que acompaña, dejando en claro que lo que manda es la frescura. En boca es un vino de cuerpo medio, con esa misma fruta que se adueña del paladar. Su andar es sutil, apenas jugoso, con taninos delicados, sin aristas, que jamás incomodan. La frescura general no es fingida ni chispeante, se percibe muy natural. El buen balance integral en este tinto permite que sea un ejemplar para tomar y tomar, sin cansar el paladar.

"Es un lindo vino para comer", sintetiza Carrasco, quien lo imagina acompañando un salteado de verduras, unas pastas con una salsa liviana de tomates frescos o platos más especiados.

Entre las últimas cosechas, un ejemplar que sin dudas se destaca es Terrazas de los Andes Reserva Torrontés 2017 ($305), en el que se nota la continua búsqueda de un blanco de clase mundial, bien pulido y que apunta a redondear un estilo más sofisticado.

A Carrasco no se lo puede correr por el lado de la tipicidad, entendida como aquellos exponentes potentes en aromas terpénicos y con finales bien amargos. En eso, el enólogo no negocia.

"Nosotros buscamos un Torrontés de perfil simple. Que no vea el sol en el viñedo, para evitar amargos y no aparezca ese carácter a rosa, que no nos gusta. Preferimos el estilo que va más por el lado de lo cítrico, de las flores pero blancas y que llegue a esa fruta que recuerda al damasco. Todo eso ayuda a que en boca no sea aceitoso y no sea amargo, los dos fantasmas que pueden aparecer si no se cuida a la uva desde el viñedo", detalla.

Estas características, que funcionan como preceptos, se palpan luego en la copa, que entrega frutas blancas (realmente aparece ese damasco que tanto busca el enólogo), con toques cítricos delicados como a cáscara de naranja recién rallada. Al paladar entra caudaloso pero luego empieza a jugar una acidez vibrante, no tan clásica en los Torrontés pero que sí se encuentra con más frecuencia en los blancos de perfil global, que estira la experiencia. El cierre es definitivamente cítrico.

Cuando se pasa a Terrazas de los Andes Chardonnay Reserva cosecha 2016 ($305) se puede comprobar claramente cómo la bodega ha recorrido un camino en búsqueda de mayor equilibrio, alejándose de los extremos.

Esta añada, como ha venido pasando con las últimas, tiene un mérito: no habla el idioma de los blancos old school, propio del abuso de la madera, que resultan en narices y bocas empalagosas, cargadas de dulce de leche y vainilla. Pero tampoco es un ejemplar filoso al que le robaron el espíritu propio de esta variedad.

Es un ejemplar que tiene un pie en el mundo clásico pero con un toque de actualidad. Esto se percibe en su nariz con rastros tropicales, mucha fruta blanca y un dejo suave a miel. La barrica se percibe pero sin abrumar. En boca tiene la redondez y el pulso propio de la madera, pero ahí cuando parece que puede cansar, entra una acidez ligera e integrada, que evita que sea goloso.

En cuanto a Terrazas de los Andes Reserva Malbec 2016 (que llega a un precio sugerido de $315), la conjunción de dos terroirs como Las Compuertas (Luján de Cuyo) y Altamira (Valle de Uco) no puede sino redundar en un vino elegante y que es 100% bebible.

A su manera, y con distinto desarrollo en boca, ambas zonas entregan justamente eso: mucha elegancia.

Al degustarlo es posible encontrar una fruta roja fresca en altísima definición, sin interferencias, bien definida. Se sucede una sutil capa floral. Con eso basta para cargar la copa. En boca es un vino delicado pero con muy buen caudal, con esa fruta sensual, bien roja y una levísima sucrosidad, pero que nunca doblegará su fluidez. Taninos suaves y acidez apenas filosa terminan por redondear un Malbec bien ejecutado. Si se lo refresca un poco y se lo bebe a la temperatura adecuada, será imbatible para acompañar un almuerzo durante esos mediodías cálidos.

Subiendo en la alta gama, la bodega ofrece otro interesante Malbec, en este caso un 100% Las Compuertas, un pequeño terroir en Luján de Cuyo que debería tener su IG. Los vinos que de allí salen desde hace tiempo vienen logrando una calidad superlativa y, en estos últimos años, más enólogos de renombre compraron fincas para empezar a profundizar este suelo que tiene mucha historia -posee viñedos centenarios- pero que en la mente de los consumidores todavía permanece un tanto difuso.

Si a eso se le suma el uso de barricas grandes para lograr un impacto menor de la madera, el resultado es este Terrazas de los Andes Single Vineyard Malbec 2014 ($665).

Este vino entrega una paleta cargada de aromas a fruta roja sanamente madura, toques especiados y un recuerdo sutil a flores. Su andar es jugoso y tiene el estirpe de un vino con cuerpo pero sin llegar a ser full bodied. La acidez acompaña y la textura es lo que permanece en el paladar, dejando un grato recuerdo. Un vino de gran equilibrio en el que la concentración, la fruta, la acidez y la madera juegan en el mismo equipo y tiran para el mismo lado.

Por Juan Diego Wasilevsky - Editor Vinos & Bodegas iProfesional - [email protected]

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